El descubrimiento de un nuevo componente del Sol podría ayudar a entender mejor el clima en la Tierra

Un buen día, en el otoño de 2011, Neil Sheely, un científico del Laboratorio de Investigación Naval en Washington, hizo lo que de manera rutinaria hacía: ver a través de las imágenes diarias del Sol desde el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA.

Pero ese día, vio algo que nunca antes había visto: un patrón de celdas con centros brillantes y contornos obscuros que ocurrían en la atmósfera del Sol: su corona. Estas celdas parecían algo así como un patrón que ocurría en la superficie del Sol (similar a las burbujas que emergen encima del agua hirviendo), pero fue una sorpresa encontrar este patrón por encima de la corona, la cual está dominada normalmente por bucles brillantes y agujeros obscuros.

Lo que hizo Sheely, entonces, fue discutir las imágenes con un colega del laboratorio, Harry Warren, y juntos emprendieron la tarea de aprender más sobre estas celdas. Su búsqueda incluyó observaciones realizados con el Sistema Heliofísico que es capaz de otorgar puntos de vista separados de distintas zonas alrededor del Sol.

Las celdas que se producen suelen formarse en áreas entre los agujeros de la corona solar, que son regiones más frías y menos densas que la propia corona y que se hacen evidentes, en las imágenes, como regiones obscuras y canales de filamentos que marcan la frontera entre regiones magnéticas que apuntan hacia arriba y hacia abajo. Sabiendo cómo estas celdas evolucionan, se pueden tener pistas sobre cómo los campos magnéticos cambiantes en las fronteras de los agujeros de la corona solar afectan la emisión constante de material -que llega a la Tierra- y que es conocido como viento solar, el cual es emitido por estos agujeros.

Las imágenes de arriba muestran las celdas de la corona solar como si se estuvieran observando desde arriba por la sonda STEREO-B (a la izquierda) y por la sonda SDO (a la derecha). Sus diámetros son de unos 28,968 kilómetros. Por su parte, las imágenes que aparecen abajo, muestras la misma región como si fuera vista simultáneamente desde los lados por la sonda STEREO-B (a la izquierda) y la SDO (a la derecha). Las vistas de abajo también muestran a las columnas como si estuvieran inclinadas lejos de cada observatorio y en la forma en la que un pilar gigante se vería si fuera visto desde un costado. Las cabezas de las flechas blancas y negras marcan puntos idénticos en el Sol, como se ve desde la sonda STEREO-B y SDO /Fuente: NASA.

“Pensamos que las celdas de la corona son como flamas que son disparadas como las velas en un pastel de cumpleaños”, afirma Shelley. “Cuando las ves por un lado parecen como flamas. Cuando las miras hacia abajo parecen celdas. Y hemos tenido una buena manera de comprobar esto, porque las pudimos ver desde arriba y desde un lado utilizando las observaciones del Observatorio de Dinámica Solar (SDO, por sus siglas en inglés), el Observatorio de Relaciones Solar-Terrestres A y B (STEREO-A y STEREO-B, por sus siglas en inglés).

Cuando las celdas fueron descubiertas en el otoño de 2011, las naves SDO y las dos STEREO, cada una tuvo diferentes puntos de vista del Sol, de tal suerte que, como la rotación solar de 27 días llevó a las celdas de la corana a rotar a través de la cara del Sol, éstas aparecieron primero en los registros de la STEREO-B, posteriormente en SDO y, finalmente en STEREO-A, para comenzar nuevamente en STEREO-B. Adicionalmente, cuando un observatorio miró hacia abajo directamente sobre las celdas, otro observatorio pudo observarlas desde un costado.

Las ubicaciones relativas al Sol y a la Tierra en 2011 de STEREO-A , STEREO-B y SDO.

Los investigadores utilizaron secuencias de lapsos de tiempo obtenidas de los tres satélites con el objetivo de rastrear estas celdas alrededor del Sol. Cuando un observatorio miraba hacia abajo en una de estas áreas, mostraba los patrones de celdas que Sheely había visto por primera vez. Pero cuando la misma región era observada de manera oblicua, mostró a estas columnas inclinándose hacia un lado.

En conjunto, estas imágenes bidimensionales revelan la naturaleza tridimensional de las celdas mientras que las columnas de material solar se extienden hacia arriba a través de su atmósfera como inmensos pilares gigantes de gas.

El descubrimiento de las celdas está incrementando nuestro conocimiento de la estructura magnética de la corona solar. En el futuro, estudios sobre la evolución de estas celdas podrían mejorar la comprensión de los cambios magnéticos que se producen en los límites de los agujeros de la corona solar y sus efectos en los vientos que produce el Sol que, a su vez, tienen efectos directos sobre el clima en la Tierra.

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN DE Julio García.

FUENTE: NASA.

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