Cuando el caos y la entropía reinen en el universo

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por Julio García. Seguramente usted se haya preguntado por qué las cosas no suceden al revés o por qué, por ejemplo, los objetos que se calientan tienden a enfriarse después de un cierto tiempo de mantener sus moléculas excitadas producto de este aumento de temperatura.

Una posible respuesta a esta pregunta es que existen procesos dados por la naturaleza que no pueden suceder de manera inversa. Uno de estos procesos que no pueden ocurrir al revés es, por ejemplo, el tiempo, el cual siempre sigue una línea que va de pasado a futuro pero nunca en sentido contrario. Es decir, parece que nunca podremos ver hacia el pasado y mucho menos podremos saber qué sucederá en el futuro. Vivimos, por consiguiente, de momentos específicos a los que llamamos presente y que no son otra cosa que sucesiones de acontecimientos que van quedando en el pretérito.

Esta flecha del tiempo que parece ser inviolable, que está atada a los principios y leyes con que se rige la naturaleza, parece tener una continuación en el mundo de la termodinámica. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de termodinámica? Ésta puede ser definida como la descripción de estados de equilibrio a partir del estudio de sistemas reales. Un ejemplo de un sistema termodinámica puede ser una máquina que, a partir del movimiento de unos pistones, produce calor. El calor se disipa por el ambiente y si se deja de producir la energía con estos pistones el sistema tenderá a enfriarse hasta regularizarse con la temperatura del medio ambiente. Para producir calor es necesario que exista una fuente mecánica o eléctrica lo produzca.

Los seres humanos, así como cualquier otro ser vivo del reino animal, podrían ser ejemplos de sistemas termodinámicos, ya que el movimiento de la sangre dentro de nosotros, producto del movimiento mecánico del corazón, hace que ésta se caliente a una temperatura determinada. En este sentido cualquier forma de calor que es enviada a la atmósfera o al medio ambiente generará una cierta cantidad de entropía o caos. Este “caos” es irreversible: al igual que nuestra flecha del tiempo que no puede ir para atrás.

El universo mismo, todo en su conjunto, podría ser un sistema termodinámico. ¿Cómo se produce el calor del universo? Los agentes productos de este aumento de temperatura en el universo son las estrellas que generan ingentes cantidades de energía y que son depositadas en el espacio. Dicha energía se produce a partir del calentamiento de varios miles de grados centígrados que se da a partir de la descomposición y fusión de elementos químicos que se vuelven cada vez más pesados. Así, tenemos estrellas que a partir de la fusión de átomos de hidrógeno llegan a producir otro elemento un poco más pesado que es el helio y así sucesivamente hasta llegar a elementos cada vez más pesados como por ejemplo el oxígeno.

¿Pero a dónde se va todo el calor que producen las estrellas? Hemos dicho que al espacio, pero: ¿a qué parte de este? Todo parece indicar que la energía se disipa por igual en todas partes. Que su presencia fluye a lo largo y ancho del universo. Lo interesante de todo esto es que dichas cantidades de energía tienden a ser a nuestro universo un poco más caótico de lo que era segundos o minutos antes. En otras palabras: el universo parece que tiende al caos y, por muy paradójico que parezca, también tiende a enfriarse. Recordemos que éste surgió a partir de una gran explosión que sucedió hace unos 13,500 millones de años y que, poco a poco se ha ido enfriando. ¿Pero cómo es que es capaz de enfriarse si existen miles de millones de estrellas produciendo energía continuamente? Todo parece indicar que toda esta cantidad de energía que producen los astros es incapaz de calentar al universo lo suficiente para que exista, nuevamente, una gran explosión. Aquí nuestra línea del tiempo nos está diciendo que el universo tiende a enfriarse y seguramente se apagará en algún momento del futuro lejano.

En este sentido, todo parece indicar que esta línea del tiempo inviolable que parece ir de pasado a futuro y no a la inversa va de la mano o está relacionada con los procesos termodinámicos que suceden en el universo. Procesos termodinámicos que a su vez tienden a la entropía y al caos. ¿Pero por qué es esto así y no de otra manera? Esa es una de las grandes preguntas que mantienen a los científicos trabajando arduamente intentado darle respuesta. La respuesta podría venir de un estudio más minucioso y puntual de toda esta serie de procesos que suceden en nuestro entorno universal. Procesos a los que estamos sujetos también todos los seres vivos. De hecho, se habla de que la enfermedad del cáncer es resultado de un proceso caótico que comienza a gestarse en el organismo enfermo. Un proceso caótico que se manifiesta cuando las células cancerosas comienzan a desorganizarse y a replicarse a velocidades inusitadas hasta matar al organismo al que pertenecen.

Desde este punto de vista podemos decir que la vida de las estrellas, la vida de los organismos vivos y de todo lo que existe en el universo tiende a un desorden que se manifiesta a través del caos de los sistemas. A este caos de los sistemas se le llama entropía. La entropía es un estado en el que las cosas están desorganizadas, dejan de tener sentido y lógica. Al menos lógica para nuestra limitada mente humana. Cuando hablo de los límites de la mente humana no me refiero a que seamos tontos, sino a que somos incapaces, todavía y tal vez siempre, de comprender los mecanismos del universo. Comprender por qué existe una línea del tiempo que, hasta el momento, es inviolable. Inviolable en el sentido de que no nos permite regresar en el tiempo y cambiarlo, por ejemplo. O por qué los sistemas tienden al orden y no al desorden. En fin… la física, pero sobre todo la filosofía, tienen todavía mucho que aprender de la realidad que observamos todos los días. Una realidad que, para algunos, es tan solo uno conjunto de espejos que se superponen y que nos impide la esencia de las cosas, los fundamentos de éstas. Lo curioso es que a la hora de enfrentarnos con la esencia de la realidad, nuestra propia mente la transforma y altera a su conveniencia, dejándonos parados en suelos que son poco firmes. Tal vez es que existen muchos universos y muchas realidades que somos incapaces de comprender por la única arma con la que contamos los seres humanos: la razón. Un arma que se disipa cuando nos percatamos de que nuestra mente no puede comprender la totalidad. Cuando nos damos cuenta de que solamente pisamos fragmentos del todo. Que esas partes del todo no se pueden unir por vía de la razón. ¿Tal vez por eso los seres humanos a veces nos sentimos tan desamparados que nos vemos obligados a buscar dioses para darle sentido a nuestra existencia? ¿Es este desamparo producto de nuestra incapacidad para comprender el todo? Y finalmente, ¿qué es el todo? ¿Una sucesión de razonamientos, de entidades, de los cuales no tenemos las llaves ni las cerraduras correctas para comprenderlos y abrirlos? ¿O será que el todo es una fuerza superior que llena a todo el universo y que busca que nunca la entendamos? Lo más plausible es que el universo esté lleno de cadenas de razonamientos lógicos que todavía no comprendemos, pero que están ahí para ser desentrañados por nuestras mentes en algún momento del tiempo.

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