Alan Turing: de ser condenado a pasar a los billetes de 50 libras

“A veces es la gente de la que nadie se imagina quien hace las cosas que nadie puede imaginar”. Alan Turing (1912-1954)

Hace algunas semanas, el gobierno británico anunció que todos sus billetes de cincuenta libras llevarían la imagen de Alan Turing. Tal vez su nombre no le resulte familiar, pero su carrera fue decisiva para terminar con la Segunda Guerra Mundial, luego de haber descifrado, a través de la rudimentaria computación de ese entonces (eran grandes máquinas que funcionaban analógicamente), varios códigos nazis.

Turing nació en Paddington, Londres un 23 de junio de 1912. En 1936, con tan solo 24 años, mientras estudiaba un doctorado en la prestigiosa Universidad de Princeton, ideó un modelo teórico, una máquina teórica, que permitiera resolver cualquier tipo de problema a través de instrucciones simples codificadas en una cinta de papel. A esto se le llamó, posteriormente, la Máquina de Turing y sentó las bases para lo que hoy conocemos como la computación moderna. En su modelo, el matemático inglés demostró que se puede construir una Máquina Universal que puede simular cualquier Máquina de Turing. Esa Máquina Universal a la que se refería es lo que hoy conocemos como la computadora moderna y cualquier Máquina de Turing (dentro de la Máquina Universal) representa a las minuciosas instrucciones y pasos a seguir que le dan vida al software o a los diferentes programas que se pueden cargar dentro de una Máquina Universal (que es el hardware) o el sistema físico propiamente dicho. Los algoritmos, de los que se habla tanto hoy en día, son precisamente esas delicadas y a veces artísticas instrucciones (son como una receta de cocina) que los programadores crean para darle vida al software que utilizamos en nuestra vida cotidiana para escribir (esta columna), recibir un correo electrónico, llamar por teléfono, etc. El nivel de sofisticación de los algoritmos ha llegado a ser tal, que estoy seguro de que Turing nunca sospechó a lo que llegaría su genial idea.

Pero la vida de este matemático fue muy tortuosa ya que en la adolescencia, y como lo reseña la película El Código Enigma (2014), tuvo problemas en la escuela porque se enamoró perdidamente de un chico que posteriormente perdería la vida. De otros amores no se habla en la cinta porque, al parecer, siempre reprimió (o le hicieron reprimir) su homosexualidad.

Tanto Estados Unidos, como Inglaterra y Rusia conformaron durante la Segunda Guerra Mundial el llamado Eje Aliado que luchaba contra Hitler y el Tercer Reich. Mientras los Aliados se preparaban para esta Segunda Guerra, resultó que se quedaron sin personal que hiciese los cálculos necesarios para llevar a buen puerto la Guerra. Esta escasez de humanos, que literalmente eran computadoras humanas, llevó a los Estados Unidos a construir la computadora Mark 1 (que estaba en la Universidad de Harvard) y que medía nada más y nada menos que 15 metros de largo. Esta máquina logró hacer cálculos en cuestión de segundos, lo que seguramente le hubiese llevado horas de trabajo a los jóvenes y talentosos ingenieros.

Pero haber inventado la Mark 1 no fue suficiente: los británicos necesitaban matemáticos para descifrar el llamado Código Enigma (una serie de códigos cifrados que los alemanes utilizaban para enviarse mensajes y que resultaban absolutamente estratégicos y decisivos para ganar la Guerra). Para ese momento, Turing ya había regresado a Inglaterra con doctorado en mano, por lo que fue contratado por la Escuela Gubernamental de Código y Desciframiento de Bletchey Park, un complejo de oficinas de alto secreto que más bien se convirtió en una industria porque empleaba a 12,000 personas que trabajaban las 24 horas y los 7 días de la semana descifrando códigos. A pesar de que los polacos ya habían descifrado el Código Enigma antes de que se desatara la Guerra, los nazis hicieron la máquina Enigma aún más complicada de descifrar con aproximadamente 10 elevado a 114 permutaciones posibles (o diez a la 114). En matemáticas una permutación es la variación del orden o posición de los elementos de un conjunto, porque lo que lo que Enigma hacía era variar la posición de los elementos de ese conjunto entre ese infinito número de posibilidades para darle sentido a un mensaje determinado. Pero la máquina no era infalible, o al menos no para Turing, quien ideó otra máquina, de nombre Bombe, que buscaba patrones a través de estas permutaciones. Y para finalizar la Guerra, los británicos fueron capaces de leer absolutamente todo el Código Naval de los alemanes; se podían permitir conocer la ruta que seguirían los submarinos y los barcos que llevaban bombas y en donde los objetivos eran muchas veces civiles. En otras palabras: Turing había descifrado el Código Enigma. Hay reportes que dicen que el propio general Eisenhower (comandante supremo de las fuerzas Aliadas y posteriormente presidente de los Estados Unidos) dijo que la guerra se había acortado dos años y se habían salvado millones de vidas gracias a la intervención de Turing y su equipo de trabajo.

Pero la gloria no es infinita: en 1952, Alan Turing fue procesado por conducta indecente, cuando ser homosexual en Inglaterra era un crimen. Fue sentenciado a castración química. Se cree que esto le causó una profunda depresión que lo llevó a quitarse la vida comiéndose una manzana envenenada con cianuro en 1954. Fuera del mundo académico, y debido a que el programa de desciframiento era de alto secreto, Turing era prácticamente un completo desconocido. Pero, poco a poco, su trabajo fue rescatado por profesores de universidades e intelectuales que veían en lo que había logrado la revolución y es que no solamente había inventado la computadora moderna, sino también había sido precursor de la inteligencia artificial.

En 2009, después de una campaña de petición en Internet, el entonces primer Ministro británico Gordon Brown le pidió disculpas a Alan Turing por las vejaciones que le había causado el gobierno. El 23 de junio de 2012 se cumplieron cien años de su nacimiento. Y en 2019 el gobierno de Theresa May decidió poner en circulación billetes de 50 libras con la imagen de Turing al frente, en un intento por reivindicar no solamente lo que este matemático aportó al mundo en la Segunda Guerra Mundial (que no fue menor), sino también por sus extraordinarias contribuciones a darle forma al mundo que conocemos hoy en día y el que conocerán las futuras generaciones en lo que respecta a los avances en computación e inteligencia artificial se refiere.

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