Las erupciones solares: el pan nuestro de cada día

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por Julio García.

Uno de los asuntos que nos siguen causando asombro, aunque de forma directa no lo podamos percibir, son las explosiones internas que tiene el Sol todos los días. Esta actividad del astro rey se puede percibir indirectamente cuando afecta las comunicaciones, así como la mayoría de los enlaces que tenemos con sistemas GPS. En el año 1859 se produjo una de las tormentas solares más importantes jamás registradas que causó cortos circuitos en la red de telégrafo que funcionaba en Europa y Estados Unidos, provocando una afectación muy importante en las comunicaciones.

Las erupciones solares pueden ser definidas como violentas explosiones en la fotosfera del Sol con energías equivalentes a decenas de millones de bombas de hidrógeno. La fotosfera es una región del Sol extremadamente luminosa que tiene unos 300 kilómetros de espesor y es la que produce el calor y la luz que recibimos.

Pero, ¿por qué no nos afectan estas explosiones si estamos relativamente tan cerca del Sol? Una de las explicaciones es que la atmósfera nos protege de esta intensa radiación. Radiación que puede ser observada a través de las impresionantes auroras de color verde  que se forman en el polo norte y sur de nuestro planeta debido a la interacción que existe entre el oxígeno y las partículas que emite el Sol, que llegan a la Tierra a casi la velocidad de la luz.

Hay que mencionar también que el Sol no es la única estrella en producir erupciones solares. Éstas se han observado ya en otros astros a millones de años luz de la Tierra.

Un dato interesante que hay que tomar en cuenta también es la aparente relación existente entre la actividad geomagnética y la incidencia de accidentes cerebro-vasculares. La actividad geomagnética aumenta en la Tierra cuando recibimos más energía del Sol a partir, precisamente, de estas explosiones de energía que se producen en su interior.

Como hemos dicho, y de acuerdo con un estudio en el que colaboraron investigadores de Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Francia y Suecia, se estableció una relación entre dicha actividad geomagnética con la salud de los seres humanos. Los investigadores pudieron comparar los datos sobre accidentes cerebro vasculares con la información de una base de datos internacional sobre la actividad geomagnética durante más de 23 años. Los resultados mostraron que el riesgo máximo para el accidente cerebro-vascular se produjo una semana después de una tormenta geomagnética.

La incidencia de accidentes cerebro-vasculares tampoco nos debe de alarmar: en este momento, mientras escribo estas líneas, en el Sol se está produciendo alguna explosión que, en cualquier momento, llegará a la Tierra. Tampoco hay que temer por el fin del mundo: este podría llegar algún día por otros factores más importantes como el cambio climático que amenaza la supervivencia de nuestra especie si no se revierte la cantidad de dióxido de carbono que, todos los días, lanzamos al aire sin el menor empacho. Otro motivo para la desaparición de la vida en la Tierra podría estar relacionado con la caída de algún meteorito de grandes dimensiones que produjera una inestabilidad en nuestra atmósfera, llevándonos a un invierno que podría durar varios miles de años y que, por las bajas temperaturas que se presentarían en la Tierra, la mayoría de las especies desaparecerían.

Lo que también es un hecho es que el Sol, dentro de miles de millones de años, se convertirá en una estrella gigante roja. Esto sucederá cuando comience a agotar su combustible. Entonces se hinchará lo suficiente como para literalmente “tragarse” a todos los planetas internos como Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Para cuando suceda esto, seguramente nuestra especie habrá alcanzado la tecnología necesaria para  abandonar a nuestro planeta. El futuro de nuestra especie depende, en consecuencia, en saber conquistar otras estrellas. En aprender a abandonar nuestro preciado mundo azul pálido o en saber, tal vez, que no estamos solos en el Universo y que alguna civilización con buenas intenciones nos cobijará en su seno para ayudarnos a sobrevivir. Eso nadie lo sabe.

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