Descubren planeta como la Tierra pero 17 veces más grande

Un grupo de científicos han descubierto el “Godzilla de la Tierra”: un nuevo tipo de inmenso y rocoso mundo alienígena que se encuentra a 560 años luz de nuestro planeta.

Kepler-10c, como ha sido bautizado, pesa 17 veces más que la Tierra y gira entorno a una estrella como el Sol en la constelación de Draco.

Pese al descubrimiento, los científicos todavía no están seguros de que el planeta encontrado pueda realmente existir. Esto se debe a que a que planetas del tamaño de Kepler-10c deberían ser gaseosos y tener la “habilidad” de ir recolectando hidrógeno para convertirse en planetas como Júpiter que están formados mayoritariamente por gas. Lo curioso de todo esto es que los científicos sí han comprobado que este planeta es rocoso pese a ser tan grande.

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Hay que decir también que el super-planeta orbita su estrella cada 45 días y probablemente esté tan cerca del astro que lo hospeda que esto hace imposible que exista vida tal y como la conocemos. Otro dato interesante es que no se encuentra solo: junto a él órbita otro planeta, Kepler-10, que tiene 3 veces el tamaño de la Tierra.

Para confirmar que el planeta realmente es rocoso y no gaseoso, el astrónomo Xavier Dumusque y su equipo utilizaron el Telescopio Nacional Galileo que se encuentra en las islas Canarias, todo esto con la finalidad de medir con mucha precisión la masa del planeta.

Los científicos también creen que el sistema Kepler-10c es bastante viejo y probablemente se formó tan solo 3,000 millones de años después del Big Bang, lo que indicaría que los planetas rocosos se formaron mucho antes de lo esperado y abre la posibilidad de que también pueda existir vida en ellos.

También es posible que los cazadores de exoplanetas encuentren más planetas parecidos a la Tierra en la medida en que observan y estudian el universo a través de instrumentos ópticos y no ópticos cada vez más potentes.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Space.com

 

 

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El robot Curiosity demuestra que Marte perdió su atmósfera original

marte1A partir de nuevos datos obtenidos por el robot Curiosity de la NASA, se ha podido determinar que Marte ha perdido la mayor parte de su atmósfera original.

A través de sus instrumentos, el robot ha sido capaz de medir la abundancia de diferentes gases y de diferentes isótopos a partir de muestras obtenidas de la atmósfera. Los isótopos son variantes de un mismo elemento químico con diferente peso atómico. Esta diferencia es producto del número de protones que tienen. Un ejemplo de lo que es un isótopo es el carbono-12 y carbono-13 (es más pesado este último).

El instrumento SAM (Sample Analysis at Mars), es el que se ha encargado de medir los isótopos pesados y ligeros del carbono y oxígeno que son los elementos de los que está compuesta la atmósfera marciana.

Gracias al hecho de poder medir la cantidad de estos isótopos, los investigadores han podido determinar no solamente la pérdida gradual de la atmósfera marciana sino también el hecho de por qué ocurre este fenómeno.

“A medida que se iba perdiendo la atmósfera, la huella de este proceso se puede observar directamente a través de la cantidad de isótopos”, afirmó Paul Mahaffy del Centro Espacial Goddard de la NASA.

Y existen otros factores que también sugieren que Marte tuvo alguna vez una atmósfera más delgada, como la ausencia actual de agua (en el pasado sí la tuvo).

Por otro lado, el enriquecimiento de isótopos medidos en los puntos dominantes de gas de dióxido de carbono muestran una pérdida en la parte superior de la atmósfera que favorece la pérdida de isótopos ligeros en lugar de que esto suceda en la atmósfera inferior que interactúa con el suelo.

El robot también midió el mismo patrón en los isótopos de hidrógeno, carbono y oxígeno, hecho que está en consonancia con la pérdida gradual de la atmósfera original. El enriquecimiento de los isótopos más pesados en la atmósfera marciana ha sido previamente medido dentro de burbujas de gas dentro de meteoritos marcianos.

El poder medir este gas dentro de los meteoritos ha sido fundamental para deducir que la pérdida de atmósfera ocurrió durante los primeros mil millones de años de existencia del planeta el cual tiene una edad de 4,600 millones de años.

Y gracias a los últimos datos aportados por la sonda, los científicos pueden establecer con mayor precisión la relación entre los estudios que se han hecho con meteoritos y los modelos actuales sobre la pérdida de atmósfera que presenta el planeta.

Para terminar hay que decir Curiosity aterrizó dentro del cráter Gale el pasado 6 de agosto de 2012.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Jet Propulsion Laboratory.

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Un nuevo telescopio creará imágenes tridimensionales de la Vía Láctea

Será el telescopio Gaia de la Agencia Espacial Europea el que a partir del mes de octubre de este año se encargue de tomar las primeras imágenes en tercera dimensión de miles de millones de estrellas en la Vía Láctea, en un intento por ayudar a los astrónomos a determinar con precisión, por primera vez, la posición del Sistema Solar en la galaxia.

La nave, dicen los científicos, permitirá estudiar las estrellas alrededor de nosotros en mucho mayor detalle y ayudará a revelar que tan lejanas están.

También les permitirá determinar su edad, tamaño y movimiento como nunca antes se había hecho, lo que será indispensable para dar detalles sobre su composición.

También esperan descubrir más de 5,000 nuevos planetas más allá de nuestro sistema solar, así como otros objetos que se encuentran fuera de la Vía Láctea.

“Gaía es un sueño de la astronomía”, afirmó Álvaro Giménez, director del departamento de ciencias de la Agencia Espacial Europea.

“Está diseñada para responder muchas de las interrogantes que tenemos sobre las estrellas que están alrededor de nosotros”, apunta.

También señala: “es fácil ver estrellas por las noches pero sabemos muy poco sobre qué tan lejos están de nosotros, de qué están hechas y qué tan viejas son. Gaia nos podrá decir algo más al respecto”.

Y es que observando la estructura dinámica de nuestra galaxia podremos ser capaces de aprender más sobre su formación y algunas cosas más sobre su futuro.

La nave, que tiene el tamaño de un automóvil, y que ha sido construida por el consorcio Astrium, será lanzada en el mes de octubre desde la Guyana Francesa mediante un cohete Soyus.

Le tomará alrededor de un mes (unos 1,600 millones de kilómetros) viajar desde la Tierra hacia el Sol, donde comenzará a tomar fotografías. Y tomara esta posición cerca del Sol porque ahí desplegará unos paneles  que le ayudarán a obtener energía y recargar sus baterías durante los 5 años que esté en funcionamiento.

Sus “ojos”, consistentes en dos espejos que le proporcionarán una visión estereoscópica, muy parecida a la visión del ojo humano, le permitirán ver en tercera dimensión.

Y una cámara con un sensor con más de un billón de pixeles grabará las imágenes capturadas por el telescopio. En promedio, una cámara de un teléfono móvil tiene alrededor de 10 millones de pixeles y el telescopio espacial Hubble, que ha tomado las imágenes más maravillosas del Universo, apenas tiene unos 16 millones de pixeles.

Con una cámara de tan alta resolución, Gaia será capaz de escudriñar el cielo a más de 150,000 años luz y es tan potente que será capaz de distinguir un solo cabello a una distancia de unos 600,000 kilómetros.

Para el profesor Gerald Glimore, quien es uno de los principales investigadores de la misión, “hasta ahora ha sido posible determinar la ubicación de las estrellas solamente en un plano, por lo que Gaia será capaz de decirnos sobre qué tan lejos están estas estrellas y cómo se están moviendo.

“Es algo que nunca podremos hacer desde la Tierra porque la atmósfera empaña todo e introduce colores”, dice.

Se estima que hay más de 100,000 millones de estrellas en la Vía Láctea y nuestro sistema solar se encuentra en uno de sus brazos.

Sin embargo, Gaia solamente será capaz de hace imágenes de un 1% de todas las estrellas que hay en la galaxia y tomará imágenes de cada una de ellas alrededor de 70 veces para crear así una imagen de cómo se están moviendo con esta visión estereoscópica.

Mediante la observación de cómo las estrellas se mueven conforme transcurre el tiempo, los astrónomos esperan determinar con precisión la posición exacta de nuestro sistema solar mientras crean una imagen de cómo la galaxia va creciendo.

Se espera que las imágenes, que serán enviadas a la Tierra, produzcan suficiente información para llenar 1 millón y medio de discos compactos.

Los científicos se plantean detectar también supernovas (estrellas enormes que han explotado), quasares y agujeros negros supermasivos que se encuentran en el centro de las galaxias.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Daily Telegraph.

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Un lago en la Antártida podría revelar pistas sobre la vida en otros planetas

Los científicos han montado casas de camapaña sobre la capa de hielo que cubre el lago Vida de la Antártida con la finalidad de estudiar la presencia de organismos debajo de dicha capa. /Crédtio: BBC

El descubrimiento de la existencia de microorganismos en un ambiente salado y con temperaturas menores a cero grados en un lago de la Antártida podría aumentar las probabilidades de que la vida en condiciones difíciles se pueda desarrollar en las lunas heladas de nuestro Sistema Solar.

El lago lleva por nombre Vida y es uno de los muchos depósitos de agua formados en la región de los Valles de McMurdo en la Antártida. Los microorganismos que se han encontrado aquí han estado aislados del mundo exterior por más de 2,800 años.

Otro dato a destacar es que dicho lago no contiene oxígeno y es muy ácido además de que la mayor parte del tiempo se encuentra congelado y posee los mayores niveles de óxido nitroso jamás encontrados en otro lago de la Tierra.

Durante el trabajo de campo, que duró de 2005 a 2010, la investigadora Allison Murray y sus colegas del Instituto de Investigación del Desierto en Reno, Nevada, perforaron núcleos de hielo del lago, recolectando muestras de la salmuera del material congelado para luego evaluar el potencial de dicha agua para albergar vida.

Para evitar contaminar el ecosistema utilizaron rigurosos procedimientos y equipos especializados, trabajando en tiendas de campaña esterilizadas en la superficie del lago.

Por otro lado, la abundancia de diferentes componentes químicos presentes en el lugar, llevó a los científicos a concluir que las reacciones químicas se produjeron entre la salmuera y los sedimentos subyacentes ricos en hierro, produciendo el óxido nitroso y el hidrógeno molecular.

El hidrógeno, en parte, debió de haber proveído la energía necesaria para que se desarrollara la vida tan diversa que se puede observar en la salmuera. Adicionalmente, el metabolismo tan lento de estos microorganismos ha prevenido que las reservas de energía sean rápidamente agotadas.

“Es plausible que una fuente vital de energía exista de manera solitaria producto de las reacciones químicas entre el agua salada y las rocas”, afirmó el coautor del estudio, Christian Fritsen.

Este descubrimiento podría ser la mejor manera de explicar cómo los organismos pueden sobrevivir exitosamente en crio-ecosistemas en la Tierra y en otros mundos que tengan hielo en cualquier parte del universo. La luna Europa de Júpiter representa uno de estos objetivos.

Hace un año, un equipo ruso perforó en el lago Vostok, pero análisis preliminares no encontraron la presencia de ningún organismo vivo.

El reciente hallazgo ha sido publicado en la revista Proceedings y se puede consultar desde aquí: http://www.pnas.org/content/early/2012/11/21/1208607109

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: BBC.

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Un nuevo satélite estudiará planetas como la Tierra

Recreación artística del satélite Cheops de la Agencia Espacial Europea / Astrobiology Magazine

De estudiar planetas alrededor de otras estrellas se encargará un nuevo satélite de la Agencia Espacial Europea de nombre Cheops que será lanzado al espacio en 2017.

 Cheops, cuyas siglas en español significan Satélite de Caracterización de Exoplanetas (Characterising Exoplanets Satellite), se enfocará en observar estrellas brillantes y cercanas que tengan planetas orbitando alrededor.

A través de un monitoreo de alta precisión del brillo de cada uno de estos astros, los científicos buscarán los signos que revelen el tránsito de un planeta, fenómeno que se caracteriza por su paso frente a la estrella que lo hospeda, produciendo una disminución en su luminosidad con respecto al punto de observación; algo parecido a lo que sucede cuando observamos un eclipse donde la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra.

A su vez, esto permitirá una medida exacta del radio de los planetas que sean estudiados. Para aquellos planetas con una masa desconocida, la densidad podrá ser revelada indicando a los astrónomos la estructura interna.

Uno de los métodos que existen para detectar exoplanetas consiste en observar la disminución en el brillo que éste produce cuando pasa frente a la estrella que lo hospeda. Tal alineamiento es conocido como tránsito planetario. /Crédito: http://www.astrobio.net

Estos parámetros clave ayudarán a los científicos a entender la formación de los planetas con masas similares o un poco mayores que la Tierra (las llamados supertierras que tienen el tamaño de Neptuno).

“Concentrándose en estrellas que contenga exoplanetas específicos, Cheops permitirá a los científicos realizar estudios comparativos de gran precisión de aquellos cuerpos que sean del tamaño de la Tierra, un poco más chicos o un poco más grandes”, afirmó el profesor Álvaro Giménez-Cañete de la Agencia Espacial Europea.

La ventaja de misiones como esta es que, al concentrarse en objetivos específicos, proveerá de excelente material a los futuros observatorios que se construirán en la Tierra y que serán capaces de estudiar con mucha precisión los componentes químicos de la atmósfera de cada uno de estos exoplanetas.

Para terminar hay que decir que Cheops será puesto en una órbita baja alrededor de la Tierra y a una altitud aproximada de 800 kilómetros. La misión durará casi cuatro años y parte del tiempo que se destinará a la observación estará abierto a toda la comunidad científica.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Astrobiology Magazine

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