Un satélite permite poner a prueba la vida más allá de la Tierra

La NASA lanzó al espacio, en noviembre de 2011, un nanosatélite que llevaba consigo microorganismos que fueron puestos en una órbita baja alrededor de la Tierra con la finalidad de monitorear los efectos del ambiente espacial en su crecimiento y metabolismo. El nanosatélite, que lleva consigo el experimento llamado Exposición Orgánica al Estrés Orbital (O/OREOS), por sus siglas en inglés, pesa 5 y medio kilos y contiene dos poblaciones de la especie microbiana Bacilius subtilis. Un primer cojunto de los microbios es una sepa de origen natural y el segundo es un conjunto de microbios también que, gracias a una mutación genética, son resistentes a los efectos de la radiación.

Los microorganismos que ahora se encuentran en el espacio forman parte del proyecto Supervivencia al Medio Ambiente Espacial de Organismos Vivos (SESLO, por sus siglas en inglés), que pretende saber (después de 4 meses ya lo ha conseguido) cómo se comportan los microorganismos ante las tensiones del medio ambiente espacial. En órbita, los organismos fueron expuestos a una tasa total de radiación 15 veces superior que la que los astronautas experimentan abordo de la Estación Espacial Internacional. Entre los peligros que enfrentaron fueron la microgravedad, la radiación ionizante y el bombardeo pesado de iones.

Una variante del Bacilus subtilis tiene la capacidad de adaptarse a entornos con condiciones atmosféricas adversas o como las que se pueden observar en el espacio /Imagen: http://www.wikipedia.org

Pese a no haber regresado ninguna muestra a la Tierra, el nanosatélite viajó alrededor de nuestro planeta justamente por encima de la llamada Termósfera, llevando a cabo medidas biológicas y químicas por 6 meses. Durante este tiempo, experimentos de control fueron llevados a cabo también en la Tierra con la finalidad de identificar diferencias en el crecimiento entre la poblaciones del espacio y los experimentos de control aquí en nuestro planeta.

Así, tenemos que las esporas bacterianas germinaron con éxito y crecieron después de 14 días de estar en órbita y después a los 97 días. En microgravedad, las células generalmente crecen y se metabolizan más despacio que sus contrapartes en la Tierra. Curiosamente, los microorganismos que crecieron a los 97 días de ser expuestos a la gravedad no mostraron diferencias significativas en sus parámetros de crecimiento en comparación con aquellos que crecieron a lo largo de 14 días.

La Termósfera es una de las capaz de la Tierra en donde tiene lugar el proceso de ionización de átomos y moléculas provenientes del Sol. Aquí fue instalado el microsatélite O/OREOS /Imagen: http://www.bibliotecadeinvestigaciones.files.wordpress.com/

El estudio proporciona también una visión sobre cómo los organismos vivos son capaces de hacer frente a la vida más allá de nuestro planeta. Los resultados permitirán también a los astrobiólogos entender el potencial que tiene ésta para sobrevivir en el espacio. El proceso, llamado Panspermia, y que por el momento es sólamente una teoría duramente cuestionada, afirma que la esencia de la vida prevalece diseminada por todo el universo y que ésta llegó a la Tierra a través de dicha semillas.

O/OREOS también lleva consigo otro conjunto de experimentos como un dispositivo que sirve para determinar la viabilidad de los organismos para sobrevivir al ambiente del espacio (Space Environment Viability of Organics), el cual monitorea la estabilidad y los cambios en cuatro clases de moléculas orgánicas durante un vuelo espacial. Estudiar cómo las moléculas orgánicas son afectadas por el ambiente del espacio es también beneficioso para los estudios que se realizan sobre astrobiología, ya que estos datos nos pueden ayudar a comprender la evolución química en el principio del cosmos y la probabilidad de que las molécula esenciales para el origen de la vida hayan llegado a la Tierra a través de una fuente extraterrestre.

“El éxito total de la misión O/OREOS demuestra de manera convincente que los microsatélites son efectivos (en relación con el bajo costo que suponen) para la realización de investigaciones científicas”, afirmó Mary Voltek, investigadora del Programa de Astrobiología de la NASA, quien además añadió: “las capacidades de los nanosatélites están creciendo de manera constante, haciéndolos buenos candidatos para operar los experimentos precursores de los satélites más grandes, la Estación Espacial Internacional, para las futuras misiones a la Luna y para la exploración planetaria”.

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN de Julio García.

FUENTE: www.astrobio.net

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