Una nueva era la para la física: la búsqueda de Bosón de Higgs

por Julio García.

Entre la frontera entre Francia y Suiza, en un paraje montañoso muy cerca de Ginebra, se encuentra ubicado lo que hoy se considera el experimento científico más ambicioso de los últimos tiempos, tanto por su costo económico (5,000 millones de euros) como por sus alcances en el desarrollo de la física de partículas: el Gran Colisionador de Hadrones. Su objetivo fundamental es recrear las condiciones iniciales que existieron, hace 13,700 millones de años en los primeros instantes del universo, del Big Bang.

El proyecto, en el que participan científicos de una veintena de países, incluyendo investigadores de la UNAM, comenzó a cocinarse a mediados de los años 50 en los laboratorios de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, o Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire (CERN, por sus siglas en francés), de donde han surgido también otros grandes inventos como la World Wide Web.

Por fin el 10 de septiembre de septiembre de 2009, y ante la mirada de expectación y un tanto de incertidumbre de algunos miembros de la comunidad científica mundial que consideraban que este experimento traería consecuencias catastróficas para la Tierra y quienes la habitamos (se llegó a decir, inclusive, que las altas energías que sería capaz de producir el artilugio desencadenaría la producción de mini agujeros negros capaces de tragarse todo lo que encontrasen a su paso tras el inmenso campo gravitatorio que generaría, información que luego fue desmentida), el Gran Colisionador de Hadrones comenzó a funcionar con éxito, sin consecuencias catastróficas para nadie, acelerando en un inmenso túnel subterráneo de 27 kilómetros de longitud rayos de protones super enfriados, a la escalofriante temperatura de 273 grados centígrados bajo cero y a la trepidante velocidad de 99.999991 por ciento de la velocidad de la luz.

Los protones, hay que decirlo, son diminutas partículas que, junto con los neutrones y electrones, le dan forma a los átomos, que a su vez modelan a toda la materia del universo, incluyendo a los organismos vivos como nosotros. Pero hay que decir que, más allá de los componentes esenciales de los átomos, existen aún otras partículas aún más diminutas que, de acuerdo con los científicos, representan los verdaderos ladrillos del universo conocido e, igualmente, de aquel universo formado por materia y energía obscura que no podemos observar a simple vista, ni con los instrumentos más poderosos construidos hasta ahora, salvo por la luz que de ahora en adelante nos pueda proveer el Gran Colisionador de Hadrones del CERN.

Uno de estos misteriosos ladrillos fundamentales es el llamado Bosón de Higgs, cuyo apelativo se desprende de los estudios que desde los años 60 ha realizado, en el campo de la física de partículas, el gran físico de origen inglés Peter Higgs, y quien predijo la existencia de una diminuta partícula conocida en su honor como Bosón de Higgs, la cual, aunque teóricamente es demostrable (mediante cálculos matemáticos se puede constatar su existencia) no lo es desde un punto de vista experimental (no ha sido posible comprobar su masa todavía).

En este sentido, probar experimentalmente la existencia del Bosón de Higgs, y de otras partículas igual de exóticas como los gluones y los quarks, traería consecuencias muy positivas para todos aquellos que se dedican a estudiar los orígenes del universo, ya que de comprobarse la existencia de esta partícula subatómica, se estaría planteando la existencia real de un campo diferente al eléctrico y magnético, un tipo de campo nuevo que inundaría todo el universo y que podría explicar también por qué el Cosmos está constituido por un 23 % de materia obscura, un 72 % de energía obscura y apenas un 5 % de materia visible. Materia visible que toma su identidad en planetas, estrellas, meteoritos, animales, plantas y seres humanos como nosotros, pero que nos plantea muchas interrogantes tales como ¿En donde se encuentra el otro 95 % de materia y energía que los científicos se atreven a predecir en función de los estudios que hoy se realizan sobre la densidad del universo? O bien, ¿Qué provocó la existencia de esta pequeña porción de materia de la que estamos constituidos, esta ruptura en la simetría, fundamental para que yo escriba estas palabras y que usted me lea a través de la tinta del periódico?

El Colisionador de Hadrones del CERN buscará encontrar respuesta a estas y muchas interrogantes más que aún no han podido ser respondidas por la comunidad científica y que más bien pertenecen al campo de la filosofía. Interrogantes que el hombre se ha hecho desde que ha tenido la capacidad y el tiempo suficiente para reflexionar sobre la realidad y el lugar que ocupa en el universo.

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