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Los cúmulos de estrellas podrían albergar civilizaciones interestelares

The NASA/ESA Hubble Space Telescope has captured a crowd of stars that looks rather like a stadium darkened before a show, lit only by the flashbulbs of the audience’s cameras. Yet the many stars of this object, known as Messier 107, are not a fleeting phenomenon, at least by human reckoning of time — these ancient stars have gleamed for many billions of years. Messier 107 is one of more than 150 globular star clusters found around the disc of the Milky Way galaxy. These spherical collections each contain hundreds of thousands of extremely old stars and are among the oldest objects in the Milky Way. The origin of globular clusters and their impact on galactic evolution remains somewhat unclear, so astronomers continue to study them through pictures such as this one obtained by Hubble. As globular clusters go, Messier 107 is not particularly dense. Visually comparing its appearance to other globular clusters, such as Messier 53 or Messier 54 reveals that the stars within Messier 107 are not packed as tightly, thereby making its members more distinct like individual fans in a stadium's stands. Messier 107 can be found in the constellation of Ophiuchus (The Serpent Bearer) and is located about 20 000 light-years from the Solar System. French astronomer Pierre Méchain first noted the object in 1782, and British astronomer William Herschel documented it independently a year later. A Canadian astronomer, Helen Sawyer Hogg, added Messier 107 to Charles Messier's famous astronomical catalogue in 1947. This picture was obtained with the Wide Field Camera of Hubble’s Advanced Camera for Surveys. The field of view is approximately 3.4 by 3.4 arcminutes.

Un nuevo estudio sugiere que los cúmulos de estrellas son sitios asombrosos en muchos sentidos porque, su densidad, permite que existan millones de estrellas en un radio de tan solo 100 años luz. Estos cúmulos se remontan a los orígenes de la Vía Láctea y su existencia podría estar ligada con la existencia de vida extraterrestre en el sentido de que podrían ser un buen sitio para el surgimiento de vida.

“Un cúmulo de estrellas puede ser el primer sitio en el cuál la vida inteligente puede ser identificada”, afirma Rosanne DiStefano, del Centro de Astrofísica de la Universidad de Harvard-Smithsonian.

DiStefano presentó esta investigación en una conferencia de prensa que recientemente tuvo lugar en un encuentro de la Sociedad Americana de Astronomía.

La Vía Láctea, nuestra galaxia, contiene alrededor de 150 cúmulos estelares; la mayoría de estos cúmulos orbitan la parte más externa de la galaxia. Se cree que se formaron hace unos 10 mil millones de años. Como consecuencia de su edad, las estrellas que pertenecen a estos cúmulos contienen muy pocos elementos pesados que son necesarios para formar planetas, ya que estos elementos (como el hierro y el silicón) se forman en generaciones jóvenes de astros. Algunos científicos arguyen que esto hace que los cúmulos de estrellas sean considerados como lugares poco probables para albergar planetas. De hecho, y hasta la fecha, solamente un planeta ha sido identificado residiendo en uno de estos cúmulos.

Sin embargo, DiStefano y su colega Alak Ray, argumentan que este punto de vista es muy pesimista y afirman que los expoplanetas han sido encontrados alrededor de estrellas con tan solo un 10% de todo el metal que tiene el Sol. Y mientras que planetas del tamaño de Júpiter han sido hallados preferentemente alrededor de estrellas que contienen altos niveles de elementos pesados, los planetas del tamaño de la Tierra sí que pueden encontrarse en cualquier tipo de ambiente por muy hostil que este sea. Al menos es lo que ellos opinan.

Otra de las preocupaciones es que el ambiente tan cargado de los cúmulos de estrellas (el ambiente tan lleno de éstas), amenazaría la presencia de planetas que se pudiesen formar. De hecho, se cree que una estrella vecina cercana a uno de estos hipotéticos sistemas planetarios, causaría que su atracción gravitatoria obligara a estos planetas a vivir en una eterna edad de hielo que impediría a su vez la formación de vida.

Ahora bien, la zona de habitabilidad de una estrella (que es el punto exacto donde el agua sería lo suficientemente caliente para que ésta se presente en estado líquido), varía dependiendo del tamaño y la intensidad de energía que produce un astro. Mientras que las estrellas más brillantes suelen tener a mayor distancia la zona de habitabilidad, aquellas estrellas que poseen poco brillo tienen la zona de habitabilidad mucho más cerca. También es importante mencionar que las estrellas más brillantes tienen un periodo de vida más corto y debido a que a los cúmulos de estrellas suelen ser viejos, por consiguiente la mayoría de las estrellas más brillantes ya han muerto, dejando solamente la presencia de estrellas que viven mucho más tiempo como las enanas rojas. En este caso, cualquier planeta que se encuentre orbitando una enana roja tendrá menos probabilidad de que el tirón gravitatorio de una estrella vecina le afecte.

“Una vez que los planetas se forman, pueden sobrevivir por largos periodos de tiempo, inclusive aún más que la edad actual del universo”, explica DiStefano.

Entonces, si los planetas habitables se pueden formar en cúmulos de estrellas y pueden sobrevivir por millones de años, ¿qué consecuencias tiene esto para la formación y evolución de la vida? Dado este escenario, podemos decir que la vida podría ser bastante compleja y podría dar lugar a la formación de vida inteligente como la nuestra.

Una civilización de este tipo disfrutaría de un ambiente totalmente diferente al que actualmente hay en la Tierra. La estrella más cercana a nuestro Sistema Solar se encuentra a unos 4 años luz de nosotros (se llama Alpha Centauro), en un ambiente como el que existe en un cúmulo de estrellas, esa distancia se reduciría unas 20 veces, por lo que la comunicación entre  inteligencias de diferentes sistemas podría estar presente y sería sumamente interesante.

“Nosotros le podríamos llamar a esto ´la oportunidad del cúmulo estelar´, afirma DiStefano. “Ya que enviar una señal de radio entre dos estrellas no tomaría el tiempo que llevó enviar un mensaje de Estados Unidos a Europa en el siglo XVIII.

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Traducido y editado por Julio Moll. 

Referencia: http://www.astrobio.net/topic/deep-space/alien-life/globular-clusters-could-nurture-interstellar-civilizations/

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La vida necesita atmósfera, ¿pero cuánta cantidad de ésta?

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¿Cuánta atmósfera es necesaria para albergar vida? En la medida en que los científicos descubren más planetas similares a la Tierra y planetas parecidos a Neptuno, la cuestión de la atmósfera se convierte en un asunto muy relevante.

Un estudio reciente considera lo que pasaría si un planeta del tamaño de Neptuno emigra hacia una estrella enana. Las llamadas estrellas clase M, presentan mucha volatilidad en sus primeros millones de años. La energía producida por estas estrellas puede variar drásticamente, con rayos X y rayos ultravioleta que de forma extrema y peligrosa chocan contra los planetas que orbitn este tipo de estrellas con unas 100 a 10,000 veces mucho más radiación  de la que la Tierra experimenta en la actualidad.

Para el tema de la habitabilidad éste es un gran problema. Debido a que, como la estrella es pequeña, los planetas rocosas tendrían que estar amontonadas para poder estar situados en la llamada zona de habitabilidad.

Pero, ¿qué sucede si un mini Neptuno se mantiene cerca de su estrella debido a la gravedad o si la estrella entorno a la que gira y los planetas que lo acompañan tienen influencia sobre su órbita? Parece que existen un pequeño número de situaciones donde el planeta podría mantener una atmósfera lo bastante densa para convertirse en una super Tierra, que es un tipo de planeta que es ligeramente más grande que el nuestro pero sigue siendo algo pequeño para tener una atmósfera razonable. Esto lo plantea Rodrigo Luger, un estudiante de doctorado en astronomía de la Universidad de Washington en Seattle, quien también afirma: “Es algo que potencialmente podría llevar a la formación y evolución de la vida similar a la que conocemos”.

En un escenario así, las formas de vida seguirían batallando con el bombardeo de la radiación y las llamaradas solares seguirían siendo un peligro.

El equipo de Rodrigo Luger ha hecho modelos de diferentes tipos de estos planetas llamados mini-Neptunos y han variado la excentricidad de sus órbitas, sus masas y sus diámetros. Los investigadores han descubierto que, para ser potencialmente habitable, un planeta necesitaría no ser más grande de dos o tres planetas como la Tierra para transformarse en una super-Tierra. Un planeta muy grande, con una fuerza de gravedad muy fuerte, iría contra cualquier forma de vida debido a que crearía mucha presión atmosférica sobre la superficie.

Ahora bien, un planeta del tamaño de la Tierra en este escenario probablemente tenga las dimensiones correctas, pero seguirá poseyendo algunos retos para ser habitable. El modelo de Luger asume que un planeta comienza con una atmósfera de hidrógeno y helio, que es común en los planetas gigantes como Saturno o Júpiter. Este tipo de atmósferas es poco hospitalaria para la vida como la conocemos.

Algunos científicos creen que la atmósfera de la Tierra (que está hecha básicamente por oxígeno y nitrógeno), se formó después en la historia geológica del plantea a partir de erupciones volcánicas.

Cerca de una estrella volátil del tipo M, sin embargo, una atmósfera secundaria (una atmósfera que se creara después de que el planeta se formara) podría ser borrada y destruida tan pronto como la primera.

Y si este hipotético planeta estuvo hecho por hielo antes de migrar cerca de su estrella, su ubicación tan cercana podría hacer que ese hielo se convierta en agua.

Los mundos compuestos por agua usualmente no tienen continentes y presentarían ausencia del ciclo del carbono que es necesaria para la vida. Entretanto, la presión producida por toda el agua podría crear presiones muy altas de hielo al fondo del océano, impidiendo que los minerales no puedan salir del interior del planeta, minerales que también son necesarios para la vida.

La tecnología con la que se cuenta actualmente, no puede, todavía, visualizar este tipo de planetas, debido a que se encuentran muy lejos de su estrella madre, además de que son muy pequeños y casi no producen luminosidad propia. Si los planetas estuvieran en la llamada “zona de habitabilidad”, podrían ser observados a partir del tirón gravitatorio que producen en el astro que los hospeda.

Afortunadamente, en 2017, la NASA planea lanzar al espacio el Transiting Expoplanet Survey Satellite, que permitirá observar planetas que orbiten estrellas enanas como las que ya habíamos mencionado y las cuales son tipo M.

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Traducido y editado por Julio García.

Fuente: http://www.astrobio.net/news-exclusive/life-needs-an-atmosphere-but-how-much-is-too-much/

La vida en otros planetas podría ser más común de lo esperado

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Los planetas del tamaño de la Tierra, que se encuentran más allá del Sistema Solar, podrían contener vida aunque se encuentren diez veces más allá de la distancia establecida para que cualquier forma de vida se produzca.

A esta importantísima conclusión han llegado investigadores de la Universidad de Aberdeen, quienes han afirmado que muchos planetas que antes se consideraban inhabitables podrían contener vida debajo de su superficie. Con esta conclusión, el equipo cuestiona la actual teoría sobre la zona de habitabilidad, que es el área del espacio donde puede existir vida.

Así, la tradicional teoría sobre la “zona de habitabilidad” está basada en la premisa de que un planeta necesita estar ni muy lejos ni muy cerca de la estrella que lo hospeda con la finalidad de que el agua líquida pueda encontrarse en estado líquido. Pero el problema de esta teoría,afirma Sean McMahon, es que “falla a la hora predecir la existencia de vida debajo de la superficie”. Y es que, en la medida en que más nos adentremos en la superficie de un planeta, la temperatura se incrementa, de tal suerte que la temperatura debajo de dicha superficie podría ayudar a que el agua esté presente en estado líquido.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo creó un modelo por computadora que estima la temperatura debajo de la superficie de un planeta con un tamaño y una distancia dada de la estrella que lo hospeda. La profundidad a la que se ha encontrado vida debajo de la superficie de la Tierra son 5,3 kilómetros, pero podría haber vida a unos 10 km en lugares que aún no han sido explorados.  Y utilizando este modelo por computadora los investigadores han podido descubrir que la zona de habitabilidad para un planeta como la Tierra que orbite una estrella como el Sol es tres veces más grande.

El modelo muestra también que el agua líquida, y por tanto la vida, podría sobrevivir a unos 5 kilómetros debajo de la superficie terrestre, inclusive si la Tierra se encontrase a una distancia de tres veces superior de lo que está ahora.

La zona actual de habitabilidad para nuestro Sistema Solar se extiende hasta Marte, pero esta nueva zona propuesta en el actual estudio, llegaría más allá de Júpiter y Saturno.

“Los planetas rocosos un poco más grandes que la Tierra podrían albergar agua líquida a 5 kilómetros debajo de su superficie aún en el espacio interestelar, e inclusive si no tienen atmósfera porque recordemos que, entre más grande es un planeta, mayor es el calor interno que genera.

En este sentido se ha sugerido que el plantea Gliese 581 d, que se encuentra a unos 20 años luz de la Tierra en la constelación de Libra, podría ser demasiado frío para contener agua en estado líquido. Sin embargo los modelos sugieren que es muy probable que este planeta contenga agua líquida a menos de 2 kilómetros de profundidad.

Hasta el momento, la superficie de los planetas rocosos y las lunas que conocemos no son como la superficie de la Tierra, ya que son generalmente fríos, no tienen atmósfera o la tienen pero es corrosiva. Pero descender por debajo de la superficie implica protegerse de estas condiciones adversas, así que de esto se concluye que la zona habitable del subsuelo puede llegar a ser muy importante para cualquier tipo de investigación que se haga sobre la zona de habitabilidad de cualquier planeta fuera del Sistema Solar.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Daily Galaxy

Astrónomos utilizan luz láser para buscar vida en otros planetas

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Utilizar luz láser para encontrar vida en otros planetas es una de las apuestas que hacen astrónomos de la talla de Geoffrey Marcy, quien utiliza los más modernos telescopios, como el VLT de Chile,  para detectar este tipo de señales que pudieran provenir de seres   extraterrestre ya que él cree que solamente una civilización inteligente utilizaría el láser para enviar mensajes.

Conforme más y más planetas como la Tierra se van descubriendo, los científicos comienzan a considerar que el nuestro no tienen nada de  especial, que es uno más entre tanto y, por consiguiente, no es el único lugar donde puede existir vida.

El programa para la búsqueda de vida en otros planetas, llamado SETI, pertenece a la Universidad de Berkeley y recibe fondos de 1 millón de dólares anuales. En este programa se encuentra Mercy, quien ha dedicado gran parte de su vida a buscar vida más allá del Sistema Solar.

Para Dan Werthimer, director del grupo de Berkley, es un poco más escéptico cuando afirma que “si no encontramos vida en el universo, esto significaría que somos 1 en trillones y por lo tanto debemos de tener mucho más cuidado a la hora de preservar la vida en la Tierra.

Y Mercy se considera así mismo como poco optimista  al señalar  que desafortunadamente “existen muchos factores de probabilidad a la hora de encontrar vida inteligente”.

En el proyecto SETI puede participar cualquier persona que tenga acceso a una computadora y a una conexión a internet para así descargar un programa desde el siguiente enlace http://setiathome.berkeley.edu y ser partícipes de forma directa de la búsqueda de vida en otros planetas a través del envío de datos que se hacen desde los servidores del telescopio de Arecibo a las computadoras que estén participando.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Daily Galaxy. 

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La inteligencia basada en la biología es un rostro fugaz en la evolución del universo

Durante una época de severos cambios en el clima, hace 200,000 años, los Homo Sapiens (los humanos modernos) evolucionaron en África. A partir de estos hechos, muchos científicos se preguntan: ¿están los seres humanos entrando en una nueva etapa evolutiva, en un punto de inflexión post-biológico?

Para el físico teórico de origen inglés Paul Davies, quien recientemente ha escrito el libro Un silencio inquietante(Crítica, 2011), cualquier alienígena que en estos momentos se encuentre explorando el universo tendrá que estar dotado de inteligencia artificial ya que, argumenta, las máquinas no solamente están mejor capacitadas para soportar las duras condiciones que hay en el espacio, sino porque tienen el potencial de desarrollar algún tipo de inteligencia mucho más amplia que la inteligencia humana.

La portada del libro “Un silencio inquientate”, donde Paul Davies plantea nuevas maneras de buscar vida extraterrestre.

“Creo que es inevitable pensar que la inteligencia biológica es solamente un fenómeno transitorio en la evolución del universo”, escribe Davies. “Si alguna vez encontramos inteligencia extraterrestre, creo que ésta será de naturaleza post-biológica”.

En la actual búsqueda de inteligencia extraterrestre avanzada, los expertos del Instituto SETI afirman que las probabilidades favorecen la detección de vida artificial en lugar de vida biológica, debido a que el tiempo en que los extraterrestres se tardarían en desarrollar tecnología por radio e inteligencia artificial es muy corto.

“Si nosotros construimos una máquina con las capacidades intelectuales de un ser humano, su sucesor, en 5 años, será más inteligente que todos los humanos juntos”, afirmó el director de este instituto, Seth Shostak.

Otro de los argumentos que exponen quienes defienden la proliferación de vida artificial en el universo, es que las máquinas serían más inteligentes y durables que sus propios creadores biológicos, ya que estas serían inmortales y no tendrían que existir en ninguna zona específica donde hubiese carbón para formar vida, ni mucho menos en regiones de habitabilidad donde los científicos creen que la vida biológica se debe desarrollar en cualquier sistema solar. También proponen que esta inteligencia artificial sería capaz de auto-dirigir su propia evolución al hacerlo a partir del conocimiento ya precargado o preinstalado de otras máquinas.

Por otro lado, antes del año 2020, los científicos esperan lanzar al espacio un robot inteligente que se aventurará a explorar el universo por nosotros.

“La exploración robótica probablemente siempre será, o se convertirá, en los viajes pioneros hacia otros mundos en lo que respecta a la exploración humana”, afirmó Wolfgang Fink, físico e investigador del Instituto de Tecnología de California, y quien también mencionó: “No hemos puesto a ningún ser humano en Marte pero tenemos a un robot allí ahora. En este sentido, es más sencillo enviar a un robot como explorador”.

Y conforme la población mundial siga creciendo y los recursos naturales se vayan agotando, tendremos que alterar la biología humana para así prepararnos a colonizar el espacio. Éste es el punto de vista de Roger Launius, quien es curador-jefe del Museo del Aire y del Espacio del Instituto Smithsonian en Washington D.C.

Lo que ha hecho Launius, también, es analizar el histórico debate que rodea a la colonización humana del Sistema Solar, y donde los experimentos han mostrado que ciertas formas de vida pueden sobrevivir en el espacio. Recientemente, científicos británicos encontraron que una bacteria que vive en las rocas de una población inglesa, pudo sobrevivir 553 días en el espacio, concretamente en el exterior de la Estación Espacial Internacional y, sorprendentemente, los microbios regresaron a la Tierra vivos, probando así que hay ciertos microorganismos que pueden adaptarse perfectamente a las condiciones extremas de alta radiación y bajas temperaturas que imperan en el espacio.

Los humanos, por otra parte, somos incapaces de sobrevivir más de un minuto y medio en el espacio sin ningún tipo de apoyo tecnológico. Y aún no se sabe cómo nos afectaría ( y los peligros que conllevaría para cualquier sistema biológico), un viaje de larga distancia por el espacio, como podría ser a Marte, el cual nos tomaría alrededor de seis meses.

Launius, quien se llama a sí mismo cyborg por haber utilizado tecnología médica para mejor su propia calidad de vida, ha dicho que la pregunta más difícil es saber dónde dibujar la línea que conduzca a la transformación de los sistemas biológicos para que se adapten al espacio.

Y añade: “Si es sobre exploración, ya lo hemos hecho de manera muy efectiva con robots.  Pero si es sobre humanos que se aventuran a ir a algún lugar distante, entonces pienso que el único propósito para hacer un largo viaje sería para abandonar la Tierra y convertirnos en una especie mutli-planetaria”.

Stephen Hawking está de acuerdo con lo anterior cuando afirma: “Creo que el futuro de los seres humanos a largo plazo deberá estar en el espacio, ya que va a ser bastante difícil evitar un desastre en el planeta Tierra en los próximos cien años, por no hablar de los próximos cientos o miles de años. La raza humana no debería tener todos sus huevos en una sola canasta o en un solo planeta”.

Una mano como esta es un ejemplo claro de cómo es posible sustituir partes biológicas por otras electromecánicas.

Si los humanos pretenden colonizar otros planetas, dice Launius, se requerirá estar en lo que el llama “el siguiente estado de la evolución humana”  que estará formado por individuos que colonizarán otros planetas donde vivirán, desarrollarán una familia y morirán allí. Y no serán en realidad Homo Sapiens los que vivan en estas colonias, sino que podrían ser cyborgs (que son organismos vivos formados por una mezcla de partes biológicas y electromecánicas) o en términos simples: parte humano y parte máquina.

“Hay cyborgs caminando entre nosotros”, afirma Launius. “Hay individuos cuya calidad de vida ha mejorado notablemente a partir de artefactos tecnológicos como marcapasos e implantes de cóclea en el oído. Yo no podría vivir sin esos avances”.

La NASA, de acuerdo también con este científico, no se ha concentrado mucho en la investigación de cómo mejorar los sistemas biológicos humanos para la exploración espacial. De hecho, su Programa de Investigación Humana (de la NASA) se centra en la reducción de factores de riesgo: riesgo de fatiga, nutrición inadecuada, problemas de salud y radiación, mientras que las preocupaciones éticas y financieras probablemente es lo que estén frenando la investigación en torno a los cyborgs, por lo que el científico cree que la sociedad se debe de enganchar en el debate, nuevamente, cuando se plante de manera seria un viaje de larga distancia hacia el espacio profundo.

Por último hay que decir que la idea de utilizar cyborgs para hacer viajes al espacio ya había sido propuesta en los años 60 por Manfred Clynes y Nathan Kline quienes publicaron un artículo de nombre Cyborgs y Espacio. El tema, que ha sido discutido desde aquella década, ha tenido muchas implicaciones éticas y filosóficas ya que existen muchos que se preguntan: ¿cómo será el comportamiento y la conducta de seres cuyos organismos están formados por circuitos y componentes biológicos? ¿La conducta de estos nuevos seres estará basada en la conciencia y reflexión de sus propios actos o serán seres sin conciencia de sí mismos?

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: The Daily Galaxy

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