Archivo de la categoría: Exobiología

Un científico piensa enviar a otros planetas los ladrillos fundamentales de la vida y dice cómo

Un físico teórico alemán ha propuesto una modificación a la primera nave espacial interestelar que le permita desacelerar lo suficiente como para orbitar un exoplaneta (un planeta más allá del Sistema Solar) y potencialmente sembrar una segunda Tierra. Sin embargo, el tiempo de viaje de 12,000 años podría dificultar la obtención de apoyo para la misión.

En los últimos 30 años, la opinión popular sobre a dónde debe de ir el ser humano al espacio ha oscilado entre una nueva misión a Marte y un regreso a la Luna.

Teniendo en cuenta la mezcla heterogénea de problemas que nos hemos creado en el planeta Tierra, desde problemas ecológicos y económicos, tales objetivos de exploración y colonización pueden tener una raíz egoísta, pero hay que tener en cuenta que es posible que necesitemos encontrar un segundo planeta Tierra para que las generaciones futuras puedan sobrevivir al posible desastre ecológico que se avecine.

Sin embargo, incluso las estimaciones de colonización más óptimas se miden en décadas, y no hay garantía de que sobreviviremos el resto de este siglo y mucho menos el tiempo suficiente para expandir de manera efectiva a la humanidad en toda la galaxia.

Pero ¿qué tal si en este momento pudiéramos comenzar el proceso de sembrar vida en otros mundos? La humanidad no podría sobrevivir tal vez, pero sí otro tipo de forma de vida.

Claudius Gros, un físico teórico de la Universidad de Goethe en Frankfurt Alemania cree deberíamos considerarlo.

Gros cree que sembrar vida en todo el cosmos tiene prioridad sobre la colonización humana y el también cree que este proceso de sembrar intencionalmente otros planetas en el universo con vida, más sucintamente conocido como “panspermia deliberada”, está dentro de nuestra capacidad tecnológica.

Breakthrough Starshot es un ambicioso proyecto que busca enviar la primera sonda espacial a la estrella más cercana al Sol, Alfa Centauro, utilizando un sistema propulsión láser.

Ese viaje tomaría alrededor de 20 años y requerirá que una nave que pese un gramo se acelere a una velocidad de 160 millones de kilómetros por hora o un quinto de la velocidad de la luz.

La sonda en cuestión no tendrá un sistema de frenado y se espera que tome fotos poco antes de acercarse a la estrella.

En un reciente estudio publicado en la revista Journal of Physics of Communications, Gros propone que utilicemos ese mismo sistema de propulsión por láser para enviar una nave espacial de 1,5 toneladas a velocidades más bajas para que para que podamos hacer más que solamente tomar fotografías.

A Gros le gustaría alcanzar una órbita estable de un exoplaneta y sembrar otros mundos con vida a través de pequeños laboratorios integrados que producirían genes y células. El objetivo declarado es TRAPPIST-1, pero otros exoplanetas, como el recientemente descubierto Ross 128b, también están en consideración.

La hipotética nave espacial de 1,5 toneladas de Gross que se utilizaría para sembrar vida se lanzaría desde la Tierra y los enormes láseres terrestres dirigidos a la ligera vela de 50 kilómetros de ancho que estaría anclada a la sonda la impulsarían aproximadamente al 30% de la velocidad de la luz.

A diferencia de la pequeña sonda utilizada para la misión de Alfa Centauro, la nave espacial de Gros necesitaría poder detenerse una vez que llegar a su destino , por lo que ideó una forma de hacerlo utilizando una vela magnética que generaría fricción con protones.

Esto permitiría que la sonda se desacelerara en el camino, algo parecido a hacer que un automóvil se detenga por completo y de golpe en medio de una carretera.

“La razón de la vela magnética es para crear un campo magnético sin perder energía”, dijo el investigador. “Tú no quieres gastar energía así que generarás el campo una vez, y luego con un circuito superconductor, la corriente permanece para siempre y el campo magnético también permanece para siempre”.

De acuerdo con Gros, la vela magnética tendría un radio de aproximadamente 50 kilómetros y cada uno de sus bucles generaría un campo magnético. Estos campos cambiarían el impulso de la sonda en función de la cantidad de partículas que fuera encontrándose en su camino.

Esencialmente, los protones entre la Tierra y el destino de la sonda crearían la fricción necesaria para desacelerar.

Puede parecer extraño imaginar una sonda gigante siendo ralentizda por algo tan pequeño e insignificante como los protones.

Para complicar aún más la situación, los científicos sospechan que restos de antiguas supernovas pudieron haber barrido gases del espacio que rodea nuestro Sistema Solar y los que están cerca de él, reduciendo así la densidad de la materia.

Sin embargo, Gros explicó que incluso con esa menor concentración de materia, el diseño que él propone podría proporcionar la fricción necesaria para frenar la hipotética nave espacial lo suficiente como para orbitar, y no solamente sobrevolar, un expoplaneta. “Se puede frenar por fricción desde el medio interestelar”, apunta.

Para Gros, su hipotética misión finalmente obliga a la humanidad a considerar una cuestión metaética. El sistema ético más natural para nuestra especie es uno que nos coloca en el centro y así es como vivimos. Pero, ¿debemos seguir este imperativo el 100% del tiempo? Gros no lo cree así.

“Un sistema ético en el que está centrado en un 99 por ciento en la humanidad es suficiente para construir una civilización próspera, y el 1 por ciento restante nos permite seguir proyectos “no racionales” como el proyecto Génesis”, señala.

___________________________________

Traducido y editado por Julio García

Referencia: http://www.sciencealert.com/scientist-plan-to-send-life-to-distant-exoplanets-breakthrough-starshot

 

 

Anuncios

Los cúmulos de estrellas podrían albergar civilizaciones interestelares

The NASA/ESA Hubble Space Telescope has captured a crowd of stars that looks rather like a stadium darkened before a show, lit only by the flashbulbs of the audience’s cameras. Yet the many stars of this object, known as Messier 107, are not a fleeting phenomenon, at least by human reckoning of time — these ancient stars have gleamed for many billions of years. Messier 107 is one of more than 150 globular star clusters found around the disc of the Milky Way galaxy. These spherical collections each contain hundreds of thousands of extremely old stars and are among the oldest objects in the Milky Way. The origin of globular clusters and their impact on galactic evolution remains somewhat unclear, so astronomers continue to study them through pictures such as this one obtained by Hubble. As globular clusters go, Messier 107 is not particularly dense. Visually comparing its appearance to other globular clusters, such as Messier 53 or Messier 54 reveals that the stars within Messier 107 are not packed as tightly, thereby making its members more distinct like individual fans in a stadium's stands. Messier 107 can be found in the constellation of Ophiuchus (The Serpent Bearer) and is located about 20 000 light-years from the Solar System. French astronomer Pierre Méchain first noted the object in 1782, and British astronomer William Herschel documented it independently a year later. A Canadian astronomer, Helen Sawyer Hogg, added Messier 107 to Charles Messier's famous astronomical catalogue in 1947. This picture was obtained with the Wide Field Camera of Hubble’s Advanced Camera for Surveys. The field of view is approximately 3.4 by 3.4 arcminutes.

Un nuevo estudio sugiere que los cúmulos de estrellas son sitios asombrosos en muchos sentidos porque, su densidad, permite que existan millones de estrellas en un radio de tan solo 100 años luz. Estos cúmulos se remontan a los orígenes de la Vía Láctea y su existencia podría estar ligada con la existencia de vida extraterrestre en el sentido de que podrían ser un buen sitio para el surgimiento de vida.

“Un cúmulo de estrellas puede ser el primer sitio en el cuál la vida inteligente puede ser identificada”, afirma Rosanne DiStefano, del Centro de Astrofísica de la Universidad de Harvard-Smithsonian.

DiStefano presentó esta investigación en una conferencia de prensa que recientemente tuvo lugar en un encuentro de la Sociedad Americana de Astronomía.

La Vía Láctea, nuestra galaxia, contiene alrededor de 150 cúmulos estelares; la mayoría de estos cúmulos orbitan la parte más externa de la galaxia. Se cree que se formaron hace unos 10 mil millones de años. Como consecuencia de su edad, las estrellas que pertenecen a estos cúmulos contienen muy pocos elementos pesados que son necesarios para formar planetas, ya que estos elementos (como el hierro y el silicón) se forman en generaciones jóvenes de astros. Algunos científicos arguyen que esto hace que los cúmulos de estrellas sean considerados como lugares poco probables para albergar planetas. De hecho, y hasta la fecha, solamente un planeta ha sido identificado residiendo en uno de estos cúmulos.

Sin embargo, DiStefano y su colega Alak Ray, argumentan que este punto de vista es muy pesimista y afirman que los expoplanetas han sido encontrados alrededor de estrellas con tan solo un 10% de todo el metal que tiene el Sol. Y mientras que planetas del tamaño de Júpiter han sido hallados preferentemente alrededor de estrellas que contienen altos niveles de elementos pesados, los planetas del tamaño de la Tierra sí que pueden encontrarse en cualquier tipo de ambiente por muy hostil que este sea. Al menos es lo que ellos opinan.

Otra de las preocupaciones es que el ambiente tan cargado de los cúmulos de estrellas (el ambiente tan lleno de éstas), amenazaría la presencia de planetas que se pudiesen formar. De hecho, se cree que una estrella vecina cercana a uno de estos hipotéticos sistemas planetarios, causaría que su atracción gravitatoria obligara a estos planetas a vivir en una eterna edad de hielo que impediría a su vez la formación de vida.

Ahora bien, la zona de habitabilidad de una estrella (que es el punto exacto donde el agua sería lo suficientemente caliente para que ésta se presente en estado líquido), varía dependiendo del tamaño y la intensidad de energía que produce un astro. Mientras que las estrellas más brillantes suelen tener a mayor distancia la zona de habitabilidad, aquellas estrellas que poseen poco brillo tienen la zona de habitabilidad mucho más cerca. También es importante mencionar que las estrellas más brillantes tienen un periodo de vida más corto y debido a que a los cúmulos de estrellas suelen ser viejos, por consiguiente la mayoría de las estrellas más brillantes ya han muerto, dejando solamente la presencia de estrellas que viven mucho más tiempo como las enanas rojas. En este caso, cualquier planeta que se encuentre orbitando una enana roja tendrá menos probabilidad de que el tirón gravitatorio de una estrella vecina le afecte.

“Una vez que los planetas se forman, pueden sobrevivir por largos periodos de tiempo, inclusive aún más que la edad actual del universo”, explica DiStefano.

Entonces, si los planetas habitables se pueden formar en cúmulos de estrellas y pueden sobrevivir por millones de años, ¿qué consecuencias tiene esto para la formación y evolución de la vida? Dado este escenario, podemos decir que la vida podría ser bastante compleja y podría dar lugar a la formación de vida inteligente como la nuestra.

Una civilización de este tipo disfrutaría de un ambiente totalmente diferente al que actualmente hay en la Tierra. La estrella más cercana a nuestro Sistema Solar se encuentra a unos 4 años luz de nosotros (se llama Alpha Centauro), en un ambiente como el que existe en un cúmulo de estrellas, esa distancia se reduciría unas 20 veces, por lo que la comunicación entre  inteligencias de diferentes sistemas podría estar presente y sería sumamente interesante.

“Nosotros le podríamos llamar a esto ´la oportunidad del cúmulo estelar´, afirma DiStefano. “Ya que enviar una señal de radio entre dos estrellas no tomaría el tiempo que llevó enviar un mensaje de Estados Unidos a Europa en el siglo XVIII.

___________________________________

Traducido y editado por Julio Moll. 

Referencia: http://www.astrobio.net/topic/deep-space/alien-life/globular-clusters-could-nurture-interstellar-civilizations/

La vida más allá de la Tierra no parece existir en 100,000 galaxias, revela estudio

Untitled39

Después de buscar en alrededor de 100,000 galaxias signos de una avanzada civilización extraterrestre, un equipo de científicos, utilizando observaciones del telescopio WISE de la NASA, no han encontrado, hasta el momento, ningún tipo de evidencia.

“La idea detrás de nuestra investigación es que, si una galaxia entera ha sido colonizada por una civilización avanzada, la energía producida por esta civilización sería detectable en frecuencias de microondas cercanas al rojo, exactamente el tipo de radiación que el satélite WISE ha sido diseñado para detectar pero para otros propósitos astronómicos”, afirma Jason T. Wright, profesor asistente de la Universidad de Penn.

Fue en los años 60 cuando el físico teórico Freeman Dyson propuso que una civilización avanzada más allá de la Tierra podría ser detectada a partir de las emisiones que esta produjera en el infrarrojo medio. Y es gracias al telescopio WISE, como a los trabajos de Roger Griffith, como se ha podido descartar esta posibilidad, es decir, que hasta la fecha no existe ninguna civilización que emita en el infrarrojo algún tipo de señal que arroje luz sobre su propia existencia.

De cualquier manera, afirma Wright, que el equipo no haya detectado la presencia de alguna civilización en alguna de estas galaxias, es un muy interesante resultado científico. “Nuestros resultados significan que, de las 100,000 galaxias que WISE ha podido analizar con suficiente detalle, ninguna de ellas está poblada por una civilización avanzada. Esto es interesante porque muchas de estas galaxias tienen miles de millones de años de existir, por lo que sería muy fácil que tuvieran una civilización viviendo en su seno. Pero probablemente sí existan pero no tienen la suficiente energía para poder emitir en el infrarrojo”, señala.

Hay que decir que la búsqueda de vida en otras planetas, o en otras galaxias, no se limita únicamente a lo que se puede detectar en regiones del infrarrojo, sino que también se utilizan ondas de radio, en otras longitudes de onda, para lograrlo. Recordemos que a lo largo y ancho del mundo existen radiotelescopios, como el de Arecibo en Puerto Rico, que se dedican a buscar vida en otros planetas a partir de las ondas de radio que una civilización lejana pudiese emitir. Un ejemplo concreto de esta búsqueda es el proyecto SETI, el cual surgió en 1970 bajo el patrocinio de la NASA, y que cuenta con una gran comunidad en internet (más de 5 millones de usuarios) que desde sus computadoras se dedican a ayudar a la organización a buscar la presencia de vida en otros planetas. Hasta el momento no han tenido mucha suerte pese a que la búsqueda continúa.

Hat_Creek_observatory_CA_telescopes_t658
Antenas del telescopio Allen en California.

De hecho, existe un proyecto bastante ambicioso llamado The Allen Telescope Array, liderado por el Instituto SETI y el Laboratorio de Radioastronomía de la Universidad de Berkley en California que busca encontrar vida en otros planetas a partir de un arreglo interferométrcio conformado por 350 pequeños platos que sirven como antenas. El 11 de octubre de 2007 se hizo la primera prueba con 47 de las 350 antenas.

Lo valioso de este tipo de telescopios es que cada una de estas antenas están interconectadas entre sí, trabajan al unísono, convirtiéndolo en uno de los radiotelescopios más grandes y poderosos del mundo, el cual también será utilizado para otro tipo de observaciones astronómicas.

___________________________________

Traducido y editado por Julio García. 

Referencia: http://www.astrobio.net/topic/deep-space/alien-life/search-for-advanced-civilizations-beyond-earth-finds-nothing-obvious-in-100000-galaxies/

Detectan por primera vez moléculas orgánicas fuera del Sistema Solar

6a00d8341bf7f753ef01b8d0feb34a970c-800wi

Por primera vez, un equipo de astrónomos han detectado la presencia de moléculas orgánicas complejas, los ladrillos de la vida, en un disco protoplantario rodeando una estrella joven. El descubrimiento, hecho con el telescopio Milimétrico/Submilimétrico de Atacama en Chile (mejor conocido por sus siglas como ALMA), reafirma que las condiciones que se generan en la Tierra y el Sol no son únicas en el universo.

Las nuevas observaciones de ALMA revelan que el disco protoplanetario que rodea a la estrella MWC 480 contiene grandes cantidades de cianuro de metilo (CH3CN), que es una molécula compleja basada en el carbono. De hecho se ha descubierto que hay suficiente de esta molécula como para llenar todos los océanos de la Tierra. El nombre MWC 480 se refiere al Catálogo del Monte Wilson de estrellas tipo B y A que tienen líneas brillantes de hidrógeno en su espectro.

Tanto las moléculas de cianuro de metilo, como de cianuro de hidrógeno (que es su prima), fueron encontradas en el disco frío y distante que recientemente se está formando alrededor de la estrella en cuestión, en una región que los astrónomos creen es análoga al cinturón de Kuiper, una región formada en nuestro propio Sistema Solar que se encuentra más allá de la órbita de Neptuno y que contiene pequeños cuerpos formados por hielo y, por su puesto, por cometas.

Los cometas son muy importantes porque retienen información de la primera química que se dio en el Sistema Solar hace millones de años, en el periodo de formación planetaria. De hecho se cree que los cometas y asteroides que se encuentran en este cinturón de Kuiper, sembraron la Tierra con agua y moléculas orgánicas, ayudando a crear y desarrollar las primeras formas de vida de nuestro planeta.

“Los estudios de cometas y asteroides muestran que la nebulosa solar que generó al Sol y los planetas era rica en agua y complejos compuestos orgánicos”, afirma Karin Öberg, astrónomo de la Universidad de Harvard y uno de los autores principales de este nuevo trabajo. También comenta que esto es particularmente intrigante, ya que las moléculas encontradas en MWC 480 también han sido halladas en concentraciones similares en los cometas del Sistema Solar.

La estrella MWC 480, que tiene dos veces la masa del Sol, está situada a 455 años luz en una región de formación estelar en la constelación de Tauro. El disco que rodea a la estrella se encuentra, apenas, en sus primeras etapas de formación.

Los astrónomos han sabido, ya desde algún tiempo, que las frías y obscuras nubes interestelares  resultan ser eficientes fábricas para la formación de moléculas orgánicas complejas, incluyendo un grupo de moléculas conocidas como cianuros. Los cianuros, y más específicamente los cianuros de metilo, son importantes porque contienen vínculos con moléculas de nitrógeno y carbono, que son esenciales para la formación de aminoácidos, que son a su vez esenciales para la formación de proteínas y de los ladrillos fundamentales para la vida.

Hasta ahora, sigue siendo poco claro si estas complejas moléculas orgánicas pueden sobrevivir en el ambiente energético que de lugar a la formación de un nuevo sistema solar, donde la radiación fácilmente rompe los enlaces químicos.

Pero, explotando la gran sensibilidad del telescopio ALMA, los astrónomos pueden evidenciar, a partir de las últimas observaciones, que estas moléculas no solamente sobreviven, sino también florecen. ALMA es capaz de detectar la débil radiación que es naturalmente emitida por moléculas en el espacio. Debido a que el telescopio no se encuentra funcionando al 100%, los astrónomos utilizaron una porción de las 66 antenas cuando dicho telescopio estaba en su configuración de resolución más baja. Estudios adicionales de este y de otros discos protoplanetarios con todas las capacidad de ALMA, revelarán datos adicionales sobre la estructura química y la evolución estructural de estrellas y planetas.

De manera importante hay que decir que las moléculas detectadas por ALMA son mucho más abundantes que lo que se encontraría en las nubes interestelares. Esto les dice a los astrónomos que los discos protoplanetarios son muy eficientes a la hora de formar complejas moléculas orgánicas y que son fáciles de formarse en breves periodos de tiempo.

“A partir del estudio de los exoplanetas, ahora podemos saber que el Sistema Solar no es único cuando a número de planetas y abundancia de agua”, concluye Oberg. “Ahora sabemos que el Sistema Solar no es el único lugar donde puede haber moléculas orgánicas. Una vez mas hemos aprendido que no somos especiales. Desde el punto de vista de la vida en el universo, éstas son grandes noticias”, concluye.

___________________________________

Traducido y editado por Julio García. 

Referencia: http://www.dailygalaxy.com/my_weblog/2015/04/a-fine-tuned-universe-complex-organic-molecules-discovered-in-infant-star-system.html

¿Frío o caliente? La historia del agua en Marte da un nuevo giro

Artist’s impression of Mars four billion years ago

Un nuevo análisis que ha durado cerca de seis años, sobre el agua que pudo haber tenido Marte, afirma que éste planeta ha perdido agua equivalente a un océano en un periodo que se puede calcular en cuatro mil millones de años.  Sin embargo, la pregunta de si Marte fue alguna vez lo suficientemente cálido para albergar un océano sigue siendo un debate.

La investigación, llevada a cabo gracias al Observatorio del Sur de Europa que se encuentra en Chile, y con el apoyo del Observatorio WM Keck de la NASA, ha revelado cuánta agua ha escapado de la atmósfera marciana a lo largo de la historia. Los resultados sugieren que la pérdida de agua se ha producido en la cara norte del planeta, donde, se piensa, hubo un océano de 1,6 kilómetros, cubriendo el 19% de la superficie de nuestro vecino mundo.

“Esto implica que una sustancial cantidad de agua estuvo presente durante el primer 1 mil millones de años, aumentando la posibilidad de que el planeta alguna vez fue habitable”, afirma Gerónimo Villanueva, un científico planetario del Centro Espacial Goddard de la NASA en Estados Unidos.

El equipo de Villanueva analizó la química de las moléculas de agua para trazar la historia del agua en Marte a través del tiempo. Las moléculas de agua tienen dos partes de hidrógeno y una parte de oxígeno, pero el hidrógeno también puede provenir de forma alternativa como un isótopo pesado llamado “deuterio” que tiene un protón y un neutrón en su núcleo, en lugar de un solo protón como tienen regularmente los átomos de hidrógeno. Las moléculas de agua que contienen deuterio pueden venir en dos formas: como deuterio pesado (con dos átomos de deuterio) y semi pesado (con un átomo de deuterio y un átomo de hidrógeno). Cuando el agua no es pesada, cuando no viene en forma de deuterio, puede ser arrancada muy fácilmente de la superficie y enviada a la atmósfera hasta desaparecer en el espacio.

Durante millones de años, esta pérdida de agua ha dejado a Marte enriquecido con agua semi-pesada, que, comparada con el agua regular, tiene un factor siete veces mayor que el radio de la Tierra.

Hay que señalar que, por supuesto, Marte sigue teniendo agua, la cual se encuentra alojada debajo de la capa de sus polos. Si pudiésemos tomar toda el agua que existe actualmente en Marte, y la pudiésemos poner en forma líquida en su superficie, formaría un océano de 21 metros de profundidad. Sin embargo, Marte ha perdido mucha agua (mucho más agua de la que existe en el Océano Ártico de la Tierra) que en el pasado podría haber creado un océano de 137 metros de profundidad.

“Los resultados de Villanueva son enteramente consistentes con un predominante frío escenario de hielo para la joven Marte”, afirma Robin Wordsworth, un científico planetario de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de Harvard, quién también señala: “una profundidad de 137 metros implica un planeta relativamente seco, lo que impediría que se formara un océano en la cara nortede éste. Es probable que el agua haya estado en forma de hielo en lugar de líquido”.

Si Wordsworth está en lo correcto, entonces lo que al principio pareciera ser una ayuda a las teorías que afirman que Marte fue alguna vez cálido y húmedo por largos periodos de tiempo, en realidad nada de eso podría estar sucediendo. Sin embargo existen evidencias de que el agua en el planeta rojo circulo por su superficie libremente, alterando la química de los minerales cerca de la superficie. Tal evidencia podría haber sido creada por agua líquida actuando de forma periódica o relativa en cortos periodos de tiempo. Esto quiere decir que si Marte realmente tuvo un océano en su parte norte, el clima del planeta necesitó haber estado caliente por, al menos, los primeros mil millones de años.

De acuerdo con Bethany Ehlmann del Instituto Tecnológico de California, la evidencia de un océano en la parte norte de Marte es escasa. “Un océano es una posibilidad que realmente intriga”, afirma, pero “la evidencia de minerales, como los carbonatos, que son una típica evidencia de las largas cuencas que se forman, por ejemplo, en la Tierra, no han sido observadas en esta cara norte, por lo que los investigadores continúan buscando”.

“Es muy difícil evaluar la temperatura que había en el Marte antiguo y también es difícil de saber por cuánto tiempo el agua estuvo en estado líquido”. “Nuestro resultados indican que una sustancial cantidad de agua estuvo presente en el pasado”.

Los nuevos resultados del investigador Villanueva han limitado nuestras ideas sobre cuánta agua ha estado presente en la superficie del planeta rojo y, por supuesto, no proporcionan información concreta sobre las condiciones de habitabilidad.

Por lo tanto, el debate en torno a la posibilidad de agua en el pasado del planeta rojo sigue abierta.

___________________________________

Traducido y editado por Julio García. 

Referencia: http://www.astrobio.net/news-exclusive/warm-or-cold-mars-history-takes-a-watery-new-twist/