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La atmósfera de planetas extrasolares ofrecen nuevas pistas sobre la posibilidad de vida

atmosfera terrestre

Conforme se descubren más planetas parecidos a la Tierra a lo largo y ancho de la Vía Láctea, los científicos se preguntan cuáles deben ser las condiciones para que en estos mundos la vida pueda desarrollarse y prosperar.

Un nuevo estudio publicado en la revista Astrophysical Journal sugiere que la presión atmosférica resulta fundamental para determinar que en un planeta haya vida o no, debido a que esta presión es determinante para que el agua se encuentre en estado líquido.

En este sentido, muchos de los trabajos teóricos y de observación que se hacen en astrobiología conciernen con la zona de habitabilidad, que es una región o una “banda” alrededor de una estrella donde el agua se encuentra en un estado intermedio, de equilibrio, que le impide congelarse o bien llegar al punto de ebullición donde la presencia de vida tal y como la conocemos sería imposible.

¿Pero qué es exactamente la presión atmosférica y por qué es determinante, según este nuevo estudio, para que la vida se pueda desarrollar?

En la Tierra, el espacio alrededor de nosotros está lleno de moléculas de aire que, en conjunto, producen un peso sobre nuestro cuerpos. Sin embargo, esta presión no la podemos sentir directamente ya que la atmósfera produce una presión de 1 kilogramo por centímetro cúbico.  Afortunadamente la vida en nuestro planeta ha evolucionado para poder funcionar bajo esta presión.

Ahora bien: la presión atmosférica también tiene un impacto sobre el punto de ebullición del agua (que sucede cuando ésta pasa de estado líquido a gaseoso). Y como muchos lo hemos comprobado, cuando cocinamos a grandes altitudes el agua llega su punto de ebullición a una temperatura más baja de los 100º. La razón de esto es que la presión atmosférica es menor a grandes altitudes y mayor a nivel del mar.

Lo anterior también puede ser explicado así: la temperatura es un indicador de la velocidad con la que se mueven las moléculas, por lo que el punto de ebullición ocurre cuando el movimiento molecular es suficientemente rápido para permitir a más moléculas escapar unas de otras, de tal suerte que de forma más rápida éstas se convierten en gas cuando existe menos presión.

En el trabajo publicado por Givoanni Vladilo y sus colegas del Observatorio Astronómico de la Universidad de Trieste en The Astrophysical Journal, se presentan los resultados de una simulación por computadora, se utilizaron 4000, de la composición y el tamaño de nuestro planeta. En el modelo se simula también la presión atmosférica que va de una centésima a seis veces la presión de la Tierra. Los investigadores también hicieron algunas variaciones en las órbitas de los planetas virtuales con respecto a su posición con el Sol.

El resultado del experimento demostró que un exoplaneta que fuera parecido a la Tierra, pero con una presión atmosférica más alta, podría ser considerado habitable aún si se encontrara un 5% más cerca de una estrella como el Sol. Contrariamente: un planeta con menor presión atmosférica que la existente en nuestro planeta tendría que estar 5% veces más alejado de una estrella como la nuestra.

El factor principal detrás de poder expandir la zona de habitabilidad dependiendo de la presión atmosférica es que las altas presiones se traducen en atmósferas más densas. Y las atmósferas con mayor densidad transportan el calor de mejor manera que las atmósferas más delgadas, contribuyendo así al surgimiento del efecto invernadero donde los gases atmosféricos absorben el calor.

Por su parte, los exoplanetas que están más alejados de sus estrellas madre (más de lo que está la Tierra del Sol),  recibirán menos luz y una atmósfera de alta presión atrapará y distribuirá mejor el calor que se recibe con mayor intensidad en el ecuador. En este modelo las zonas polares retendrían mejor el calor para hacer que el agua pueda manifestarse en estado líquido. En conclusión: un planeta con alta presión podría permanecer caliente a pesar de que se encuentre lejos de su estrella.

En cuanto a los mundos con una baja presión atmosférica —y volviendo a la analogía que al principio poníamos con la temperatura del agua en ebullición donde ésta puede hervir a temperaturas más bajas al contrario de cuanto está a alta presión— si uno de estos mundos se encontrase mucho más cerca de una estrella que lo que está la Tierra del Sol, entonces el agua permanecería en estado gaseoso y nunca podría estar en estado líquido.

Pero si, en cambio, uno de estos planetas cercanos a su estrella tuviera una atmósfera de alta presión, el agua no podría llegar al estado de ebullición (recordemos que a mayor presión las moléculas se mueven más lento) y, por tanto, el agua sí que podría estar presente en estado líquido a pesar de la cercanía de este planeta con respecto a su estrella y, por tanto, podría ser habitable.

Hay que decir que, por ahora, una zona de habitabilidad que dependa de la presión atmosférica, como se ha planteado, es algo puramente académico, ya que esa presión atmosférica no es una propiedad de los exoplanetas que pueda ser medida con los actuales instrumentos de observación. Pero el investigador principal, Givoanni Vladilo, es optimista al afirmar que dicha presión sí puede ser medida en aquellos planetas llamados “super-Tierras” que, como su nombre lo indica, tienen un tamaño mucho más grande que el nuestro.

“En el momento presente, las observaciones son capaces de determinar solamente algunas propiedades de las atmósferas planetarias, tales como su composición química, sobre todo en planetas que son más grandes que la Tierra. Sin embargo, estoy seguro que los avances tecnológicos nos permitirán caracterizar la atmósfera de estas super-Tierras, las cuales son candidatas para estudiar la habitabilidad planetaria. Si somos capaces de estimar algunos parámetros básicos con observaciones, como el albedo (que es la cantidad de luz que es reflejada por la superficie) y el flujo infrarrojo (que es la cantidad de luz emitida), entonces nuestros modelos serán capaces de obtener una estimación razonable de la presión en la superficie de un planeta”.

Por otro lado, un problema muy importante para la evaluación de las presiones atmosféricas de los exoplanetas, reside en que no se entiende muy bien el hecho de cómo se forman ni cómo es que adquieren sus densidades. Así, por ejemplo, la luna de Saturno, de nombre Titán, tiene una atmósfera muy delgada y, sin embargo, posee una presión 50% más alta que la atmósfera de la Tierra. Lo mismo sucede con otros cuerpos del sistema solar como las lunas de Júpiter Ganímides y Calixto que están cubiertos por una tenue envoltura de gas.

Por su parte, Vladilo y su equipo piensan realiza nuevos seguimientos de otros planetas utilizando su modelo.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Daily Galaxy.

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Descubren tres planetas cuya superficie podría estar formada de agua líquida

planeta Kepler

Por primera vez se ha descubierto un sistema de planetas en el que tres de sus miembros tendrían una superficie compuesta de agua líquida.

Y es que, de los cinco planetas que orbitan la estrella Kepler-62, que se encuentra a 1,200 años luz de distancia, y que es dos tercios más pequeña que el Sol, tres se encuentran en la llamada `zona de habitabilidad´, que es la región que los científicos consideran idónea para que el agua pueda manifestarse en forma líquida.

El hallazgo ha sido posible gracias al telescopio Kepler de la NASA que se encuentra en el espacio desde marzo de 2009.

El planta que se encuentra más alejado de su estrella se llama Kepler-62f y es un 41% más grande que la Tierra; le toma 267 días en darle una vuelta completa a su estrella. El planeta más cercano a Kepler-62, bautizado como Kepler-62e, es 61% más grande que el nuestro y cada 122 días le da una vuelta completa a su astro.

El tercer planeta es Kepler-69-c y es 70% más grande que la Tierra. Los astrónomos aún desconocen su composición, pero de lo que están seguros es de que en 242 días le da una vuelta completa a su astro.

El telescopio Kepler pudo detectarlos gracias a que fue capaz de grabar el pequeño cambio de intensidad de luz que se produce cuando un planeta pasa enfrente de su estrella y se interpone entre el observador y la última. Gracias a esta variación de intensidad lumínica, los astrónomos son capaces de calcular con mucha precisión el tamaño de un planeta.

Kepler-62 y sus planetas

Este diagrama hace un comparativo del tamaño de los cinco planetas internos del sistema Kepler-62, con los planetas de nuestro propio Sistema Solar. Kepler-62 es hogar de dos planetas que se encuentran en la zona de habitabilidad. /Crédito: NASA

Uno de los científicos responsables del descubrimiento, William Borucki de la NASA, ha sugerido que los planetas son sólidos, hechos probablemente de rocas o hielo.

Por su parte, Dimitar Sasselov, otro miembro del equipo, cree que dos de los tres planetas están cubiertos completamente por océanos. Y esto lo afirma con base en sus propios análisis, no publicados hasta ahora, en donde afirma que el agua líquida podría llegar hasta el fondo del núcleo o bien que los dos mundos tienen una superficie sólida justo debajo del océano, como sucede en la Tierra. Y es en este último escenario en donde podría producirse la vida tal y como la conocemos, donde el reciclaje de materiales y energía provenientes de las fuentes hidrotermales, podría hacer sostenible la presencia de organismos.

Pero el fenómeno de reciclaje también podría ocurrir en lugares más profundos del océano  donde existen depósitos de metano y otros compuestos volátiles que podrían encontrarse atrapados en una capa de alta presión. Cuando estos compuestos son liberados, cuando rompen la capa, podrían ser liberados por convección en forma de líquido.

Para Jonathan Lunine, un científico planetario de la Universidad de Cornell, “es imposible saber la composición de los dos exoplanetas porque los científicos han sido incapaces de calcular su masa”. Esto se debe a que Kepler 62-e y Kepler-62f ejercen un tirón gravitatorio muy débil sobre la estrella que los hospeda, por lo que es prácticamente imposible conocerla.

Y, debido a que los planetas están situados bastante lejos de Kepler-62, los astrónomos no pueden utilizar su luz para determinar los elementos químicos existentes en sus atmósferas. No obstante, sí que han encontrado a dos gemelos muy parecidos a la Tierra que, sin lugar a dudas, y cuando las técnicas de observación sean más poderosos, servirán para descubrir que, tal vez, en esos nuevos mundos existe vida o una civilización inteligente esperando nuestro llamado.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Nature.com

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Científicos diseñan nuevo método para detectar planetas como la Tierra

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Una de las interrogantes que siempre nos planteamos es cómo hacen los científicos para detectar planetas que se encuentran fuera de nuestro Sistema Solar y, sobre todo, cómo es que se las ingenian para detectar mundos rocosos tan pequeños como la Tierra.

Pues resulta que un grupo de científicos de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda han propuesto un nuevo método para encontrar mundos parecidos a la Tierra y que, de acuerdo con las estimaciones, podrían ser 100 mil millones.

La estrategia de detección utiliza una técnica llamada microlentes gravitacionales, que actualmente es utilizada en un observatorio de Nueva Zelanda.

Los microlentes gravitacionales se producen en el universo cuando un objeto masivo, como puede ser un quasar, se interpone entre una estrella lejana y el observador, produciendo que la luz de esa estrella distante sea magnificada como consecuencia de la intensa fuerza de gravedad que produce el quasar sobre la luz de la estrella. El fenómeno en cuestión, que podría equipararse con ver el universo a través de una inmensa lupa, ya había sido predicho en 1915 por Albert Einstein en la Teoría General de la Relatividad, en donde se establece que la luz tiende a curvarse como consecuencia de la gravedad.

Por su parte el Dr Phil Yock de la Universidad de Auckland, ha explicado que el nuevo método requiere de la combinación de datos de los microlentes junto con las observaciones actualmente realiza el telescopio Kepler de la NASA que se encuentra en el espacio.

“El telescopio Kepler ya ha encontrado planetas como la Tierra que se encuentran muy cerca de su estrella madre y se estima que hay alrededor de 17 mil millones de ellos en la Vía Láctea. Estos planetas son generalmente más calientes que la Tierra aunque algunos podrían tener temperaturas similares y, por consiguiente, ser habitables”, dice.

“Nuestro propósito es medir el número de planetas que tengan la masa de la Tierra y que orbiten a sus estrellas a una distancia del doble de la que existe entre el Sol y la Tierra. Estos nuevos planetas deberían ser más fríos que la Tierra. E, interpolando los datos del telescopio Kepler con los de microlentes, debemos obtener una muy buena estimación del número de planetas como la Tierra que hay en la galaxia y que podrían ser habitables. Ahora podemos anticipar un total de 100 mil millones”, añade.

Luego de muchísimos esfuerzos, y de pasar un sinnúmero de dificultades, el primer planeta que fue descubierto orbitando una estrella como el Sol se logró en 1995. El doctor Yock ha explicado que estos esfuerzos reflejan el grado de dificultad para detectar objetos que no emiten luz propia como los planetas, debido al resplandor de luz tan intenso que generan las estrellas que los hospedan, de tal suerte que, para localizarlos, se requieren de métodos indirectos de detección como el de microlentes gravitacionales.

En los últimos años, la técnica de microlentes ha sido utilizada para detectar la mayor parte planetas que son más grandes que Neptuno y Júpiter. Por lo tanto, el doctor Yock y sus colegas han propuesto una nueva estrategia de microlentes con la finalidad de detectar la pequeña deflexión de la luz de una estrella que es causada por planetas con las dimensiones de la Tierra.

Las simulaciones llevadas a cabo por el doctor Yock y su equipo mostraron que los mundos como el nuestro podrían ser detectados más fácilmente si existiera una red global de telescopios robot que los pudiera monitorear todo el tiempo.

De forma coincidente, actualmente está a punto de entrar en operaciones en Estados Unidos una red de dos telescopios de 1 y 2 metros de diámetro, el Observatorio Las Cumbres, que trabajará conjuntamente con otros telescopios más (uno situado en Chile, tres en África del Sur, tres en Australia y otro dos en Hawaii y Texas) y que se encargarán de estudiar eventos de microlentes, por lo que, en un futuro cercano, será posible detectar y luego estudiar  con profundidad planetas parecidos al nuestro.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Science Alert.

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Un planeta gigante, alienígena, podría resolver misterio sobre formación planetaria

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La atmósfera brillante de un extraño planeta gigante podría ayudar a resolver el hecho de cómo se ha formado y cómo se formó nuestro propio Sistema Solar.

El descubrimiento se pudo realizar gracias a las observaciones minuciosas que se han llevado a cabo de la estrella HR 8799, que se encuentra a unos 130 años de la Tierra. El sistema en HR 8799 es hogar de cuatro planetas gigantes que orbitan esta estrella que apenas tiene 30 millones de años de antigüedad.

También, es la primera vez que se encuentran planetas tan grandes. El peso de cada uno de ellos va de 5 a 10 veces la masa de Júpiter y aún siguen produciendo luminosidad propia gracias al calor que emiten debido al proceso de formación que aún no culmina.

“Es el único sistema que hemos encontrado hasta ahora, en donde se puede observar cada uno de los múltiples planetas que existen allí”, afirmó Bruce Macintosh del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore que se encuentra en California.

El sistema solar en cuestión se asemeja y es una versión ampliada del nuestro sugiriendo que, tal vez, existan planetas allí del tamaño de la Tierra.

“Probablemente tenga también un cinturón de asteroides interior, que se encuentre cerca de los planetas gigantes, como también sucede en nuestro propio sistema solar, donde existe la llamada nube de Oort. Algo análogo a esta nube podría encontrarse en HR 8799”, afirmó el astrónomo Quinn Konopacky de la Universidad de Toronto.

La atmósfera de uno de los exoplanetas ha sido revelada.

Los astrónomos se han concentrando en observar uno de los planetas más visibles de la estrella, llamado HR 8799c, que es un gigante colosal que tiene siete veces la masa de Júpiter y que circunda la estrella HR 8799 en un rango comparable a la distancia existente entre Plutón y el Sol.

El nacimiento de este inmenso planeta, y el hecho de que se encuentre tan cerca de la estrella que orbita, contradice a los dos modelos existentes sobre formación planetaria. En uno de los modelos, que tiene múltiples procesos, y al que se le denomina acreción del núcleo, el gas se acumula lentamente sobre el núcleo planetario, mientras que el mecanismo conocido como inestabilidad gravitacional (el segundo modelo) implica la creación simultánea del interior del planeta y su atmósfera.

“Con el modelo tradicional de acreción del núcleo, es muy difícil formar planetas tan grandes como HR 8799 y a tan lejanas distancias con respecto a la estrella que orbitan”, dijo Konopacky. “Típicamente, en este modelo, objetos del tamaño de Júpiter o más grandes se forman mucho más cerca de su estrella. Esto se debe a muchas razones y una de ellas tiene que ver con que existe menos material a grandes distancias. Este material proviene de la estrella misma”, añadió.

Por el contrario, “en el modelo de inestabilidad gravitacional, sí que es posible formar grandes planetas a largas distancias, usualmente porque son capaces de atraer a un disco de material mucho más masivo”, comenta Konopacky. “Pero el modelo generalmente predice que debe haber objetos más masivos orbitando muchas otras estrellas a estas distancias, y este tipo de objetos no han sido descubiertos en los estudios que se han hecho”.

Para ayudar a resolver este misterio, los científicos analizaron el brillo producido por el planeta HR 8799c, utilizando un espectrógrafo de alta definición llamado OSIRIS, que se instaló en el Observatorio Keck de Hawaii. Las moléculas, en cualquier atmósfera, pueden absorber luz, que resulta en patrones conocidos como espectro y que permite a los científicos identificar de qué elemento químico se trata.

Esta es una de las imagenes tomadas por el instrumento OSIRIS del planeta gigante HR8799c que se encuentra a 30 años de distancia. El rectángulo indica el campo de visión del instrumento y, ahí dentro, el planeta. /Crédito: http://www.space.com

HR 8799c es bastante brillante y se encuentra a una distancia considerable de su estrella,  hecho que ha ayudado a los astrónomos a obtener datos espectrográficos muy detallados de su atmósfera.

“La parte más emocionante de este resultado es que hemos sido capaces de hacer observaciones de la atmósfera de un exoplaneta con este nivel de detalle, mucho más de lo que yo me imaginaría que era posible”, dijo Konopacky. “Hemos podido lograr un nivel de detalle sin precedentes donde las huellas químicas de las moléculas en la atmósfera son increíblemente precisas y definidas. Esto es sumamente importante porque gracias a esta calidad de los datos podemos investigar la verdadera composición de la atmósfera del planeta y, por consiguiente, decir algo sobre cómo se formó”.

La falta de metano: una pista.

Entre los elementos químicos detectados, los científicos pudieron encontrar agua y monóxido de carbono en la atmósfera del exoplaneta, pero no metano. La ausencia de este elemento “podría decirnos que podría estar entremezclado entre las diferentes capas de su atmósfera”, afirma Konopacky. “Puesto que el metano es una molécula muy sensible, pudo haber sido destruida cuando se mezcló con las partes profundas y calientes de la atmósfera. Este hecho de haberse mezclado, nos dice mucho de las condiciones atmosféricas que prevalecieron en la etapa de juventud de planetas como Júpiter”, dice.

Adicionalmente, a pesar de que los investigadores han observado mucho vapor de agua en la atmósfera de HR 8799c, “hemos detectado un poco menos de lo que habríamos esperado si el planeta tuviera la misma composición química que su estrella madre”, dijo Konopacky. “Esto nos está diciendo que el planeta tiene ligeramente un poco más de carbono comparado con oxígeno”.

Esta alta proporción de carbono versus oxígeno es un indicio con respecto a la formación del exoplaneta. En este sentido, los investigadores sugieren que fueron pequeños granos de hielo que se condensaron en el disco que rodea a la estrella HR 8799 los que dieron origen a los planetas que actualmente la orbitan.

Observatorio Keck

Fotografía del observatorio Keck Hawaii,el cual fue utilizado para descubrir a HR8799 y sus cuatro planetas supergigantes.

“Estos granos de hielo se pegaron unos con otros para hacer, poco a poco, granos y luego piedras más grandes, de varios kilómetros de diámetro, que dieron origen al núcleo del planeta”, comenta Konopacky. “La atmósfera vino después: y sucedió cuando el planeta se hizo cada vez más grande y atrajo el gas que la rodeaba”.

El hallazgo implica que, el mecanismo que interviene en la formación de planetas llamado, como ya hemos dicho, acreción del núcleo, resultó decisivo para la formación de HR 8799c y de nuestro propio Sistema Solar.

Ahora bien: con los modelos existentes de acreción del núcleo, los investigadores están pensando como, vía este proceso, los planetas se forman lejos de sus estrellas madre. Por ejemplo, podría haber mucho más materia fuera de los bordes de los discos protoplanetarios que se forman alrededor de las estrellas de lo que hasta ahora se creía o, quizá, materia solida se uniría para formar núcleos de planetas más fácil y más rápido de lo que previamente se sospechaba.

“Refinando el modelo de acreción del núcleo, para explicar la presencia de los planetas en HR 8799, es posible que seamos capaces de comprender mejor el proceso de formación de los sistemas planetarios en general, incluyendo al nuestro”, dijo Konopacky.

“También nos gustaría descubrir planetas a través de imágenes directas que puedan ser estudiados con este nivel de detalle”, añade. “Actualmente estamos trabajando con un nuevo instrumento llamado Gemini Planet Imager que está diseñado para hacer justamente esto. Llegará al telescopio Gemini de Chile este año, y será capaz de descubrir mundos más pequeños que HR 8799 y que seguramente estarán más cerca de sus estrellas madre”.

La investigación de Konapacky y sus colegas apareció publicado el pasado 14 de marzo de 2013 en la revista Science.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: Space.com

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Las civilizaciones inteligentes en nuestra galaxia serían muy pocas, revela nuevo estudio

Radio Telescopio de Green Bank

Radio Telescopio de Green Bank en el Estado de Virigina, Estados Unidos /Crédito: http://www.cv.nrao.edu

El Telescopio Kepler de la NASA, que se encuentra en el espacio, ha identificado 2,740 planetas orbitando otras estrellas ¿pero alguno de estos podría albergar vida?

Científicos de la Universidad de Berkley han utilizado otro telescopio: el de Green Bank que se encuentra en el Estado de Viriginia en Estados Unidos, para buscar vida inteligente en planetas mediante señales de radio en 86 estrellas. Pese a que hasta el momento no se ha encontrado ninguna señal, los investigadores calculan que menos de 1 en 1 millón de estrellas en la Vía Láctea tiene la posibilidad de albergar una civilización suficientemente avanzada para transmitir alguna señal que podamos detectar.

“No encontramos a E.T, pero fuimos capaces de utilizar esta información estadística para, por primera vez, poner límites en lo que respecta al envío de una señal de radio extraterrestre en la banda de radio que nosotros utilizamos.”, dijo Andrew Siemion, de la Universidad de Berkley.

Pero, incluso con tan bajas probabilidades, sí que podría haber millones de civilizaciones avanzadas en la galaxia.

“La misión Kepler nos ha enseñado que existen billones de planetas en la Vía Láctea: más planetas que estrellas”, comentó el físico Dan Werthimer de la Universidad de Berkley y quien encabeza el proyecto SETI de Búsqueda de Vida Extraterrestre. Y añade: “algún día los terrícolas podrán ponerse en contacto con civilizaciones que estén millones de millones de años por delante de nosotros”.

Las 86 estrellas fueron elegidas el año pasado con base en una lista de 1,235 planetas. Luego, los científicos eligieron estrellas con cinco o seis planetas candidatos en órbita (planetas que, se piensa, tienen condiciones parecidas a la Tierra como la posibilidad de contener agua líquida). El telescopio, financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, dedicó 12 horas a recolectar cinco minutos de emisiones de radio por cada estrella en un rango de frecuencia que va del 1.1 a 1.9 GHz. Estas frecuencias son utilizadas en la Tierra para las transmisiones por teléfono móvil y bandas de televisión. Posteriormente, `peinaron´los datos buscando señales de alta intensidad con un ancho de banda estrecho de 5Hz que es el ancho de banda en el que, supuestamente, una civilización inteligente podría enviarnos un mensaje.

La mayoría de las estrellas se encuentran a 1,000 años luz de distancia, por lo que, a la Tierra, solamente llegarán aquellas señales que, intencionalmente, sean enviadas por seres de otros planetas. Los científicos han dicho que, en el futuro, radiotelescopios 50 veces más sensibles que los actuales, como el Square Kilometer Array que se comenzará a construir en 2016 en Australia y Sudáfrica, serán capaces de detectar ondas de radio mucho más débiles.

Array en Australia

Esta es una imagen por computadora que nos muestra cómo será el Square Kilometer Array. Los platos estarán interconectados y sincronizados por lo que funcionarán como si fueran un único telescopio. /Crédito: http://www.wikipedia.org

Por otro lado, el equipo de investigadores que ha utilizado el radiotelescopio de Green Bank, se enfocará ahora en estudiar sistemas multiplanetarios donde generalmente ocurre que dos planetas de estos sistemas se alinean con la Tierra, lo que permitiría una comunicación radial entre sus habitantes y nosotros.

“Nuestro trabajo ilustra el poder de aprovechar el conocimiento que ahora tenemos de los exoplanetas gracias al trabajo que hacemos en el Instituto SETI, por lo que, a partir de ahora, no tendremos que adivinar si realmente estamos apuntando con certeza nuestros radiotelescopios hacia planetas parecidos a la Tierra. Ahora sabemos con toda seguridad cuáles de estos planetas son como el nuestro y cuales no”, comento Whertimer.

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Traducido y editado por Julio García.

Referencia: News Center Berkeley.

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