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Se suicidan homeopáticamente. El saldo: ningún muerto

Suicidas homeopáticos en Londres /Fuente: http://www.merseysideskeptics.org.uk/

por Julio García.

El pasado 30 de Enero, más de 350 personas protestaron en varias ciudad de Inglaterra contra la homeopatía. Organizaron, encabezados por la agrupación sin fines de lucro, The Merseyside Skeptics Organization, una marcha a la que llamaron suicidio homeopático, que consiste en tomar dosis altas de sustancias químicas basadas en la homeopatía, para demostrar que estas no tienen ningún efecto en el organismo, inclusive tomada en dosis elevadas. En otras palabras, demostraron que esta técnica de curación ancestral es una falacia.

Como lo consigna el periodista Luis Alfonso Gámez en su artículo “Suicidio masivo fallido demuestra falsedad de la homeopatía”, las personas que asistieron a estas marchas se congregaron enfrente de la entrada de las cadenas de farmacias Boots, con la finalidad de presionarlas para que dejaran de vender productos homeopáticos. En este mismo texto se presenta la declaración de Paul Benett, responsable de esta importante cadena británica, quien increíblemente se atreve a afirmar que “la compañía (que él representa), vende homeopáticos porque son populares, no porque sean efectivos para el tratamiento de alguna patología”.

En algunas ciudades españolas, como Gijón, en Asturias, también hubo manifestaciones contra la homeopatía y sus “efectos” en el organismo. Esta protesta fue convocada por la sociedad de escépticos, que no tienen fines de lucro, “Enigmas y Birras”, en la cual participa el periodista científico, de origen mexicano, pero afincado en esta ciudad española, Mauricio Schwartz.

Lo que no es novedoso de todo esto, es que la homeopatía ha sido siempre un tema muy discutido y siempre debatido, con sus detractores (quienes promueven el pensamiento crítico) y seguidores (quienes probablemente no se han dado cuenta del efecto placebo que tienen los llamados “chochos” en su organismo).

Por fortuna, las pruebas empíricas son mas poderosas que las propias ideas y creencias que tenemos sobre la realidad. Gracias al pensamiento científico, a ese duro contraste al que se someten los hechos, a través de pruebas que se repiten una y otra vez, nos desilusionamos de cosas que creíamos como obvias y que las dábamos por sentado solo por creer y seguir nuestra intuición, la cual, aunque a veces resulta fundamental para tomar decisiones rápidas ante determinadas circunstancias en la la vida cotidiana, resulta insuficiente para cuestionarnos más profundamente sobre los fenómenos de nuestro entorno.

Hasta ahora no se ha inventado otro sistema, como la ciencia, que sea capaz de autocorregirse en el proceso de la búsqueda de la verdad, que sea capaz, como solo esta lo hace, de asumir sus propios errores y enderezar el camino.

Para terminar, les comparto la conferencia sobre Homeopatía que James Randi, famoso mago convertido al pensamiento escéptico desde hace muchos años, impartió en Princeton en 2001.

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El amor está en el cerebro, revela estudio de la Universidad de Siracusa

Resonancia Magnética del cerebro /Fuente: http://www.internet-general.info

por Julio García.

Desde hace tiempo es conocido que los procesos cognitivos están ligados con nuestras emociones. Que en el cerebro se producen los ingredientes que propician sensaciones tan gratas como el placer y la capacidad de amar, por ejemplo. Los neurotransmisores son los químicos que nuestra materia gris segrega para conectar (o bien desconectar) regiones específicas del cerebro, a través de las millones de conexiones neuronales que poseemos.

¿Pero qué sucede exactamente en nuestro cerebro cuando estamos enamorados o cuando sufrimos un rompimiento?, ¿existen diferentes tipos de amor? Para responder a estas preguntas, científicos de la Universidad de Siracusa en Estados Unidos, acaban de publicar un estudio, comparando varias imágenes de resonancia magnética (MRI) de diferentes individuos, que dan cuenta de que sí existen diferentes tipos de amor, de hecho pudieron diferenciar entre el amor maternal, el amor pasional y el amor incondicional, a partir de las reacciones del cerebro. Pero lo que hay en común entre todos ellos, es que para que se produzcan estas emociones y sentimientos, es necesario que se activen ciertas regiones del sistema nervioso central (a partir de la dilatación de vasos sanguíneos), que, como hemos dicho, responden a la descarga de químicos en el cerebro.

Lograr conocer con detalle dónde están localizadas estas regiones, como se ha hecho, permitirá tratar con mayor éxito enfermedades mentales como la depresión. Enfermedad cuyo origen es la falta de producción de serotonina: un neurotransmisor que a su vez regula a la dopamina (hormona que está ligada con el deseo sexual, la frecuencia cardiaca y la presión arterial).

Estudio que revela las zonas del cerebro que se activan ante los neurotransmisores bajo la respuesta del amor /Fuente: http://www.scientificamerican.com

Científicos descubren que el cerebro cambia constantemente

Conectoma del cerebro /Fuente: http://www.worldsstrangest.com
Conectoma del cerebro /Fuente: http://www.worldsstrangest.com

por Julio García.

La ambición del ser humano por comprender la realidad nos ha llevado a conocer el universo de manera profunda, como nunca antes, pese a que todavía falten muchas piezas por unir que nos otorguen una comprensión absoluta de eso que está más allá de nuestro punto azul pálido. Sin embargo, ¿qué sabemos hoy de nosotros mismos? ¿O qué sabemos del funcionamiento de nuestro preciado órgano, el cerebro, que es capaz de hacerme escribir estas palabras y ustedes de entenderlas?

En 1953, dos biólogos, James Watson y Francis Crick, idearon un modelo para comprender cómo funcionaba el código genético: esa secuencia de letras, el ADN, que influye y determina nuestro comportamiento, nuestra relación con el mundo y con los demás y que nos dice también si tendremos ojos cafés o verdes, nariz grande o pequeña, inclusive, si padeceremos algún tipo de enfermedad ,o no, a lo largo de nuestra vida. Aunque, sobre esto último, sigue siendo muy debatido si las enfermedades son producto del medio ambiente en que nos desenvolvemos o bien son producto de nuestra carga genética o de la combinación de ambos factores: esto no se sabe todavía con absoluta certeza.

Para Watson y Crick, saborear las mieles de la gloria, hace más de 50 años, al presentar un modelo del código genético como una larga cadena en forma de hélice formada por sustancias químicas y proteínas que gobiernan muchas de las acciones humanas, es equiparable a lo que hoy es para los neurólogos y los biomédicos saber que hay grandes posibilidades de poder crear un mapa de las millones y millones de conexiones neuronales: las células del cerebro, como se está intentando hacer ahora, a través de proyectos tan ambiciosos como el Human Connectome Project, en el que participan varias universidades de prestigio como la Universidad de Harvard o la Universidad de Washington en San Luis en el estado de Misuri en Estados Unidos, con cuyos investigadores quisimos platicar pero que fue imposible por cuestiones de tiempo y agenda.

Por otro lado, el The Scripps Research Institute de Estados Unidos, acaba de demostrar recientemente algo verdaderamente sorprendente en estudios realizados con animales jóvenes: que las interconexiones de las neuronas pueden cambiar en el transcurso del desarrollo, formándose nuevas y cancelándose otras, en función del aprendizaje o el contacto con nuevas experiencias. En otras palabras: que el cerebro puede comportarse como un pedazo de plastilina o de goma que cambia en función de los efectos del ambiente en el que se desarrolla. Este hallazgo cambia aquella vieja idea de que solamente nacemos con una cierta cantidad de neuronas y que cuando alguna de estas muere no es posible desarrollar nuevas. También nos demuestra que, aunque la investigación mencionada se realizara con animales, nuestra especie también estaría sujeta a que nuestra materia gris cambiara constantemente en función de la relación que tenemos con el entorno a través de los sentidos. Sin dejar de lado las relaciones que tenemos con otros sujetos.

Y es que, conocer de forma profunda cómo se producen las conexiones entre las neuronas de nuestro cerebro, a través del trazado de un mapa de todas ellas, se traducirá algún día en el combate exitoso de enfermedades complejas, que aún no tienen una cura completa, como el autismo, la esquizofrenia o el alzheimer.

Un sumario del artículo del hallazgo de los investigadores de The Scripps Research Institute, puede consultarse a continuación en: http://www.cell.com/neuron/abstract/S0896-6273(10)01070-6