Nuevo estudio genético ofrece pistas de cómo la inteligencia cambia a lo largo de la vida

Un equipo mutlidisciplinar de científicos de varias universidades, han estimado por primera vez el grado en que los génes determinan los cambios en la inteligencia a través del curso de la vida de cada ser humano.

El estudio ha encontrado -concretamente- que los factores genéticos cuentan en un 24% en los cambios sufridos en la inteligencia entre la niñez y la vejez.

La investigación -que ha sido publicada en la revista Nature, sugiere también que muchos de los génes que afectan a la inteligencia en la niñez, también afectan a la inteligencia en la edad adulta y que, sin embargo, la mayoría de los cambios en la inteligencia obedecen mayoritariamente a la influencia ambiental.

Identificar la influencia genética en la inteligencia nos ayudaría a entender la relación entre conocimiento y resolución de problemas y los resultados de los individuos de manera individual, y especialmente para entender por qué algunas personas envejecen mejor que otras en términos de inteligencia.

Para llegar a éstas conclusiones, los investigadores combinaron análisis genéticos con información referente a los análisis de inteligencia que realizaron las personas estudiadas: primero a los 11 años de edad y luego entre los 65 y los 79 años, luego, hicieron un análisis de más de medio millón de marcas genéticas de alrededor de 2,000 personas, con la finalidad de resolver qué tan similares eran estas marcas entre los individuos y dónde no había ningún tipo de relación genética entre ellos.

Los resultados fueron posibiles debido que Escocia tiene una gran base de datos de pruebas de inteligencia hechas a sus ciudadanos, realizadas sobre todo entre los años 1932 y 1947. Las pruebas fueron hechas a casi todos los niños escoceces en 1921 y 1936. Para el presente estudio, a un total de 2000 personas -que ya habían hecho un test previo en su infancia- se les volvieron a realizar pruebas ahora que han llegado a la vejez.

Por su parte, el profesor Ian Deary del Centro de Envejecimiento Cognitivo y Epidemiología Cognitiva de la Universidad de Edimburgo, ha dicho que “hasta ahora no habíamos tenido una estimación de cuánto las diferencias genéticas pueden afectar cómo la inteligencia cambia a lo largo de la vida. Éstos nuevos resultados fueron posibiles porque nuestros equipos de investigadores lograron combinar una amplia cantidad de recursos valiosos. Los resultados explican -en parte- por qué el cerebro de algunas personas envejece mejor que el de otras. Hemo tenido cuidado en sugerir que nuestras estimaciones no tienen un significado estadístico convencional, sin embargo nos son muy útiles porque estas estimaciones no habían estado disponibles hasta ahora”.

El profesor de la Universidad de Queensland en Australia, Peter Vissacher, ha comentado también sobre los resultados: “Datos únicos como éstos y las nuevas tecnologías aportadas por el genoma, combinada con nuevos métodos de análisis, nos han permitido abordar preguntas que no habían podido ser respondidas anteriormente. Los resultados sugieren también qué tan importante es y cómo influye el medio ambiente para mantener nuestros cerebros en forma mientras envejecemos. Ni el factor genético espécifico ni los factores ambientales fueron identificados en ésta investigación, por lo que, nuestros resultados, proporcionan la órden y la obligación para otros y para nosotros mismos de que tenemos que seguir buscando”.

Para el investigador emérito de Salud Mental de la Universidad de Aberdeen en Reino Unido, Lawrence Whalley, “ésta investigación publicada en la revista Nature, representa un hito en un programa de investigación a largo plazo que comenzó en Aberdeen en 1997 y que fue expandido a Edimburgo en el año 2000. Esta colaboración de investigación entre las universidades de Aberdeen y Edimbugo, ha producido más de 100 trabajos científicos en conjunto, que han logrado incrementar considerablemente nuestra comprensión sobre el debilitamiento de las capacidades mentales en edades avanzadas, y sobre los comienzos de la demencia”.

Traducción de Julio García.

Fuente: www.medicalexpress.com 

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