Las bacterias también son criaturas sociales, revela estudio

Una nueva investigación llevada a cabo por científicos del Instituto Tecnológico de Massachussets en Estados Unidos revela que las bacterias también presentan estructuras sociales similares a las planetas y a los animales.

También muestra que unos pocos individuos en grupos de bacterias estrechamente relacionados tienen la capacidad de producir componentes químicos que matan o detienen el crecimiento de otras poblaciones de bacterias en el medio ambiente, pero sin dañarse a sí mismos.

Publicado en el número del 7 de septiembre de la revista Science, el hallazgo sugiere que las bacterias en el medio ambiente pueden jugar diferentes roles sociales y esa competición ocurre no solamente entre bacterias individuales, sino también entre poblaciones que coexisten ecológicamente.

“Típicamente, las bacterias  siempre han sido consideradas como organismos egoístas y los grupos de bacterias como grupos de clones”, afirmó el biólogo Otto Cordero, quien es uno de los autores principales del estudio, y quien también mencionó: “este resultado contrasta con lo que sabemos de las poblaciones de las plantas y los animales, donde los individuos suelen dividirse las labores, realizar diferentes roles complementarios y actuar sinérgicamente”.

Cordero y sus colegas del MIT estudiaron también si existe una organización a nivel de población para una bacteria en estado salvaje.

También postulan que las estructuras sociales pueden reducir conflictos entre las poblaciones de plantas y animales y determinar la agresión hacia poblaciones biológicas que generan competencia. “Piense usted en una población de leones en el Serengeti o una población de peces en un lago: ¿La misma organización o la misma estructura podría presentarse en una población de bacterias?”, se pregunta Cordero.

Vibrio parahaermolyticus es un ejemplo de bacteria Vibrio. Este tipo de bacterias son fundamentalmente anaeróbica y se pueden encontrar en océanos, aguas de costa y estuarios / http://www.astrobio.net

Para Martin Polz, biólogo del MIT, “es muy difícil saber en qué consisten verdaderamente las interacciones, porque los microbios son muy pequeños para ser observados en acción; pero nuestra investigación proporciona fuertes evidencias de que los antibióticos juegan un rol en defenderse de sus competidores”. Esto ocurre típicamente cuando las bacterias compiten por la misma porción de su hábitat.

Para llegar a sus conclusiones, los investigadores prepararon un campo de batalla en el que introdujeron a 185 miembros que estaban relacionados entre sí, pero que eran distintos, de una bacteria oceánica llamada Vibrionaceae. Posteriormente midieron los componentes químicos que producían algunas Vibrionaceae que habían sido aisladas y que directamente eran antagonistas de otro grupo de Vibrionaceae aisladas. El resultado de estas interacciones les dan a Cordero y a sus colegas una excelente oportunidad de examinar más de 35,000 interacciones donde intervienen agentes antibióticos.

También encontraron una población de bacterias bien delineada ecológicamente que actúa como una unidad de cohesión social. “En estas poblaciones, unos pocos individuos producen antibióticos por lo que los individuos que pertenecen a esta población determinada se vuelve resistentes, mientras que los individuos de otras poblaciones se vuelven sensibles”, afirmó Cordero.

Por otro lado, aquellos individuos que no producen antibióticos se pueden beneficiar cuando se relacionan con los productores, porque estos son resistentes. En otras palabras: los antibióticos tienen un efecto social, porque pueden beneficiar a toda la población.

La investigación tiene el potencial de tender puentes en nuestro entendimiento sobre la relación entre las plantas y los humanos. Y es que, nosotros, utilizamos antibióticos para eliminar microbios patógenos que nos causan daño. Lo mismo hacemos con los animales. Como un efecto secundario desafortunado, esto ha dado lugar a la acumulación generalizada en forma de resistencia, especialmente en hospitales, donde los patógenos y los seres humanos se encuentran entre sí a menudo.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Astrobiology Magazine

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