Hacia el descubrimiento de una quinta fuerza de la naturaleza

Decía Platón que las ideas son aún más fundamentales que los objetos. Con Ideas, el gran filósofo griego se refería a las Ideas Matemáticas que son entes abstractos que se encuentran más allá de los tangible, de aquello que podemos ver, escuchar o tocar. 

La física de partículas -aquella disciplina que estudia el mundo  de lo muy pequeño, el microcosmos- ha sentado sus bases en las Ideas de Platón debido a que a muchas de los físicos les resulta imposible calcular con exactitud la existencia de una partícula subatómica aunque matemáticamente, en el reino de lo abstracto, si se pueda comprobar su existencia. 

Una de estas partículas que estuvo durante décadas en el mundo de las Ideas es el llamado Bosón de Higgs, cuyo descubrimiento se hizo en 2012. 

En la naturaleza existe todo un reino de partículas que le dan forma a la realidad y aquellas que son fundamentales se dividen en dos tipos: fermiones y bosones. 

Los fermiones, que hacen la materia del mundo, se pueden dividir a su vez en quarks y leptones. Los primeros forman el núcleo de los protones y neutrones y que son las piezas fundamentales que construyen los átomos. Luego tenemos a los bosones, como el de Higgs, que en realidad son fuerzas. Entre ellos podemos encontrar a los fotones y a los gluones. Los fotones son partículas encargadas de portar la luz y todas las ondas electromagnéticas, responsables de que podamos admirar el Sol y de que existan fenómenos como el de la radiodifusión. Los gluones, por su parte, son el pegamento que mantiene a los quarks unidos. 

Pero: ¿cuál es la diferencia entre fuerza y materia?

La materia es la que le da forma a los objetos, les da estructura y les otorga existencia, mientras que la fuerza podría ser aquello que permite que exista esa estructura o esa materia. Sin la presencia de la fuerza no podríamos concebir la existencia de la materia porque no habría quién transmitiera la información para que se produzca la realidad. 

El bosón de Higgs es una fuerza que, se cree, permea todo el Universo y es la responsable de que la materia tenga masa. 

El bosón lleva este nombre por Peter Higgs, un físico teórico de origen inglés nacido en 1929, quien fue galardonado con el Premio Nobel de física en 2013 y, quien en los años sesenta del pasado siglo, propuso que una rotura en la Simetría en la teoría electrodébil podría explicar el origen de la masa de las partículas elementales.

La teoría o modelo electrodébil ha servido para unificar la interacción electrodébil y el electromagnetismo, dos de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. 

Y lo que Higgs propuso con su hipotético bosón es que la materia que vemos y de la que estamos hechos no es más que bosones de Higgs interactuando con otras partículas elementales. En otras palabras: las partículas como los quarks -por ejemplo- poseen masa debido a que los bosones de Higgs se las otorgan. 

Este bosón está presente como un campo al que comúnmente se le llama Campo de Higgs y se cree que podría estar presente en todo el Universo ya que sin la existencia de este campo simple y llanamente no habría masa. 

Ahora bien: antes de que Albert Einstein plantease su famosa Teoría General de la Relatividad -que básicamente “geometriza” el Universo a partir del hecho de que la gravedad es consecuencia de la curvatura del espacio y el tiempo- se creía que en el Cosmos había un éter que era el responsable de la existencia de todas las fuerzas que hasta entonces se conocían sobre la naturaleza. Este éter era omnisciente, estaba presente en todas partes. 

¿A qué le suena a usted la idea del éter y su relación con el Bosón de Higgs? Pues, tal vez, a que el Bosón de Higgs podría ser el éter del Siglo XXI, ese nuevo éter al que Einstein desdeñó y descartó por lo que el Bosón de Higgs podría explicar la existencia de la llamada Materia Oscura que -aunque es invisible y por lo mismo no se puede detectar ni saber de qué está hecha con ningún tipo de telescopio ni mucho menos a simple vista- está presente en una cantidad aproximada del 30% en todo el Universo. Se cree que esta materia invisible le da forma y mantiene unidas a las galaxias. Y si hablamos de entidades invisibles, pues habría que referirnos también a la Energía Oscura que forma algo así como el 70% de todo el contenido del Universo y que es la responsable de que el Universo se expanda y que lo haga cada vez a mayor velocidad. 

Pero recientemente se publicó un artículo, cuya autoría es de científicos húngaros, en el que se da cuenta de una partícula hipotética -que fue teorizada en 2016-  llamada partícula X-17, que, de demostrarse su existencia, podría representar una quinta fuerza en la naturaleza, aparte de las otras cuatro que ya se conocen, y que explicaría la presencia de materia y energía oscura, por lo que el bosón de Higgs tendría que ser descartado completamente para explicar la presencia de estos dos tipos de energía. 

El bosón de Higgs es una partícula que ya ha encontrado un lugar preponderante en la realidad. Para lograr su descubrimiento se utilizaron Aceleradores de Partículas como el que funciona cerca de Ginebra en Suiza, el famoso CERN, que hace chocar protones a altas velocidades -lo que genera muchísima energía- con la finalidad de descomponerlos en partes y observar que hay más allá. Digamos que los aceleradores de partículas son como microscopios que nos permiten profundizar en el mundo atómico y subátomico, conocer sus entrañas. Ésta quinta fuerza  podría encontrarse gracias a estos aceleradores. 

Es interesante mencionar también que, entre mayor es la cantidad de energía que se utiliza en un acelerador, mayor es la probabilidad de encontrar partículas exóticas y -como no- los ladrillos fundamentales que le dan forma a la realidad como X-17, si es que realmente existe.

Y es que, la energía contenida en un átomo puede ser tan poderosa como para destruir ciudades enteras como sucedió en Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que, conforme más nos acercamos a las partículas más elementales, necesitaremos también de más potencia, de más energía, para poder descifrar la realidad. Una rea

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