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Un planeta parecido a la Tierra podría tener las condiciones para albergar vida, revelan astrónomos

Hay un nuevo lugar para buscar vida en el Universo.

Un equipo de astrónomos anunció el descubrimiento de un planeta parecido a la Tierra que gira alrededor de una estrella pequeña en una esquina de la galaxia. El planeta podría tener agua líquida y, por lo tanto, condiciones favorables para la vida.

La estrella, de nombre Ross 128, no es la más cercana con un planeta similar en tamaño al nuestro, ya que la estrella más cercana a la Tierra, Próxima Centauri, se encuentra a tan solo 4.2 años luz de distancia.

Aparentemente los astrónomos han detectado que solamente orbita un solo planeta en Ross 128, y no como sucede con Trappist 1, una estrella enana roja que se encuentra a unos 40 años luz que tiene, nada más y nada menos, que siete planteas orbitando a su alrededor.

Pero a diferencia de estas estrellas, Ross 128, que se encuentra a unos 11 años luz de la Tierra, es una estrella que tiene un buen “comportamiento”, sin las violentas erupciones de radiación que producirían que la vida no se pudiera formar ahí.

“Las violentas erupciones de radiación lo que hacen es esterilizar la atmósfera de un planeta”, afirma Xavier Bonfils del Instituto de Planetología y Astrofísica de Grenoble, Francia, y quien señala también que “Ross 128 es uno de los planetas más quietos y con mejor comportamiento de nuestro vecindario”.

El hallazgo de este nuevo planeta ha aparecido publicado en la revista Astronomía y Astrofísica, una de las más importantes del mundo en la materia.

Hay que señalar también que los astrónomos no observaron directamente el planeta, pero en su lugar utilizaron un telescopio en Chile con la finalidad de medir pequeños “bamboleos” en la longitud de onda de la luz que proviene de la estrella. Estos “bamboleos” o pequeños movimientos son provocados por la fuerza de gravedad que produce el planeta.

La magnitud de los “bamboleos” indican que el planeta es 1.35 más masivo que la Tierra, pero no se descarta que pueda tener dos veces la masa de la Tierra.

Los instrumentos que actualmente utilizan los astrónomos no son lo suficientemente sensibles para detectar planetas del tamaño de la Tierra y mucho menos son capaces de detectar planetas en órbitas alrededor de estrellas como el Sol. Por el contrario, es más fácil detectar planetas parecidos a la Tierra alrededor de estrellas menos luminosas y mucho más frías como las conocidas como enanas rojas, que son las estrellas más comunes en la Vía Láctea.

Por otro lado, los astrónomos han descubierto en las dos últimas décadas una abundante cantidad de estrellas que literalmente abrazan planetas, situación que es muy diferente a lo que sucede en nuestro sistema solar. El planeta de Ross 128 se encuentra a tan solo 4.5 millones de millas de la estrella, una órbita mucho más cercana que los 93 millones de millas que separan a la Tierra del Sol. Aún Mercurio, uno de los planetas más cercanos al Sol, se encuentra a 36 millones de millas de nuestro astro rey.

Así, si el nuevo planeta descubierto estuviera a la misma distancia de su estrella enana roja que el Sol de la Tierra, sería completamente frío, debido a que las estrellas enanas rojas producen mucho menos energía, mucho menos calor, que el Sol. Pero como este planeta se encuentra muy cerca de su estrella Ross 128, es muy probable que absorba suficiente calor para generar agua líquida, que es uno de los requisitos fundamentales para que exista vida.

De acuerdo con lo que dice Bonfils, Ross 128 podría tener cinco mil millones de años y por tanto es mas viejo que nuestro Sistema Solar.

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Traducido y editado por Julio García

Referencia: https://www.nytimes.com/2017/11/15/science/planet-ross-128.html?rref=collection%2Fsectioncollection%2Fscience&action=click&contentCollection=science&region=rank&module=package&version=highlights&contentPlacement=7&pgtype=sectionfront

 

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Planetas como la Tierra que giran en torno a estrellas pequeñas, con mayor probabilidad de albergar vida, revela estudio

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Planetas del tamaño de la Tierra, orbitando estrellas pequeñas, probablemente tengan campos magnéticos que los protegerían de la radiación que emite su astro y les ayudaría a mantener las condiciones de su superficie que ayudarían para que la vida se pueda desarrollar.  A esta conclusión han llegado astrónomos de la Universidad de Washington.

El campo magnético de un planeta emanaría del centro del planeta y ayudaría a desviar las partículas cargadas del viento solar, protegiendo a la atmósfera de diluirse y finalmente perderse en el espacio. Los campos magnéticos, que nacen por las temperaturas frías del interior de los planetas, podrían proteger la vida de radiaciones dañinas, como lo hace el campo magnético de la Tierra.

Las estrellas de poca masa son muy comunes en el universo. Los planetas que orbital este tipo de estrellas son fáciles de detectar por los astrónomos debido a que, cuando transitan, o pasan enfrente de su estrella, bloquean una larga fracción de la luz, mucho más larga que la luz que podría ser bloqueada de una estrella mucho más masiva. Pero debido a que este tipo de estrellas pequeñas no irradian mucha energía en su zona de habitabilidad (que es la zona donde un planeta que orbita adquiere el calor necesario para sustentar la vida), el planeta en cuestión debe de estar más cerca de su estrella para ser habitable.

Y un planeta tan cerca de su estrella es objeto del empuje gravitatorio que ejerce esta última, produciendo que el planeta adquiera una órbita de tipo ancla, donde la luz de la estrella solamente es emitida a una de las caras del planeta, tal y como sucede con la Luna, por ejemplo, donde hay una cara que siempre ver al Sol mientras que la otra siempre permanece en absoluta obscuridad.

En una investigación publicada el 22 de septiembre en la revista Astrobiología, el principal autor del trabajo, Peter Driscol, trató de determinar el destino de estos mundos a través del tiempo: “La pregunta que quiero hacer es, alrededor de estas estrellas pequeñas, donde la gente va a buscar planetas, ¿éstos planetas van a quedar rostizados por las mareas gravitacionales? Driscoll también tiene curiosidad sobre el efecto de estas mareas gravitacionales en los campos magnéticos por largos periodos de tiempo,

La investigación combinó modelos de interacciones orbitales y calor realizadas por el investigador Rory Barnes, profesor asistente de astronomía, con otros modelos de evolución térmica que suceden en el interior de los planetas.

Las simulaciones van desde estrellas con 1 masa solar (estrellas del tamaño del Sol) hasta estrellas con una masa menor. Mediante la fusión de sus modelos, Barnes afirmó que la idea fue “producir una imagen más realista de lo que está sucediendo dentro de estos planetas”.

Barnes comentó también que existe un sentimiento general en la comunidad astronómica respecto a que los planetas que tienen órbitas de tipo ancla tienen menos probabilidad de poseer un campo magnético protector y, por ende, están completamente a merced de su estrella.

Y lejos de ser dañino para el campo magnético del planeta, las órbitas ancladas de hecho ayudan a que la vida se pueda desarrollar sin problema en un determinado planeta.

Esto se debe a una cuestión un tanto contraintuitiva que tiene que ver con que entre más calor experimenta el manto de un planeta, mayor es su capacidad para disipar el calor. Este fenómeno, por consiguiente, enfría el núcleo del planeta y ayuda a crear campos magnéticos que, como hemos dicho, ayudarían a crear las condiciones necesarias para la formación de vida.

Barnes ha afirmado que en las simulaciones por computadora es posible generar campos magnéticos que provocarían un aumento en la posibilidad de vida.

“Estos resultados preliminares son prometedores, pero aún seguimos sin saber como cambiarían en planetas como Venus, donde el lento enfriamiento está obstaculizando la creación de un campo magnético. En el futuro, los campos magnéticos de los planetas extrasolares podrían ser observados, de tal suerte que veremos un interés mucho mayor de los científicos en este tema tan importante”, afirma Barnes.

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Traducido y editado por Julio Moll. 

Referencia: http://www.astrobio.net/topic/deep-space/cosmic-evolution/earth-like-planets-around-small-stars-likely-have-protective-magnetic-fields-aiding-chance-for-life/

Encuentran planeta parecido a Júpiter

51eridani

Una de las mejores maneras de aprender cómo evolucionó nuestros Sistema Solar es observar a un sistema estelar joven en sus primeras etapas de desarrollo. Recientemente, un equipo de astrónomos, que incluye a investigadores de la NASA, descubrió un planeta parecido a Júpiter con un sistema solar también joven que servirá para comprender mejor cómo se formó nuestro propio Sistema Solar.

El nuevo planeta, llamado 51 Eridani, es el primer exoplaneta descubierto por el “Gemini Planet Imager” (GPI), un nuevo instrumento operado por una colaboración internacional el cual está instalado en el telescopio de 8 metros South Gemini Telescope que se encuentra en Chile. El GPI  ha sido diseñado especialmente para descubrir y analizar planetas jóvenes que se encuentran muy alejados. Planetas que orbitan estrellas jóvenes a través de una técnica llamada “imagen directa”, en donde los astrónomos utilizan óptica adaptativa para hacer la imagen más nítida de una estrella determinada. Lo que hace esta interesante técnica es bloquear la luz que produce la estrella en la cual se encuentra el planeta que la orbita. Poca luz que se produce es analizada y los brillantes puntos indican la posibilidad de que en ese lugar existe un planeta.

Otros métodos de detección planetaria son indirectos, como el llamado método de tránsito utilizado por el telescopio Kepler de la NASA, en donde se mide la disminución de la cantidad de luz cuando un planeta pasa enfrente de su estrella.

Los astrónomos han podido determinar también que el astro 51 Eridani es joven y tiene una edad de apenas 20 millones de años, esto hace posible que la detección del planeta haya sido fácil. Cuando los planetas chocan, el material que cae en el planeta se calienta y libera energía. Dentro de los próximos cientos de millones de años, el planeta irradiará energía en forma de luz infrarroja.

Las observaciones a través del GPI han revelado, además, que 51 Eridani B posee dos veces la masa de Júpiter. Otros planetas que han sido observados tienen hasta 5 veces más masa que Júpiter o más. Adicionalmente, además de ser el exoplaneta con menor masa detectado, también es el más frío, con 800 grados Fahrenheit, mientras que otros suelen tener 1,200 grados Fahrenheit. También se ha detectado en Eridani B una atmósfera muy poderosa compuesta principalmente de metano.

En descubrimientos previos de planetas como Júpiter se han encontrado pocas muestras de metano, bastante más diferente de las firmas que distinguen del metano que se puede observar en los gigantes gaseosos en nuestro sistema solar como Saturno, Júpiter o Neptuno.

En la atmósfera de los planetas fríos y gigantes de nuestro sistema solar, el carbono es encontrado en forma de metano, y a diferencia de muchos exoplanetas donde el carbono se ha encontrado en forma de monóxido de carbono. “Desde que se descubriera que la atmósfera de 51 Eridani B es rica en metano, esto significa que este planeta se convertirá en uno de los primos de Júpiter”, afirma Mark Marley, astrofísico de la NASA.

Adicionalmente, además de que el GPI expande nuestro conocimiento sobre planetas fuera del Sistema Solar, también ofrece pruebas interesantes sobre cómo se puedo haber formado éste. Así, los astrónomos consideran que los planetas gigantes en nuestros propio Sistema Solar se formaron a partir de crear un gran centro o núcleo hace unos millones de años. Posteriormente, ese centro empezó a atraer, gracias a la fuerza de gravedad, grandes cantidades de hidrógeno y otros gases para formar una atmósfera. Pero los planetas como Júpiter que han sido descubiertos son mucho más calientes de lo que los modelos han predicho, dando pistas de que estos se formaron más rápido en la medida en que la materia colapsa rápidamente para crear un planeta muy caliente. Ésta es una importante diferencia ya que, utilizando el GPI para estudiar más sistemas solares jóvenes como 51 Eridani, ayudará a los astrónomos a comprender la formación de nuestros planetas vecinos, y que tan común esos mecanismos de formación planetaria se producen a lo largo y ancho del universo.

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Traducido y editado por Julio García. 

Referencia: http://www.nasa.gov

 

 

 

La mayoría del agua en la Tierra es más vieja que el Sol

agua

por Julio García.

Es un hecho que el agua está presente en nuestro Sistema Solar: no únicamente en la Tierra. Pero lo que hasta ahora no se sabía es que el vital líquido estuvo ahí desde antes del nacimiento del Sol.

El hallazgo sugiere que el agua está comúnmente incorporada en los planetas recién formados que se encuentran por toda la galaxia y más allá. Este nuevo descubrimiento significa que en otros sitios del universo podría haber vida, tal vez hasta en los lugares menos esperados.

“Las implicaciones de nuestro estudio son que el agua que se encuentra entre las estrellas ha sobrevivido el increíble proceso violento que implica el nacimiento de una nueva estrella. De hecho, el agua fue depositada en los planetas debido a este violento proceso”, afirma Ilse Cleeves, un astrónomo que estudia su doctorado en la Universidad de Michigan en Estados Unidos.

Hasta el momento, los astrónomos han confirmado la existencia de alrededor de 2,000 exoplanetas (planetas que se encuentran más allá del Sistema Solar) y  millones de ellos aún no se han detectado en las profundidades del espacio. En promedio, cada estrella de nuestra Vía Láctea hospeda al menos un planeta.

En este sentido, nuestro Sistema Solar tiene agua en abundancia y los océanos no solamente están presentes en la superficie de la Tierra sino también debajo de la superficie de las capas de hielo de la luna de Júpiter llamada Europa y del satélite de Saturno de nombre Enceladus. También podemos encontrar agua en los polos de Marte y hasta dentro de los cráteres de Mercurio (el planeta más cercano al Sol y que tiene una débil atmósfera).

Para Conel Alexander del Instituto Carnegie de Washington, “si el agua en el Sistema Solar primitivo estuvo presente en forma de hielo que venía del espacio interestelar, entonces es probable que este hielo, junto con los organismos prebióticos que contenían, deben ser abundantes en la mayoría de los discos protoplanterios que se formaron alrededor de las estrellas en formación”. Lo que Conel nos está diciendo es que la vida se puede formar, inclusive, si no existe un Sistema Solar ya formado. La vida pudo haber existido, pues, desde antes de que todos los planetas se formaran.

Pero hay que decir también que no toda el agua es H2O, ya que algunas moléculas de agua contienen deuterio: un isótopo muy pesado de hidrógeno que contiene un protón y un neutrón en su núcleo. (Los Isótopos pueden ser definidos como diferentes versiones de un elemento cuyos átomos tienen el mismo número de protones, pero diferente número de neutrones. El más común isótopo del hidrógeno, conocido como protium, por ejemplo, tiene un protón pero no tiene neutrones).

Debido a que tienen diferente cantidad de masa, el deuterio y el protium se comportan de manera diferente cuando se producen reacciones químicas. Algunos ambientes son proclives a formar agua más pesada, incluyendo los lugares que son súper fríos como lo es el espacio interestelar.

Por otro lado, los científicos se dedican a crear modelos que simulan reacciones en un disco protoplanteario, en un esfuerzo por determinar si los procesos durante los primeros días en que se formó el Sistema Solar podrían haber generado las concentraciones de agua pesada observada actualmente en los océanos de la Tierra, en el material que forma a los cometas y en las muestras de meteoritos.

De todo esto se concluye que el agua en todo el Sistema Solar se pudo haber formado antes que el propio Sol. Si el agua estuvo presente antes de que se formaran los plantas, ¿pudo provenir la vida de otras partes del universo o de otros planetas como Marte? La respuesta a esta última pregunta, de dónde provino la vida realmente, es uno de los misterios que siguen sin responderse con certeza.

Lo que sí es cierto, a partir de lo que indica este estudio, es que la mayoría del agua en la Tierra es más vieja que el Sol. Esto ayudar a comprender mejor la formación de otros Sistemas Solares y, por que no, hasta podríamos encontrar alguna forma de vida primitiva o avanzada en alguno de estos planteas nuevos. De hecho, recientemente se acaba de descubrir vapor de agua en un planeta que se encuentra en una estrella cercana a la Tierra.

Referenciahttp://www.space.com/27256-earth-water-older-than-sun.html?cmpid=514630_20140925_32306396

Descubren planeta como la Tierra pero 17 veces más grande

Un grupo de científicos han descubierto el “Godzilla de la Tierra”: un nuevo tipo de inmenso y rocoso mundo alienígena que se encuentra a 560 años luz de nuestro planeta.

Kepler-10c, como ha sido bautizado, pesa 17 veces más que la Tierra y gira entorno a una estrella como el Sol en la constelación de Draco.

Pese al descubrimiento, los científicos todavía no están seguros de que el planeta encontrado pueda realmente existir. Esto se debe a que a que planetas del tamaño de Kepler-10c deberían ser gaseosos y tener la “habilidad” de ir recolectando hidrógeno para convertirse en planetas como Júpiter que están formados mayoritariamente por gas. Lo curioso de todo esto es que los científicos sí han comprobado que este planeta es rocoso pese a ser tan grande.

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Hay que decir también que el super-planeta orbita su estrella cada 45 días y probablemente esté tan cerca del astro que lo hospeda que esto hace imposible que exista vida tal y como la conocemos. Otro dato interesante es que no se encuentra solo: junto a él órbita otro planeta, Kepler-10, que tiene 3 veces el tamaño de la Tierra.

Para confirmar que el planeta realmente es rocoso y no gaseoso, el astrónomo Xavier Dumusque y su equipo utilizaron el Telescopio Nacional Galileo que se encuentra en las islas Canarias, todo esto con la finalidad de medir con mucha precisión la masa del planeta.

Los científicos también creen que el sistema Kepler-10c es bastante viejo y probablemente se formó tan solo 3,000 millones de años después del Big Bang, lo que indicaría que los planetas rocosos se formaron mucho antes de lo esperado y abre la posibilidad de que también pueda existir vida en ellos.

También es posible que los cazadores de exoplanetas encuentren más planetas parecidos a la Tierra en la medida en que observan y estudian el universo a través de instrumentos ópticos y no ópticos cada vez más potentes.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Space.com