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Un planeta gigante, alienígena, podría resolver misterio sobre formación planetaria

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La atmósfera brillante de un extraño planeta gigante podría ayudar a resolver el hecho de cómo se ha formado y cómo se formó nuestro propio Sistema Solar.

El descubrimiento se pudo realizar gracias a las observaciones minuciosas que se han llevado a cabo de la estrella HR 8799, que se encuentra a unos 130 años de la Tierra. El sistema en HR 8799 es hogar de cuatro planetas gigantes que orbitan esta estrella que apenas tiene 30 millones de años de antigüedad.

También, es la primera vez que se encuentran planetas tan grandes. El peso de cada uno de ellos va de 5 a 10 veces la masa de Júpiter y aún siguen produciendo luminosidad propia gracias al calor que emiten debido al proceso de formación que aún no culmina.

“Es el único sistema que hemos encontrado hasta ahora, en donde se puede observar cada uno de los múltiples planetas que existen allí”, afirmó Bruce Macintosh del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore que se encuentra en California.

El sistema solar en cuestión se asemeja y es una versión ampliada del nuestro sugiriendo que, tal vez, existan planetas allí del tamaño de la Tierra.

“Probablemente tenga también un cinturón de asteroides interior, que se encuentre cerca de los planetas gigantes, como también sucede en nuestro propio sistema solar, donde existe la llamada nube de Oort. Algo análogo a esta nube podría encontrarse en HR 8799”, afirmó el astrónomo Quinn Konopacky de la Universidad de Toronto.

La atmósfera de uno de los exoplanetas ha sido revelada.

Los astrónomos se han concentrando en observar uno de los planetas más visibles de la estrella, llamado HR 8799c, que es un gigante colosal que tiene siete veces la masa de Júpiter y que circunda la estrella HR 8799 en un rango comparable a la distancia existente entre Plutón y el Sol.

El nacimiento de este inmenso planeta, y el hecho de que se encuentre tan cerca de la estrella que orbita, contradice a los dos modelos existentes sobre formación planetaria. En uno de los modelos, que tiene múltiples procesos, y al que se le denomina acreción del núcleo, el gas se acumula lentamente sobre el núcleo planetario, mientras que el mecanismo conocido como inestabilidad gravitacional (el segundo modelo) implica la creación simultánea del interior del planeta y su atmósfera.

“Con el modelo tradicional de acreción del núcleo, es muy difícil formar planetas tan grandes como HR 8799 y a tan lejanas distancias con respecto a la estrella que orbitan”, dijo Konopacky. “Típicamente, en este modelo, objetos del tamaño de Júpiter o más grandes se forman mucho más cerca de su estrella. Esto se debe a muchas razones y una de ellas tiene que ver con que existe menos material a grandes distancias. Este material proviene de la estrella misma”, añadió.

Por el contrario, “en el modelo de inestabilidad gravitacional, sí que es posible formar grandes planetas a largas distancias, usualmente porque son capaces de atraer a un disco de material mucho más masivo”, comenta Konopacky. “Pero el modelo generalmente predice que debe haber objetos más masivos orbitando muchas otras estrellas a estas distancias, y este tipo de objetos no han sido descubiertos en los estudios que se han hecho”.

Para ayudar a resolver este misterio, los científicos analizaron el brillo producido por el planeta HR 8799c, utilizando un espectrógrafo de alta definición llamado OSIRIS, que se instaló en el Observatorio Keck de Hawaii. Las moléculas, en cualquier atmósfera, pueden absorber luz, que resulta en patrones conocidos como espectro y que permite a los científicos identificar de qué elemento químico se trata.

Esta es una de las imagenes tomadas por el instrumento OSIRIS del planeta gigante HR8799c que se encuentra a 30 años de distancia. El rectángulo indica el campo de visión del instrumento y, ahí dentro, el planeta. /Crédito: http://www.space.com

HR 8799c es bastante brillante y se encuentra a una distancia considerable de su estrella,  hecho que ha ayudado a los astrónomos a obtener datos espectrográficos muy detallados de su atmósfera.

“La parte más emocionante de este resultado es que hemos sido capaces de hacer observaciones de la atmósfera de un exoplaneta con este nivel de detalle, mucho más de lo que yo me imaginaría que era posible”, dijo Konopacky. “Hemos podido lograr un nivel de detalle sin precedentes donde las huellas químicas de las moléculas en la atmósfera son increíblemente precisas y definidas. Esto es sumamente importante porque gracias a esta calidad de los datos podemos investigar la verdadera composición de la atmósfera del planeta y, por consiguiente, decir algo sobre cómo se formó”.

La falta de metano: una pista.

Entre los elementos químicos detectados, los científicos pudieron encontrar agua y monóxido de carbono en la atmósfera del exoplaneta, pero no metano. La ausencia de este elemento “podría decirnos que podría estar entremezclado entre las diferentes capas de su atmósfera”, afirma Konopacky. “Puesto que el metano es una molécula muy sensible, pudo haber sido destruida cuando se mezcló con las partes profundas y calientes de la atmósfera. Este hecho de haberse mezclado, nos dice mucho de las condiciones atmosféricas que prevalecieron en la etapa de juventud de planetas como Júpiter”, dice.

Adicionalmente, a pesar de que los investigadores han observado mucho vapor de agua en la atmósfera de HR 8799c, “hemos detectado un poco menos de lo que habríamos esperado si el planeta tuviera la misma composición química que su estrella madre”, dijo Konopacky. “Esto nos está diciendo que el planeta tiene ligeramente un poco más de carbono comparado con oxígeno”.

Esta alta proporción de carbono versus oxígeno es un indicio con respecto a la formación del exoplaneta. En este sentido, los investigadores sugieren que fueron pequeños granos de hielo que se condensaron en el disco que rodea a la estrella HR 8799 los que dieron origen a los planetas que actualmente la orbitan.

Observatorio Keck

Fotografía del observatorio Keck Hawaii,el cual fue utilizado para descubrir a HR8799 y sus cuatro planetas supergigantes.

“Estos granos de hielo se pegaron unos con otros para hacer, poco a poco, granos y luego piedras más grandes, de varios kilómetros de diámetro, que dieron origen al núcleo del planeta”, comenta Konopacky. “La atmósfera vino después: y sucedió cuando el planeta se hizo cada vez más grande y atrajo el gas que la rodeaba”.

El hallazgo implica que, el mecanismo que interviene en la formación de planetas llamado, como ya hemos dicho, acreción del núcleo, resultó decisivo para la formación de HR 8799c y de nuestro propio Sistema Solar.

Ahora bien: con los modelos existentes de acreción del núcleo, los investigadores están pensando como, vía este proceso, los planetas se forman lejos de sus estrellas madre. Por ejemplo, podría haber mucho más materia fuera de los bordes de los discos protoplanetarios que se forman alrededor de las estrellas de lo que hasta ahora se creía o, quizá, materia solida se uniría para formar núcleos de planetas más fácil y más rápido de lo que previamente se sospechaba.

“Refinando el modelo de acreción del núcleo, para explicar la presencia de los planetas en HR 8799, es posible que seamos capaces de comprender mejor el proceso de formación de los sistemas planetarios en general, incluyendo al nuestro”, dijo Konopacky.

“También nos gustaría descubrir planetas a través de imágenes directas que puedan ser estudiados con este nivel de detalle”, añade. “Actualmente estamos trabajando con un nuevo instrumento llamado Gemini Planet Imager que está diseñado para hacer justamente esto. Llegará al telescopio Gemini de Chile este año, y será capaz de descubrir mundos más pequeños que HR 8799 y que seguramente estarán más cerca de sus estrellas madre”.

La investigación de Konapacky y sus colegas apareció publicado el pasado 14 de marzo de 2013 en la revista Science.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Space.com

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Nuevo modelo teórico explicaría como se formaron Jupiter y Saturno

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Un nuevo modelo teórico desarrollado por el científico del Instituto Carnegie de Washington, Alan Boss, da nuevas pistas de cómo pudieron haberse formado y evolucionado los planetas gigantes gaseosos -como Júpiter y Saturno- en nuestro Sistema Solar.

Las estrellas nuevas están rodeadas por un disco de gas durante las primeras etapas de su existencia. Se cree que los planetas gigantes se forman, precisamente, por la presencia de estos discos.

Pero existen varias teorías que compiten unas con otras respecto a cómo es que los planetas gigantes se forman alrededor de las protoestrellas. Una de estas teorías propone que estos planetas surgieron a partir de pequeños pedazos de roca y hielo que se fueron uniendo, seguido de la creación de un disco de gas que rodearía a la estrella naciente. La otra teoría propone que grupos de gas denso que se forman en brazos espirales, incrementan la masa y la densidad de estos brazos formando un planeta gigante en un solo paso.

Observaciones de estrellas jóvenes que siguen teniendo estos discos de gas, demuestran que las estrellas como el Sol se someten frecuentemente a periodos de estallido que duran al menos 100 años y que transfieren masa desde el disco hacia la estrella joven, incrementando su luminosidad. Se piensa que estas ráfagas cortas de acreción de masa son impulsadas por una inestabilidad gravitacional en el disco de gas.

“Los planetas gigantes, una vez que se forman, son muy difíciles de destruir”, afirmó Alan Boss, “aún durante el periodo de los fuertes estallidos energéticos que experimentan las estrellas jóvenes”, añade.

Para llegar a sus conclusiones, Boss desarrolló modelos tridimensionales muy detallados con la finalidad de demostrar que, independientemente de cómo se formaron los planetas gigantes gaseosos, estos debieron de haber sido capaces de sobrevivir a periódicas transferencias de masa desde el disco de gas hacia la estrella joven.

Por otro lado, uno de los modelos desarrollados es similar al Sistema Solar y su estabilidad es de unos 1000 años. El otro modelo contenía planetas parecidos a Júpiter y a Saturno y se le dio una estabilidad de 3,800 años. Los modelos mostraron que estos planetas fueron capaces de evitar ser forzados a migrar hacia el interior para ser tragados por la protoestrella en crecimiento, o ser arrojados completamente fuera del sistema planetario debido a la interacción que pudiese haberse dado entre un planeta y otro.

Actualmente se ha encontrado en torno a un 20% de planetas gigantes gaseosos en estrellas parecidas al Sol, lo que indica que el modelo propuesto por Boss sobre el origen de planetas como Júpiter y Saturno va por buen camino.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Daily Galaxy.

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La sonda Cassini toma bellísimas fotografías de Venus y Saturno

La sonda Cassini-Huygens de la NASA ha logrado tomar esta bellísima imagen (que aparece arriba) de Saturno y Venus, que se observa como un pequeño punto blanco que se encuentra arriba y a la derecha del centro de la imagen.

La fotografía fue tomada en noviembre de 2012 cuando Cassini se encontraba en la sombra de Saturno. Esto le permitió observar en la dirección del Sol y Venus, lo cual le permitió obtener una instantánea de sus anillos que, en ese momento, se encontraban en una posición geométrica llamada “fase solar alta”. La posición de observación revela detalles sobre sus anillos y atmósfera que no pueden ser vistas en una “fase solar baja”.

Una de las fotografías que han sido publicadas es producto de la combinación de imágenes en tres colores diferentes: rojo, verde y azul. Éstas han sido superpuestas para poder producir un color real.

En otra imagen, tomada en enero de 2013, aparece Venus justo más allá del limbo de Saturno y muy cerca del llamado Anillo G que es un anillo muy delgado que se encuentra un poco más allá del anillo principal. También aparece el difuso Anillo E, que se encuentra afuera del anillo G.

Saturno y Enceladus

En esta Imagen de Venus con los Anillos de Saturno, también aparece la luna Enceladus que fue descubierta en 1789 por el astrónomo William Herschel. /Crédito: http://www.jpl.nasa.gov

Venus es, junto con Mercurio la Tierra y Marte, uno de los planetas rocosos, llamados también `terrestres´, del Sistema Solar. Venus tiene una atmósfera compuesta en su mayoría por dióxido de carbono  cuya temperatura puede alcanzar los 500 grados y una presión en su superficie que 100 veces más fuerte que la presión que hay en la Tierra. A Venus se le considera como el hermano gemelo de nuestro planeta debido a su tamaño, a su masa y a su composición rocosa. Además está cubierto por una capa muy delgada de nubes de ácido sulfúrico, lo que lo hace ser muy brillante.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Jet Propulsion Laboratory.

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Las estrellas Vega y Formalhaut parecen contener sistemas planetarios

Cinturón de asteorides

Cinturones formados por restos de asteorides en las estrellas Vega y Formahault. Los discos internos están más calientes que los externos./Crédito: dailygalaxy.com

El reciente descubrimiento de los restos de escombros en un cinturón de asteroides alrededor de la estrella Vega, hace que ésta sea similar a otra de nombre Formalhaut. Los datos han arrojado que ambos astros poseen un anillo interno (más caliente) y otros externo (más frío) separados por un espacio o división. Esta arquitectura es similar al cinturón de Kuiper que se encuentran en nuestro propio Sistema Solar. ¿Pero qué es lo que mantiene dicha división entre los cinturones calientes y fríos alrededor de Vega y Formalhaut? Los resultados sugieren que allí podría haber un sistema formado por varios planetas. Y esto es así porque, el cinturón de asteroides de nuestro Sistema Solar, que se encuentra entre las órbitas de Marte y Júpiter, mantiene su forma gracias al efecto que produce la fuerza de gravedad de los planetas terrestres y gigantes gaseosos como Júpiter o Neptuno.

“Nuestros resultados nos muestran que los sistemas con múltiples planetas son comunes más allá del sistema solar”, afirmó Kate Su, astrónoma del Observatorio Steward de la Universidad de Arizona en Tucson, Estados Unidos.

Ambas estrellas, Formalhaut y Vega, están relativamente cerca de la Tierra: a unos 25 años luz y tienen una edad aproximada de 400 millones de años. De hecho, Formalhaut tiene a un posible candidato a planeta llamado Formalhaut b, el cual orbita el borde interior de su cinturón de asteroides.

Comparativo de sistemas planetarios en Vega

Cuadro comparativo entre el sistema Vega (izquierda) y el Sistema Solar (derecha). Como se puede apreciar, los cinturones (el de la Tierra es el cinturón de Kuiper) se encuentran más fríos que los de la parte interna donde el Sol influye en sus altas temperaturas. / Crédito: http://www.dailygalaxy.com

Por otro lado, los telescopios responsables de detectar los cinturones en ambas estrellas son el Herschel y Spitzer, los cuales consiguieron medir la luz infrarroja emitida por polvo frío y caliente presentes en bandas discretas alrededor de Vega y Formalhaut, descubriendo así un nuevo cinturón de asteroides alrededor de Vega y confirmando la existencia de otros cinturones alrededor de ambas estrellas. Los  astrónomos creen que los cometas y las colisiones de fragmentos rocosos han sido los responsables de `reponer´el polvo en estas bandas.

Los cinturones internos en estos sistemas no pueden ser observados en luz visible debido al deslumbramiento que el brillo natural de las estrellas producen en los telescopios.

Basados en estas observaciones, los astrónomos calcularon que el planeta se encuentra formando una órbita altamente elíptica de unos 2,000 años de longitud. A partir de ahora, y hasta los próximos 20 años, el planeta cruzará un amplio cinturón de escombros. Si la órbita del planeta se encuentra en el mismo plano que el cinturón, los restos de hielo y rocas podrían chocar en la atmósfera del mundo en cuestión que produciría una serie de fenómenos variados.

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Los científicos han confirmado, gracias al telescopio Hubble, la presencia de un planeta en la estrella Formahault. En esta imagen se puede apreciar su movimiento orbital. /Crédito: http://www.wikipedia.org

Pero, ¿cómo son en realidad los cinturones de asteroides en Vega y Formalhaut comparados con los del Sistema Solar? Ambos, el cinturón interno y externo contienen mucho más material que los cinturones de asteroides de Kuiper. El cinturón externo se encuentra 10 veces más lejos que el cinturón interno de sus respectivas estrellas. Y debido a la gran división o distancia existente entre el cinturón externo e interno, es probable que posean planetas que aún no han podido ser detectados y que tengan el tamaño de Júpiter o que sean más pequeños todavía.

“La gran división o distancia entre los cinturones calientes y fríos hace que sea muy probable que tanto en Vega como en Formalhaut existan planetas”, comentó la co-autora del estudio, Karl Stapelfeldt, de la NASA.

En 2018, si todo sale bien, será puesto en órbita el Telescopio Espacial James Webb que sustituirá al Telescopio Hubble. Debido a su su mayor capacidad para detectar objetos pequeños, el James Webb seguramente podrá confirmar la existencia de planetas en estos dos astros.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Daily Galaxy

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Finalmente el asteroide Apophis no chocará con la Tierra en 2029

Asteoride Apophis

Esta imagen, en tres colores, fue tomada el 5 de Enero de 2013 por el telescopio Herschel y nos muestra al asteoride Apophis en su paso por la Tierra / Crédio ESA.

Esta semana el observatorio espacial Herschel, de la Agencia Espacial Europea, ha hecho nuevas observaciones del asteroide Apophis mientras se aproxima a la Tierra. Los datos muestran que es más grande de lo que se pensaba y menos brillante.

Catalogado como el asteoride número 99942, Apophis es frecuentemente apodado por los medios de comunicación como “el asteroide del juicio final”, después de que observaciones llevadas a cabo después de su descubrimiento en 2004 le dieran un 2.7% de probabilidad de que impactaría con  la Tierra en Abril de 2029.

Pero, con los datos adicionales que se han recabado desde entonces, el impacto de 2029 ha quedado descartado por completo; sin embargo el asteroide pasará a unos 36,000 kilómetros de la superficie terrestre, a una distancia que es inclusive más cercana de la que se encuentran los satélites geoestacionarios.

Por otro lado, Apophis regresará nuevamente al vecindario terrestre en 2036 y se sabe muy poco que tan cerca pasará de nosotros. Y no se sabe que sucederá porque los científicos han hecho predicciones de que el acercamiento de 2029 alterará su órbita sustancialmente.

El observatorio Herschel tuvo una excelente oportunidad el pasado fin de semana para observar el asteroide por alrededor de 2 horas en su aproximación a la Tierra.

En esta imagen se muestra la órbita y la trayectoria del asteoride Apophis. /Crédito: http://www.msn.com

“Comprender las propiedades más importantes de los asteroides nos ayudará a enviar misiones que eventualmente podrían visitar cuerpos potencialmente peligrosos e inclusive desviarlos”, afirmó Laurence O´Rourke del Centro Europeo Astronómico y del Espacio.

El telescopio también ha logrado hacer las primeras observaciones térmicas en infrarrojo a diferentes longitudes de onda que, junto con otras medidas ópticas, han ayudado a refinar estimados de sus propiedades. Por ejemplo,  estimaciones previas afirmaban que el diámetro promedio de Apophis era de 270 ± 60 metros, y las nuevas mediciones de Herschel le otorgan un diámetro más precioso de 325 ± 15 metros.

“El incremento de 20% de diámetro, de 270 a 325 metros, se traduce en un 75% de incremento en nuestras estimaciones del volumen de masa del asteroide”, dijo Thomas Müller del Instituto Max Planck en Alemania.

Y, analizando el calor emitido por Apophis, el telescopio también proporciona un nuevo estimado de su albedo (que es la medida de su reflectividad) de un 0.23. Este valor significa que el 23% de la luz del Sol que choca con el asteroide es reflejada; el resto es absorbida y hace que el asteroide se caliente. El calculo previo de su albedo se estimaba en 0.33 (se creía que reflejaba más luz).

Conociendo las propiedades térmicas de cualquier asteroide, los científicos pueden saber en qué medida su órbita puede alterarse o modificarse en función de la cantidad de radiación que recibe del Sol. A este fenómeno se le conoce como Efecto Yarkovsky y define cómo los objetos en el espacio pueden alterar su órbita como consecuencia de la cantidad de radiación que absorben del Sol.

Para concluir debemos decir que los científicos tienen muy claro que Apophis no impactará con la Tierra en el futuro inmediato y que, por lo tanto, debemos de estar tranquilos. Lo que se desconoce es lo que podría suceder a largo plazo ya que, ¿podría alterarse la órbita de este asteroide lo suficiente para impactar con la Tierra? Eso por ahora nadie lo sabe.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: ESA

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