El tiempo: ¿un producto de nuestra imaginación?

¿Alguna vez se ha detenido a pensar cómo serían nuestras vidas si por un momento todos los relojes del mundo se detuvieran por alguna circunstancia desconocida? Seguramente esto resultaría catastrófico en una sociedad que depende de los horarios y del tiempo para realizar todas sus actividades cotidianas como la nuestra. En un escenario así, es factible pensar que todas las computadoras, el transporte público, las centrales de luz eléctrica, el horario de los empleados de una empresa serían afectados a tal grado que nos harían imposible mantener cualquier relación con los demás. Como podemos ver, la dependencia con el tiempo, con las horas, los minutos y los segundos nos permiten organizarnos. En definitiva, el tiempo es una creación puramente humana que sirve para crear momentos en la existencia. El tiempo pues, nos da nuestro lugar, un lugar determinado en el presente y la pauta para organizar el pasado a través de períodos que van de los días a los años y los milenios. Sin tiempo, la historia simplemente no existiría, no sabríamos que Albert Einstein, Adolf Hitler o algún otro ilustre personaje estaría en tal o cual lugar.

A principios de este siglo la gente consideraba -erróneamente- que el tiempo era absoluto; creían, por ejemplo, que en dos puntos del planeta -China o México- las horas y los minutos eran los mismos. Esta manera de pensar, en un tiempo absoluto, rebasaba a la gente común, influyendo en el pensamiento científicos y filosófico de la época.

En 1905 Albert Einstein propone al mundo su famosa Teoría Especial de la Relatividad la cual afirma, entre otras cosas, que el tiempo depende de quien lo mida, es decir, que si una persona se encuentra en China y otra en México, los valores de tiempo van a ser completamente distintos; los relojes de estas dos personas no van a coincidir. Solamente coincidirán si esas dos personas sincronizan sus relojes para que midan el mismo tiempo. O más claro: en palabras del propio Einstein (refiriéndose al tiempo en cuanto a la distinción entre pasado y presente): “…las experiencias de un individuo se nos aparecen ordenadas en una serie de sucesos, los sucesos que recordamos están ordenados con los criterios de antes o después. Existe, por lo mismo, para el individuo, un yo tiempo, o un yo subjetivo. Éste no es mensurable en sí mismo. Yo puedo, desde luego, asociar números a los sucesos, de tal manera que al último acontecimiento se asocia un número mayor que al inmediatamente anterior”.

Todos estos argumentos resultan lógicos desde el punto de vista humano y terrestre, pero si el concepto de “tiempo relativo” lo extendemos al Universo, la pregunta que queda sería la siguiente: si el tiempo depende del punto de vista del observador, ¿cómo medimos el tiempo en el Universo? Evidentemente no se podría, porque necesitamos una infinidad de observadores que sincronizaran sus relojes para medirlo, esto es imposible desde cualquier punto de vista racional. En conclusión, podríamos decir que en el universo el tiempo no existe y en consecuencia volveríamos a nuestro argumento inicial de que el tiempo es un convencionalismo netamente humano que sirve para ordenar su existencia.

Durante mucho tiempo hemos creído que, por medio del orden, midiendo y catalogando la realidad, podremos responder a preguntas fundamentales que se refieren al origen, la evolución y el futuro del Universo. Pensar así es erróneo ya que el orden nos remite a lo estático y lo absoluto. Por el contrario, si pensamos en un Universo dinámico, que se mueve, tal y como lo planteó Einstein, entonces no podemos decir que el cosmos esté ordenado sino, por el contrario, desordenado.

En el desorden se encuentra el caos, el movimiento. En el desorden se encuentra lo relativo, en el desorden se encuentra lo que no se puede medir. En el desorden se encuentran las miles de formas de interpretar la realidad. Se encuentran los relojes que jamás estarán sincronizados. Por tanto, será difícil, o a lo mejor imposible, saber cómo se originó el universo cuando hay muchos ojos que lo ven desde distinta perspectiva.


En definitiva: ¿Cómo es que nos atrevemos a medir, a cuantificar al universo cuando existen diferentes maneras de observarlo?

La ciencia es tan sólo uno de esos relojes que miden un pedazo de la realidad, un pedazo de nuestro tiempo. Parece ser que mide el pedazo más importante porque hasta ahora no hemos encontrado otro instrumento para realizar observaciones más precisas que nos puedan dar una idea total de lo que representan los incontables misterios que se esconden en el universo.

Categorías FísicaEtiquetas
A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close