El sistema de recompensa del cerebro en niños con autismo funciona diferente

Los niños con autismo poseen anormalidades estructurales y funcionales en el circuito del cerebro que normalmente hace de las interacciones sociales algo gratificante, esto de acuerdo con un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford y publicado en la revista Brain en Julio de 2018.

La investigación documentó las deficiencias en niños con autismo en un circuito cerebral que es crucial, llamado vía de recompensa mesolímbica, que se encuentra “enterrado” muy profundamente en el cerebro. El grado de anormalidad en esta vía predijo el grado de dificultades sociales a las que se enfrenta un niño autista.

Los hallazgos están ayudando a clarificar cuáles de las varias teorías que compiten explican mejor los impedimentos sociales en los niños con este desorden. Los descubrimientos, hechos mediante escaneos del cerebro a través de MRI, soporta la llamada teoría de la motivación, la cuál propone que la interacción social es inherentemente menos atractiva para las personas que tienen el trastorno.

“Es la primera vez que hemos tenido evidencia concreta que apoya esta teoría”, comentó el autor principal del trabajo, Kaustubh Supekar, de la Universidad de Stanford. Quien en su investigación con ratones ha demostrado que interrumpiendo la vía de recompensa mesolímbica, se redujo el comportamiento social en estos roedores. Nadie sabía, hasta ahora, que tan ligada estaba esta vía con las habilidades sociales en las personas.

Un círculo vicioso.

Las diferencias presentes en cada cerebro podrían lanzar un círculo vicioso que hace más difícil a los niños con autismo adquirir complejas habilidades sociales.

“Las interacciones sociales usualmente llevan de forma inherente la recompensa. Si no hay suficiente recompensa en los niños con autismo, eso podría traer efectos cascada en otros sistemas del cerebro”, afirma Vinon Menon, doctor en psiquiatría y ciencias del comportamiento. Para poder desarrollar habilidades socio-comunicacionales y tener la habilidad de inferir los pensamientos y los sentimientos de otros, los niños tienen que interactuar con otras personas. Si no encuentran en estas interacciones recompensa, ellos buscan menos oportunidades para desarrollar habilidades sociales complejas. “Nuestros hallazgos sugieren que este sistema cerebral [se refiere al sistema mesolímbico] debe ser dirigido y atacado de manera temprana en los tratamientos clínicos”, comenta Menon.

Los niños con autismo tienen dificultades con las interacciones sociales y con la comunicación, además de que muestran comportamientos repetitivos e intereses restrictivos. Se estima que este desorden en el desarrollo afecta a 1 en 59 niños, en los Estados Unidos.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores recabaron escáneres del cerebro de 40 niños con autismo y de 44 niños sin autismo. También examinaron el cableado cerebral en 24 niños con autismo y 24 niños que no tenían el desorden; también examinaron las conexiones funcionales en el cerebro de 16 niños con autismo y 20 niños sin éste al mirar imágenes donde se realizaban actividades sociales y en donde no (básicamente fotos de caras o de paisajes) mientras se les escaneaba el cerebro.

El equipo también hizo escaneos MRI de cerebros en 17 niños con el desorden y 17 niños sin este para ver si los resultados de los primeros grupos podrían ser replicados en un segundo grupo, de manera independiente. Todos los niños estudiados tenían entre 8 y 13 años de edad. Los niños que presentaban autismo habían tenido un diagnostico confirmado por una prueba clínica estándar que se utiliza para detectar este desorden, asimismo, todos los chicos habían pasado por una prueba de coeficiente intelectual.

De todo esto se pudo encontrar que la densidad de la fibra nerviosa en la región mesolímbica ligada a la vía de recompensa en los niños con autismo era menor que en aquellos que no lo tenían. Entre los niños que tenían autismo también se demostró que tenían una más débil función conectiva en la vía mesolímbica de recompensa que los niños en desarrollo típico o normal. El grado del déficit funcional estuvo correlacionado con el deterioro social.

Los hallazgos podrían ayudar a la búsqueda de tratamientos.

La investigación provee de una relación bastante útil entre trabajos previos con modelos animales de autismo y datos humanos y es especialmente fuerte porque los hallazgos fueron replicados en dos grupos de investigadores participantes. Lo siguiente es que los investigadores quieren determinar si los mismos déficits pueden ser detectados en personas o niños aún más jóvenes que tengan autismo.

El descubrimiento también provee de un buen punto de inicio para futuros estudios para el tratamiento del autismo. Algunos tratamientos efectivos actuales que se utilizan para el tratamiento del autismo utilizan varios sistemas de recompensa para ayudar a los niños a involucrarse en interacciones sociales, pero no se sabe si estos tratamiento fortalecen el sistema de recompensa en el cerebro.

Referencia: https://www.technologynetworks.com/

Categorías Medicina, PsiquiatríaEtiquetas
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