Los agujeros negros supermasivos son la clave para entender el universo

agujeros_supermasivos

Hace no mucho tiempo, los científicos revelaron que el universo se expande a una velocidad mucho más rápida de lo que se creía. El hallazgo hizo que, en 2011, a Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess, se les concediera el Premio Nobel de Física.

Pese a este importantísimo descubrimiento, todavía sigue siendo un dolor de cabeza para los físicos medir la velocidad de esta aceleración sobre distancias muy grandes.

Pero, recientemente, un equipo internacional de físicos de diversas universidades, han desarrollado un método con el potencial de medir distancias de millones de años luz con un alto grado de precisión. El método utiliza un cierto tipo de agujeros negros activos [agujeros negros supermasivos] que se encuentran en el centro de muchas galaxias como la nuestra.

Y es que la posibilidad de medición de distancias muy grandes se traduce en dar testimonio de lo que sucedía en el universo cuando este se formó y con lo que también es posible estimar su velocidad de expansión en una edad muy temprana.

Este nuevo sistema de medición toma en cuenta la radiación emitida por el material que rodea a un agujero negro antes de que éste material sea devorado. En la medida en que el material es absorbido, comienza a calentarse y luego emite una gran cantidad de radiación que es de miles de veces la energía producida por una galaxia que contenga 100 mil millones de estrellas. Por esta razón, las explosiones energéticas que suceden alrededor de los agujeros negros pueden ser observadas con mucha facilidad desde lugares remotos como la Tierra.

En este sentido, utilizar la radiación para medir distancias es un método que se utiliza con mucha frecuencia en astronomía, pero hasta ahora los agujeros negros nunca habían sido utilizados para medir estas distancias.

Gracias a la combinación de medidas de la cantidad de energía que es emitida desde la vecindad de un agujero negro, con la cantidad de energía que de este llega a la Tierra, los científicos pueden inferir la distancia a la que se encuentra uno de estos devoradores galácticos, así como el tiempo en la historia del universo en que dicha energía fue emitida.

Por otro lado, obtener una medida precisa de la radiación que fue emitida depende de las propiedades del agujero negro estudiado. Para el tipo de agujeros negros que se utilizaron en este nuevo trabajo, la cantidad de radiación emitida mientras el objeto atraía materia hacia su interior, es proporcional a su masa. Por consiguiente, métodos establecidos desde hace mucho tiempo para medir esta masa, pueden ser utilizados ahora para estimar la cantidad de radiación que está implicada en todo el proceso.

La viabilidad de esta teoría fue probada utilizando las propiedades conocidas de los agujeros negros que se encuentran en nuestro propio vecindario: a unos ¡cientos de millones de años luz!

Para el profesor Netzer de la Universidad de Tel aviv, desde donde se llevaron a cabo las parte de las observaciones [también participó el Observatorio de París]  su sistema les dará a los astrónomos una herramienta muy importante para medir distancias que se encuentren mucho más lejos y sirviendo como complemento al método existente que utiliza las explosiones de estrellas supernovas para medir la velocidad de expansión del universo.

La habilidad de medir distancias lejanas tiene el potencial de revelar algunos de los más grandes misterios del universo, que tiene una edad aproximada de 13,800 millones de años. “Cuando estamos mirando distancias de miles de años luz, estamos observando hacia el pasado”, explica. “La luz que hoy podemos ver fue producida por primera vez cuando el universo era mucho más joven”.

Uno de estos grandes misterios es la llamada energía oscura: la fuente de energía más significativa del universo presente. Esta energía, que se manifiesta como un tipo de anti-gravedad, se cree que contribuye a la expansión acelerada del universo.

Por lo tanto, el objetivo final es comprender de qué está compuesta la energía oscura y responder a preguntas clave sobre si dicha energía siempre ha estado presente en la misma cantidad y si su volumen podría cambiar en el futuro.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Daily Galaxy.

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