Un nuevo estudio de la Universidad de Washington evalúa si un antidepresivo podría ser un potencial tratamiento contra la COVID-19

Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis, han lanzado una prueba clínica en pacientes que han dado positivo a la COVID-19 pero que no están lo suficientemente enfermos para ser hospitalizados. Mediante la prueba se está investigando si el antidepresivo fluvoxamina, que actualmente se utiliza para tratar pacientes con trastorno obsesivo compulsivo (TOC), podría ser utilizada para tratar el coronavirus. Se cree que el medicamento reduce la aparición de una segunda fase de la infección por la COVID-19: una reacción exagerada del sistema inmunitario que pone en peligro la vida y que conduce a a lo que es llamado una tormenta de citoquinas. 

La fluvoxamina, que es uno de tantos medicamentos para la depresión que es inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS), también interactúa con una proteína importante para la respuesta inflamatoria del cuerpo. Éste efecto puede ayuda a aliviar una respuesta inmune abrumadora, que se cree que ocurre en uno de cada siete pacientes con la COVID-19, que luego a menudo terminan hospitalizados y a veces con ventiladores, con un alto resigo de muerte. 

“Utilizar un medicamento psiquiátrico para tratar la COVID 19 puede sonar contraintuitivo, pero no es más contraintuitivo que utilizar un medicamento para la malaria”, afirmó Eric Lenze, que es uno de los investigadores principales del estudio. “Este medicamento ha estado en el mercado por décadas, por lo que sabemos cómo utilizarlo de manera segura. Si es efectivo, podría ser un medicamento ideal para reutilizar en pacientes ambulatorios con la COVID-19”, señala. 

Por su parte, investigadores de la Universidad de Virginia mostraron el año pasado que la fluvoxamina redujo aspectos perjudiciales de la respuesta inflamatoria durante la sepsis y protegió a los ratones del shock séptico letal. Y fue entonces cuando los científicos de la Universidad de Washington se sintieron atraídos por el estudio de la fluvoxamina porque se une al receptor sigma-1 en las células inmunes, que se encarga de regular la inflamación al inhibir la producción de citoquinas, que son moléculas liberadas por ciertas células en respuesta a la inflamación. 

La COVID 19 parece tener dos fases clave: la primera es causada por la infección viral por sí misma, que produce que las personas tengan fiebre y tos y que se sientan enfermas, entre otros síntomas. “La información que tenemos hasta ahora sugiere que la segunda fase de la enfermedad puede involucrar una reacción inflamatoria que pone en peligro la vida, que es llamada tormenta de citoquinas. Nosotros queremos aprender si la fluvoxamina podría ayudar a prevenir la segunda fase de la enfermedad”, dice Calina Mattar, profesora asistente de medicina en la División de Enfermedades Infecciosas, también de la Universidad de Washington. 

Por otro lado, para salir de toda duda sobre la efectividad de la fluvoxamina, los investigadores harán más pruebas entre pacientes infectados a través del uso de las nuevas tecnologías como Internet, debido a que éstos se encuentran en cuarentena y confinamiento y los pacientes reportaran al equipo sus niveles de oxígeno y otros signos vitales. 

Fuente: https://medicine.wustl.edu/

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