#Covid19. Los sentimientos de soledad desencadenan antojos cerebrales similares al hambre

La soledad duele. Es psicológicamente estresante y no es sana desde la perspectiva física, tan es así que ésta incrementa la probabilidad de una muerte prematura en un 26 por ciento. Pero el sentimiento podría servir para un propósito. Los psicólogos teorizan que la soledad duele porque, como el hambre y la sed, actúa como una alarma biológica. El dolor de ella nos lleva  buscar contacto social así como el hambre nos impulsa a comer. La idea es intuitivamente satisfactoria, aunque por ahora ha sido difícil probarla en humanos. 

El 26 de Marzo, sin embargo, justo cuando la pandemia de la Covid-19 se apoderó del mundo, investigadores de la Universidad Tecnológica de Massachussets hicieron público un reporte preliminar en bioRxiv. Es el primer estudio en humanos que muestra que tanto la soledad y el hambre comparten señales muy en lo más profundo de una parte de nuestro cerebro que gobierna impulsos muy elementales de recompensa y motivación. Los hallazgos llegan a una conclusión: nuestra necesidad de conectar es fundamental como nuestra necesidad de comer. 

La investigación apareció publicada en un momento en el que estamos pasando por esta realidad en la que millones de personas hemos sido privadas de contacto de manera intencional. Cuando los científicos comenzaron el trabajo, hace tres años, las  neurocientíficas Livia Tomova y Rebeca Saxe y sus colegas buscaban demostrar cómo la soledad opera en el cerebro y fueron inspiradas por una investigación similar en animales y los primeros estudios hechos en este campo en la Universidad de Chicago. 

Pero el aislamiento social forzado es muy raro en personas sanas y no encarcelados que hizo que el equipo se detuviera. “A veces me costaba articular cómo sería eso en el mundo real”, Admite Saxe. ¿Por qué sucedería eso alguna vez? Cuando los investigadores llegaron a escribir su estudio este año, lo inimaginable se había convertido en realidad. Ahora, dice Saxe, “lo que es más significativo sobre esta investigación es que es una manera de salir de la experiencia que tenemos y mirarlo a través de una lente diferente”.  

Este es un documento de “tour de force”, afirma el psicólogo Jami Zaki de la Universidad de Stanford, quien no participó en el estudio. Pero Zaki estudia temas relacionados con empatía e interacción social y es el autor del libro The war for Kindness: building empathy in a fractured world.  “De forma especulativa, sugiere que el aislamiento social crónico podría ser algo así como la desnutrición a largo plazo, produciendo una necesidad constante y aversiva que desgasta nuestro bienestar”. “Estos hallazgos le ponen un nombre a lo que muchas personas están experimentando en este momento: ansiedad social mientras se está en casa para proteger la salud pública”. 

El “paper”, que todavía no ha tenido revisión de pares, describe un experimento cuidadosamente diseñado utilizando imágenes por resonancia magnética funcional para comparar la respuesta del cerebro a la soledad y al hambre. Después de un escáner cerebral inicial, 40 participantes adultos se sometieron a una sesión de 10 horas que les privaba de comida y a otra sesión de 10 horas que les negaba el contacto social. Ambas sesiones sirvieron como una condición de control de una para la otra. 

La condición de aislamiento social fue difícil de organizar, ya que algunas personas se sienten solas aunque se encuentren en una multitud, mientras que otras realmente disfrutan la soledad. Para inducir no solamente aislamiento objetivo pero sentimientos subjetivos de soledad, los investigadores hicieron que los participantes pasaran su tiempo desde las 9 am y hasta las 7 pm en una habitación escasamente amueblada en el laboratorio, además de no tener teléfono, computadoras portátiles o incluso novelas en caso de que los personajes ficticios proporcionaran algo de sustento social. Se permitieron acertijos, al igual que la lectura o escritura de no ficción previamente aprobada. Durante el día de privación de alimentos, los sujetos no podían comer ni beber nada más que agua durante el mismo período de tiempo. 

La exploración del cerebro siguió inmediatamente a cada sesión de privación, sin embargo, medir las señales cerebrales relevantes también fue un desafío. Tomova y Saxe se centraron en una región del mesencéfalo llamada sustancia negra, un centro de liberación de dopamina relacionado con el deseo y la motivación. Debido a que una señal de fMRI de la sustancia negra es indirecta, los investigadores diseñaron una tarea de “ansia inducida” por señales, similar a la que se utiliza en la investigación de adicciones. Cuando a los drogadictos se les muestran señales asociadas con su sustancia de elección, “muestran una respuesta de deseo realmente fuerte”, dice Tomova. “Está bastante bien establecido que esto desencadena una respuesta dopaminérgica”. 

En el escáner, los participantes vieron imágenes de sus formas preferidas e interacción social o de sus comidas favoritas, así como una imagen de control donde había flores. “Encontramos que esta área cerebral, respondió específicamente a las señales después de la privación, pero solamente a las señales de lo que habían sido privados”, afirma Tomova. La magnitud de la respuesta se correlacionó con los autoinformes de los sujetos de cuán hambrientos o solitarios estaban, aunque los sentimientos de hambre eran consistentemente más fuertes. 

Finalmente, los investigadores utilizaron el aprendizaje por computadora para confirmar sus hallazgos. Un clasificador de software entrenado para reconocer patrones neuronales durante el ayuno demostró ser capaz de reconocer patrones neuronales similares a la condición de aislamiento social a pesar de que nunca los habían visto. Esto nos dice que parece haber una firma neuronal compartida subyacente entre los dos estados”, dice Tornova. Quien agrega que “el contacto social es una necesidad muy básica”.

Incluso antes de la pandemia de COVID-19, una siguiente pregunta obvia para el trabajo fue si diferentes formas de comunicación a través de los medios como internet pueden satisfacer las necesidades de comunicación cara a cara. Saxe y Tomova nunca fueron capaces de obtener fondos económicos para tal estudio. Y al parecer es ahora cuando lo tienen. De hecho, Tomova se encuentra actualmente trabajando con investigadores de la Universidad de Cambridge, a donde ella se trasladará en Otoño, para ver si la utilización de los medios de comunicación como internet durante la pandemia podría estar remediando los sentimientos de soledad. 

Fuente: https://www.scientificamerican.com

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