La radiación del espacio podría acelerar la enfermedad de Alzheimer en astronautas

astronauta

La radiación que hay en el espacio podría dañar el cerebro de los astronautas al acelerar el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, revela un nuevo estudio que ha sido realizado con ratones.

Los investigadores también revelaron que este riesgo podría estar presente en misiones tripuladas a otros planetas como Marte.

“Este estudio muestra por primera vez que exponerse a niveles de radiación equivalentes a los que conllevaría una misión a Marte podría producir problemas cognitivos y acelerar cambios en el cerebro que están asociados con la enfermedad de Alzheimer”, afirmó Kerry O´Banion, quien es neurocientífico en el Centro Médico de la Universidad de Rochester en Estados Unidos.

El espacio está lleno de radiación que podría dañar a las personas. Y es que, mientras el campo magnético de la Tierra se encarga de proteger el planeta, una vez que los astronautas se encuentran en la órbita baja de éste, están constantemente bombardeados por una lluvia de partículas peligrosas conocidas como rayos cósmicos. Cuanto más tiempo pase un astronauta en el llamado espacio profundo, donde la protección de la Tierra es nula, el riesgo es mayor. La NASA planea en 2025 llevar una misión tripulada a un asteroide y, por allí de 2035, piensa poner a los primeros hombres en Marte. El viaje a nuestro planeta vecino podría durar al menos dos años.

Por más de 25 años, la NASA ha llevado a cabo estudios para observar cuales son los daños potenciales de los viajes espaciales. Una de estas investigaciones se centraba en analizar los potenciales daños que podría tener el impacto de los rayos cósmicos en el desarrollo de cáncer y otros problemas relacionados con enfermedades cardiovasculares y con el sistema musco-esquelético.

Ahora, los científicos han examinado por primera vez los efectos de la radiación espacial en la degeneración de las neuronas, en particular los procesos biológicos en el cerebro que están relacionados con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, que implica un progresivo decaimiento de los procesos mentales. Y han encontrado que la radiación cósmica representa una significa amenaza para los futuros astronautas.

Los peligros de la radiación espacial.

O´Banion y sus colegas investigaron un tipo específico de radiación espacial conocida como radiación de masas altas o altamente cargadas de partículas (también llamadas HZE). Estas partículas se mueven a través del espacio a muy alta velocidad y se originan por las explosiones de estrellas y otras catástrofes cósmicas que tienen lugar en la galaxia. A diferencia de los rayos cósmicos que contienen un solo núcleo de hidrógeno, la masa y la velocidad de las partículas HZE les permite perforar y penetrar con mucha facilidad en objetos sólidos como naves espaciales o dentro de los trajes de los astronautas.

Para realizar su estudio, los científicos se enfocaron en el impacto de partículas de hierro HZE generadas por aceleradores de partículas en el Laboratorio de Radiación Espacial de la NASA. A los ratones se les suministraron niveles de radiación comparables a los que los astronautas recibirían durante una misión a Marte.

Posteriormente se hicieron pruebas sobre las funciones mentales de estos ratones a partir de una serie de experimentos, encontrando que el cerebro de los roedores mostraron signos de inflamación de los vasos sanguíneos, poseyendo niveles altamente anormales de beta amiloide, una proteína que se acumula indicando la presencia de esta enfermedad.

“Estos resultados claramente sugieren que la exposición a la radiación espacial tiene el potencial de acelerar el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer”, afirmó O´Banion.

El riesgo de padecer Alzheimer y otros enfermedades producto de la exposición a la radiación en los astronautas es algo que, sin lugar a dudas, tendrá que tomar en cuenta la NASA para sus futuras misiones al espacio. Sobre todo para aquellas misiones de larga distancia.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Space.com

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Un nuevo virus como el Sars es identificado por autoridades británicas

Una nueva enfermedad respiratoria, similar al virus Sars que se expandió por el mundo en 2003, matando a cientos de personas, ha sido identificada en un hombre de 49 años que ha sido tratado en Inglaterra, y que luego ha sido trasladado a un hospital de Londres por un avión-ambulancia desde Qatar, por lo que este caso es el segundo que se registra de este coronavirus. El primer caso es el de un paciente de Arabia Saudita que ya ha muerto.

Para el profesor John Watson, jefe del departamento de enfermedades respiratorias de la Agencia de Protección de la Salud del Reino Unido, “a la luz de la severidad de la enfermedad, que ha sido identificada en dos casos confirmados, se han tomado ya los pasos necesarios para asegurarse de que las personas que han estado en contacto con el caso de Inglaterra no puedan infectarse, y todo sugiere que hasta ahora nadie ha sido infectado”.

También comentó que hasta el momento no existen evidencias de que el virus se propague de persona a persona, por lo que Inglaterra no ha generado ninguna tipo de alerta para viajeros o para sus ciudadanos.

Por su parte el profesor John Oxford, un experto en virología de la Universidad de Londres, se siente algo relajado sobre la noticia porque aunque el “Sars infectó al personal del hospital donde se dieron los primeros contagios, este nuevo virus no parece estar en este grupo que infecta explosivamente”.

Los coronavirus son una larga familia de virus que incluyen a la familia que causa la gripa común y el Sars, cuyas siglas en español quieren decir Síndorme Respiratorio Agudo Severo (SRAS).

Este nuevo virus es diferente de cualquier coronavirus que previamente se haya identificado en humanos.

En los últimos tres meses, también ha habido un pequeño número de otros casos de enfermedades respiratorias serias en el Medio Oriente, uno de ellos tratado en Inglaterra y en el que el paciente murió.

El caso de esta persona fallecida continúa siendo investigado, aunque no hay evidencias hasta ahora que sugieran que la muerte de este hombre  fuera causada por el mismo virus que estuvo ligado con la muerte del paciente de Inglaterra que venía de Qatar.

Sobre el virus Sars podemos decir, además, que es una enfermedad respiratoria muy seria que  en 2002 causó un brote mundial, expandiéndose desde Hong Kong hacia más de 30 países matando alrededor de 800 personas. Sin embargo, aunque no se ha erradicado, su propagación se contuvo satisfactoriamente en 2003 y, como otros coronavirus, se contagia a través de fluidos humanos como los que se producen a la hora de toser y sonarse.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: BBC.

Relacionan estrés y eventos traumáticos con inflamaciones en pacientes con padecimientos cardiacos

Exponerse por un largo periodo de tiempo de nuestra vida al estrés que producen eventos traumáticos estaría relacionado con altos niveles de inflamación, esto de acuerdo con un estudio realizado entre 1,000 pacientes con enfermedades cardiovasculares y llevado a cabo por investigadores del Centro Médico de San Francisco y la Universidad de California.

En el primer estudio que se realizó para examinar la relación entre exponerse a situaciones de estrés traumático e inflamación, los cientificos encontraron que a mayor cantidad de estrés traumático que el paciente era expuesto a lo largo de su vida, más grande era la posibilidad de que el paciente presentara elevado niveles de marcas inflamatoriasen su torrente sanguíneo.

“Esto podría ser importante para personas con problemas cardiovasculares, porque sabemos que los pacientes con enfermedades del corazón con altos niveles de inflamación suelen tener los peores resultados”, afirmó el autor principal del estudio Aoife O´Donovan.

Para llegar a estas conclusiones, los autores analizaron las consecuencias de exponerse a 18 diferentes tipos de eventos traumáticos, los cuales involucraban haber experimentado o haber sido testigo de amenzas a la vida o a la integridad física en 979 pacientes con edades comprendidas entre los 45 y los 90 años con enfermedad coronaria. Posteriormente, midieron un número de marcadores clínicos de inflamación que circulaba en el torrente sanguíneo, encontrando una correlación directa entre el grado de exposición a eventos estresantes a lo largo de la vida y los niveles de inflamación.

Cinco años después, midieron los marcadores de estrés de los pacientes que habían sobrevivido, encontrando que los pacientes que originalmente habían reportado los más altos niveles de trauma al principio del estudio seguían teniendo los mayores niveles de inflamación.

“Aun cuando murieron algunos de los participantes del estudio, seguimos observando la misma relación entre aquellos que sobrevivieron”, djo O´Donovan.

Por su parte, para la investigadora Beth Cohen, del Instituo Médico de San Francisco, los efectos de trauma persistieron pese a que los investigadores ajustaron diagnósticos psiquiátricos como los trastornos de estrés post-traumático, ansiedad y depresión.

“No todos los que están expuestos a un trauma desarrollan un trastorno de estrés post-traumático ya que este estudio enfatiza en el hecho de que el estrés traumático puede tener efectos negativos a largo plazo en la salud aún si no llegas a desarrollar trastornos de estrés post-traumático”. También nos enseña que, como médicos, necesitamos no solamente pensar en qué cuadro de diagnóstico alguien debe encajar, sino también en cuál ha sido el trauma que ha marcado a la persona de por vida.”, afirmó la doctora Cohen.

Sin embargo, el estudio no pudo probar las causas potenciales para la relación entre la vivencia traumática y el desarrollo de la inflamación cardiaca, pero O´Donovan ofreció una posible explicación: “Sabemos que una de las repercusiones que tiene un episodio que produce estrés traumático, es que las personas se vuelven más sensible a las amenzas” Y añadió: “Ésta es una respuesta de supervivencia, porque si te encuentras en un ambiente amenzador, ese estado de alerta te ayuda a prevenir un posible daño en el futuro”.

Sin embargo explica que las personas con una sensibilidad muy alta a las amenazas, podrían mostrar un incremento de inflamaciones. “Lo que pensamos que está sucediendo es que los individuos con un historial de múltiples exposiciones a traumas por estrés, tienen mayor predisposición a desarrollar inflamaciones por largos periodos de tiempo y en algunos casos de forma crónica”.

Hay que hacer notar que todos los participantes de este estudio eran personas mayores que durante décadas habían acumulado en sus organismos experiencias traumáticas, por lo que la doctora Cohen hace hincapié en el hecho de si “pudieramos utilizar técnicas en gente jóven que sabemos pueden ayudar a disminuir el estrés como la práctica de yoga o de algún deporte, sería interesante saber si podríamos ser capaces de prevenir los efectos del estrés y reducirlo”.

El estudio fue publicado por internet en el mes de Febrero en la revista Cerebro, Comportamiento e Inmunidad.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Medical Express

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Descubren que las relaciones sociales negativas aumentan las inflamaciones internas

 

 

La calidad del sueño podría mejorar con la edad

La creencia de que las personas de mayor edad tienden a sufrir un mal sueño podría ser falso, y lo que podría ser verdadero es que a mayor edad se duerme mejor, ésto de acuerdo con una investigación reciente realizada en Estados Unidos y publicada en la revista Sleep.

Y para llegar a esta conclusión, realizaron una encuesta telefónica a más de 150,000 adultos y encontraron que, aparte del “bache” que se produce cuando se tiene 40 años, la calidad del sueño mejora con la edad. De hecho, aquellos que se encontraban en sus 80 reportaron el mejor sueño.

Por otro lado, un estudio británico previo afirma que mientras que una mala salud afecta el sueño, considera un mito, por el contrario, que la edad sea únicamente uno de los factores.

Mientras que las universidades poseen equipo por medio del cual pueden medir la duración del sueño y el número de alteraciones que éste puede tener, esto no siempre concuerda con la opinión de los voluntarios sobre la calidad de su descanso. Y es que, la investigación, que fue llevada a cabo por el Centro del Sueño y Neurobiología Circadiana de la Universidad de Pennsylvania, más bien se centró en preguntar a un gran número de personas de forma aleatoria, sobre la calidad de su sueño, así como conocer su raza, ingresos, eduación, disposición de ánimo y su salud en general.

Mientras que tener depresión u otros problemas de salud estuvo ligado con una mala calidad del sueño, y una vez que los investigadores ajustaron sus resultados para compensar ésto, encontraron un nuevo patrón.

De hecho, hallaron que las quejas reportadas sobre una mala calidad del sueño caían conforme mayor era la edad; y el menor número de quejas se reportó cuando se pasaba de los 70 años.

Un bache a la mitad de la edad.

La única excepción a ésta tendencia se manifestó en personas que se encuentran a la mitad de su edad (los 40 años), donde la calidad tiende a empeorar.

Al respecto, el doctor Michael Grandner comentó que el propósito original para llevar a cabo este estudio era para confirmar todo lo contrario: que la calidad del sueño disminuye con la edad. Y luego afirma: “Este estudio nos fuerza a repensar qué sabemos realmente sobre el sueño en personas ancianas: tanto en hombres como en mujeres”. Y sugiere que es posible que las personas de mayor edad entrevistadas -aunque durmieran mal- se sentían bien a pesar de ésta mala calidad del sueño.

Por su parte, Der-Jan-Dik, profesor del Sueño y Psicología y director del Centro de Investigación del Sueño de la Universidad de Surrey, considera que el estudio “es muy interesante”. Y afirma: “tenemos que lograr alejarnos de todos estos mitos que tenemos sobre la edad, ya que mucha gente mayor se siente muy contenta con su calidad de sueño”. Sin embargo, considera que “preguntar a las personas  del estudio por su opinión subjetiva sobre sus patrones de sueño, pudo haber producido respuestas que dependían de su estado de ánimo en ese momento”. Y añade: “si tu estas enojado porque tu jefe no te dio el aumento salarial que tanto deseabas, tu percepción del sueño seguramente será muy distinta de la de alguien que se siente contento en general”.

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN DE Julio García.

FUENTE: www.bbc.co.uk

La depresión podría ser un subproducto de la evolución del sistema inmunológico

No cabe la menor duda de que la depresión es una enfermedad muy común que afecta a 1 de cada 10 adultos en los Estados Unidos y que, su origen, tenga que ver en la manera en que está “cableado” nuestro cerebro. Esta idea ha llevado a a un puñado de científicos a proponer muchas teorías para dar cuenta sobre cómo la depresión, o comportamientos relacionados con ésta, pueden ofrecernos, de alguna manera, una ventaja evolutiva.

Algunas propuestas previas sobre el rol que juega la depresión en la evolución, se han centrado en cómo ésta enfermedad afecta el comportamiento en un contexto social. Y un par de psiquiatras abordan este rompecabezas de diferente manera, ligando depresión y resistencia a la enfermedad. Ellos proponen que variaciones genéticas que promueven la depresión surgieron durante la evolución porque ayudaban a nuestros ancestros a combatir infecciones.

Un esbozo de la propuesta ha aparecido -en internet- en la revista Psiquiatría Molecular.

Los coautores del estudio son Andrew Miller (profesor de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Emory) y William Timmie (director de Psiquiatría Oncológica del Instituto del Cáncer Winship).

“Muchas de las variaciones genéticas que han sido ligadas con la depresión, hacen estragos y afectan al sistema inmunológico”, ha dicho Miller, quien también ha comentado que “ésto nos lleva a replantearnos sobre el por qué la depresión parece estar integrada en el genoma humano”.

Por décadas, los científicos han visto una estrecha relación entre depresión e inflamación (o sobre activación del sistema inmunológico). La gente con depresión suele tener mayores niveles de inflamación aún si su organismo no está combatiendo ninguna infección. Sin embargo, altos niveles en las marcas de inflamación no son una consecuencia inevitable de depresión.

“La idea básica es que la depresión y los genes que la promueven sirvieron para ayudar a las personas a adaptarse con mayor facilidad y no morir por infección en los ambientes ancestrales (especialmente los niños), incluso si esas mismas conductas no nos ayudan en nuestras relaciones con otras personas”, afirma Raison.

Las infecciones fueron la mayor causa de muerte en los primeros años de la historia humana, por lo que sobrevivir a infecciones fue determinante en lo que respecta al paso de los genes de padres a hijos. Evidentemente, si un individuo moría, no podía dejar descendencia ni transmitir su información genética. En este sentido, los autores proponen también que la evolución y la genética han estado unidos en lo que respecta a los síntomas depresivos y a las respuestas psicológicas que fueron seleccionadas sobre la base de la reducción de la mortalidad por infección. Fiebre, fatiga, inactividad, aislamiento social y anorexia podrían ser considerados como comportamientos adaptativos para contener infecciones.

La teoría ofrece, además, una nueva explicación sobre por qué el estrés es un factor de riesgo para la depresión. La relación que existe entre estrés y depresión se puede ver como el subproducto de un proceso que pre-activa el sistema inmunológico en anticipación a una herida o lesión. En particular, la presencia de biomarcadores para la inflamación podrían permitir saber si alguien responderá a varios tratamientos contra la depresión.

De manera similar, un trastorno en los patrones de sueño puede verse tanto en los transtornos de comportamiento o de ánimo y cuando el sistema inmunológico está activado. Todo esto es un legado de nuestros ancestros, ante la necesidad de estar alerta para defenderse de los depredadores después de una herida.

Actualmente Miller y Raison están involucrados en una investigación que pretende determinar si ciertos medicamentos, que normalmente son utilizados para tratar enfermedades del sistema inmunológico, pueden ser efectivos con aquellas depresiones que son resistentes a los tratamientos.

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN DE Julio García.

FUENTE: www.medicalexpress.com