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¿Habrá vida en la luna Enceladus de Saturno?

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Con la existencia de océanos debajo de la superficie de la luna Enceladus de Saturno, la búsqueda de vida en otras partes del Sistema Solar se convertiría en una empresa, en un objetivo, más serio de lo que es ahora.

Esto viene a colación porque un  grupo de investigadores han anunciado el descubrimiento de un océano debajo de la superficie de la luna Enceladus

Las sospechas sobre la existencia de este océano ya se escuchaban desde 2005 cuando la sonda Cassini de la NASA encontrara y observara géisers de hielo y vapor de agua que hacían erupción desde el Polo Sur de esta luna.

Enceladus es, junto con Europa (una de las más grandes lunes de Júpiter), una de las lunas con mayor probabilidad de albergar vida.

Para Jonathan Lunine, coautor de esta nueva investigación, “lo que el descubrimiento nos dice es que debemos ser más agresivos en la búsqueda de vida y enviar nuevas sondas cuando la misión de la nave Cassini termine”. Dicha sonda comenzó a orbitar Saturno en 2004 y se espera que para 2017 termine de hacer su trabajo y con ello el final de su vida.

Por otro lado, los géisers de Enceladus lanzan material a cientos de kilómetros. Los científicos están convencidos de que los océanos internos son los encargados de alimentar los géisers, aunque, por el momento, no están completamente seguros de esto.

La sonda ha realizado hasta ahora un trabajo muy interesante con su espectrómetro de masa y no ha encontrado ningún tipo de forma de vida. Los espectrómetros son instrumentos capaces de detectar la composición química de la materia a partir de la luz que emiten o reflejan.

Desafortunadamente, la sonda solamente es capaz de detectar elementos orgánicos no muy pesados. De ahí que se espera que, en un futuro, una nueva sonda tenga el equipo necesario para observar estos elementos químicos que, hoy por hoy, son imposibles de detectar.

Enceladus y Europa no son solamente las únicas lunas de hielo que tienen oceános. También los tiene la enrome luna de Júpiter de nombre Ganimides.

La conclusión más importante de todo lo que hemos dicho es que, en nuestro Sistema Solar, podría existir algún tipo de forma de vida que hasta el momento no ha podido ser localizada por la incapacidad de los instrumentos actuales para hacerlo. Formas de vida que, indudablemente, tendrían que ser primitivas, dado que hasta el momento tampoco se ha podido detectar alguna señal de seres inteligentes que vivan en nuestro Sistema Solar o más allá.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Space.com

 

 

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¿Por qué aún no se ha podido descubrir vida inteligente en otros planetas?

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Científicos tan eminentes como Stephen Hawking o Carl Sagan han propuesto la idea de que, algún día, los seres humanos colonizaremos el universo. ¿Pero qué tan fácil es esto? ¿Por qué tendríamos que hacerlo? ¿Por qué no hemos visto ya a otras civilizaciones colonizando otros planetas y galaxias?

Los doctores Stuart Armstrong y Anders Sandberg del Instituto del Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford (FHI) buscan responder a todas estas preguntas a través de un nuevo artículo publicado en la revista Acta Astronautica, en el que plantean el tema desde la llamada paradoja de Fermi al afirmar que existe una discrepancia, una paradoja, entre la probabilidad de la existencia de vida inteligente y la ausencia de evidencia observacional de dicha existencia.

El doctor Armstrong afirma al respecto que “hay dos maneras de mirar nuestro artículo: el primero es un estudio de nuestro futuro (el ser humano colonizará algún día el universo) y el segundo tiene que ver con la posibilidad de que existan especies alienígenas que sean capaces de moverse por entre las galaxias y la ausencia de prueba sobre esto hace que el rompecabezas se complique aún más”.

La paradoja, que ha sido nombrada gracias al físico Enrico Fermi, es algo que resulta de suma importancia para los académicos encargados de hacer este estudio. A esto, el doctor  Sanberg se pregunta:” ¿Qué es lo que más le importa a nuestro grupo de la paradoja de Fermi? Bien, el silencio que hay en el cielo nos está diciendo sobre el tipo de inteligencia que hay en el universo y es que el espacio no está lleno de hombrecitos verdes. Quizá la vida sea algo raro, o podría estar escondida, o a lo mejor ha muerto con relativa facilidad. También podría ser que no existiera. Si la humanidad está sola en el universo entonces realmente tenemos una responsabilidad moral. Como inteligencia única, o quizá como únicos con mente consciente, podríamos estar decidiendo el futuro del universo”.

De acuerdo con el doctor Armstrong, “una posible explicación a la paradoja de Fermi es que la vida se destruye a sí misma antes de expandirse por otros planetas. Esto significaría que estamos ante un riesgo mucho más grande lo que pensábamos”. Y añade: “Esto es preocupante para el futuro de la humanidad”.

Pero quizá el planteamiento más profundo de estos dos investigadores tenga que ver con qué tan lejos una civilización como la nuestra se puede expandir por el universo. Los pasados estudios de la paradoja de Fermi lo hacían con escenarios basados en nuestra propia galaxia mientras que este lo hace de una forma más ambiciosa al expandirlo a otras galaxias.

“El punto clave es que cualquier civilización en cualquier parte en el pasado tuvo que haber querido expandirse y habrían podido llegar a una enorme porción del universo. Esto hace que la cuestión de la paradoja de Fermi se haga más dura. Si la vida inteligente es rara, tiene que ser mucho más raro que exista una civilización por cada galaxia”, comenta el profesor Sandberg.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Daily Galaxy.

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Las estrellas enanas marrones podrían tener planetas como la Tierra

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Los planetas como la Tierra podrían no ser tan raros. A esta conclusión han llegado un grupo de astrónomos que, luego de utilizar información del Telescopio Kepler de la NASA, han dicho que el 6% de las enanas marrones que hay en la Vía Láctea podrían tener planetas habitables y del mismo tamaño que el nuestro.

Las estrellas enanas marrones son mucho más frías y pequeñas que nuestro Sol. De hecho, tienen tan solo un tercio de su tamaño y brillan a una millonésima parte, por lo que es imposible observarlas desde la Tierra sin utilizar un telescopio.

Pese a sus características, las enanas marrones son excelentes lugares para tratar de encontrar planetas como el nuestro debido que existen muchas: tres de cada cuatro estrellas en nuestra galaxia es una enana roja.

De hecho una de las investigadoras, Courtney Dressing de la Universidad de Harvard, se dio a la tarea de revisar un catálogo obtenido gracias al telescopio Kepler de más de 158,000 estrellas  con la finalidad de encontrar a todas las enanas marrones. Y, para su sorpresa, encontró que estas estrellas son muchísimo más frías y más pequeñas de lo que los científicos alguna vez imaginaron. De todo esto concluyó que 95 planetas del tamaño de la Tierra (todos candidatos), podrían encontrarse orbitando enanas marrones. Su hallazgo implica que al menos un 60% de estas pequeñas estrellas tienen planetas mucho más pequeños que Neptuno.

Por otro lado, el hallazgo podría tener inmensas implicaciones en lo que respecta al futuro de la búsqueda de planetas como la Tierra ya que, en lugar de que los astrónomos intenten encontrarlas en lo que ellos consideraban lugares idóneos como estrellas parecidas a nuestro Sol, ahora tendrán que concentrar sus esfuerzos en buscarlas en las enanas marrones que son las estrellas más comunes de nuestra galaxia.

Dado que aproximadamente el 75% de las estrellas más cercanas a la Tierra son enanas marrones y alrededor del 6% de estas podrían tener planetas habitables, entonces el planeta habitable más cercano a la Tierra que podría albergar vida tendría que estar a tan solo 13 años luz.

Pero quizá lo más interesante sea la idea de que cualquier forma de vida en estos planetas podría ser mucho más vieja que la vida en la Tierra. Esto se debe a que las enanas marrones viven mucho más tiempo que nuestro Sol, lo que significa que la vida podría ser más evolucionada en estos planetas.

A pesar de que el potencial de encontrar planetas como el nuestro ha crecido, todavía sigue siendo una interrogante el saber si la vida existe en estos lugares, si ha evolucionado ya o si podría estar presente en otros planetas que no sean como el nuestro o como las enanas marrones.

Los resultados de esta investigación serán publicados muy pronto en la revista Astrophysical Journal.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Science World Report.

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Un lago en la Antártida podría revelar pistas sobre la vida en otros planetas

Los científicos han montado casas de camapaña sobre la capa de hielo que cubre el lago Vida de la Antártida con la finalidad de estudiar la presencia de organismos debajo de dicha capa. /Crédtio: BBC

El descubrimiento de la existencia de microorganismos en un ambiente salado y con temperaturas menores a cero grados en un lago de la Antártida podría aumentar las probabilidades de que la vida en condiciones difíciles se pueda desarrollar en las lunas heladas de nuestro Sistema Solar.

El lago lleva por nombre Vida y es uno de los muchos depósitos de agua formados en la región de los Valles de McMurdo en la Antártida. Los microorganismos que se han encontrado aquí han estado aislados del mundo exterior por más de 2,800 años.

Otro dato a destacar es que dicho lago no contiene oxígeno y es muy ácido además de que la mayor parte del tiempo se encuentra congelado y posee los mayores niveles de óxido nitroso jamás encontrados en otro lago de la Tierra.

Durante el trabajo de campo, que duró de 2005 a 2010, la investigadora Allison Murray y sus colegas del Instituto de Investigación del Desierto en Reno, Nevada, perforaron núcleos de hielo del lago, recolectando muestras de la salmuera del material congelado para luego evaluar el potencial de dicha agua para albergar vida.

Para evitar contaminar el ecosistema utilizaron rigurosos procedimientos y equipos especializados, trabajando en tiendas de campaña esterilizadas en la superficie del lago.

Por otro lado, la abundancia de diferentes componentes químicos presentes en el lugar, llevó a los científicos a concluir que las reacciones químicas se produjeron entre la salmuera y los sedimentos subyacentes ricos en hierro, produciendo el óxido nitroso y el hidrógeno molecular.

El hidrógeno, en parte, debió de haber proveído la energía necesaria para que se desarrollara la vida tan diversa que se puede observar en la salmuera. Adicionalmente, el metabolismo tan lento de estos microorganismos ha prevenido que las reservas de energía sean rápidamente agotadas.

“Es plausible que una fuente vital de energía exista de manera solitaria producto de las reacciones químicas entre el agua salada y las rocas”, afirmó el coautor del estudio, Christian Fritsen.

Este descubrimiento podría ser la mejor manera de explicar cómo los organismos pueden sobrevivir exitosamente en crio-ecosistemas en la Tierra y en otros mundos que tengan hielo en cualquier parte del universo. La luna Europa de Júpiter representa uno de estos objetivos.

Hace un año, un equipo ruso perforó en el lago Vostok, pero análisis preliminares no encontraron la presencia de ningún organismo vivo.

El reciente hallazgo ha sido publicado en la revista Proceedings y se puede consultar desde aquí: http://www.pnas.org/content/early/2012/11/21/1208607109

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: BBC.

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El robot Curiosity ya está listo para buscar microorganismos en el suelo marciano

El vehículo Curiosity se encuentra ahora en una posición privilegiada en Marte, que permitirá a los científicos e ingenieros hacer que el robot tome las primeras muestras del suelo con la finalidad de saber si allí existen los ingredientes necesarios para la vida.

La habilidad del vehículo para poner muestras del suelo dentro de los instrumentos de análisis que lleva abordo, resulta vital para determinar si el cráter Gale, donde actualmente se encuentra, alguna vez ofreció las condiciones ambientales favorables para el desarrollo de vida microbiana. Y es que los análisis minerales pueden ser capaces de decirnos, de revelarnos, las condiciones ambientales pasadas.

“Actualmente hemos llegado a una importante fase donde se tomarán las primeras muestras sólidas para ser llevadas luego dentro de los instrumentos de análisis. Esto tomará dos semanas”, afirmó el director de la misión Michael Watkins del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

La cabeza del brazo del robot Curiosity lleva montado todo un equipo para tomar muestras, escarbar y limpiar muestras de roca marciana /www.wikipedia.org

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los preparativos para las próximas operaciones del vehículo Curiosity consistirán en probar las capacidades del brazo mecánico que será el encargado de recoger y luego procesar las muestras de suelo. Más tarde, utilizará un taladro que hace las veces de martillo para recoger muestras pulverizadas de las rocas. Con la finalidad de prepararse para excavar, ha utilizado ya una de sus ruedas para remover el suelo y exponer así material fresco.

Posteriormente, el vehículo escarbará algo de suelo, agitándolo dentro de las cámaras de procesamiento de muestras para luego liberarlo y depositarlo nuevamente en donde estaba. Luego, tomará una tercera muestra para depositarla en una bandeja de observación para ser inspeccionada por cámaras montadas en el mástil del vehículo. Una porción de la tercera muestra será luego puesta en el instrumento identificador de minerales y químicos que se encuentra dentro del robot.

“Vamos a echar un vistazo de cerca de la distribución del tamaño de las partículas en el suelo para asegurarnos de que eso es lo que queremos, por lo que seremos muy cuidadosos al realizar esta primera prueba con el brazo robótico”, dijo Daniel Limondi, ingeniero jefe de la misión.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: The Daily Galaxy.

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