Archivo diario: enero 31, 2012

Cavernas submarinas proporcionan pistas sobre la vida más allá de la Tierra

Descubrimientos realizados en algunas cuevas submarinas, podrían proporcionar pruebas sobre cómo se formó la vida en los océanos de la Tierra millones de años atrás y, quizá, daría pistas sobre el tipo de vida que probablemente exista en otras lunas y planetas del Sistema Solar o de más allá.

Tom Lliffe, profesor de biología marina del campus Texas A&M-Galveston, y el estudiante graduado Brett González, examinaron tres cuevas submarinas o “agujeros azules” en las islas Bahamas, encontrando que capaz de bacterias existían en los tres, aunque cada cueva tenía formas especializadas de vida a distintas profundidades, sugiriendo así que la vida microbiana en dichas cuevas cambia en función de la cantidad de luz (de la luminosidad), de la química del agua y de las fuentes de alimentos. Su trabajo, que ha sido llevado a cabo conjuntamente con investigadores de la Penn State University, se publicó recientemente en la revista Hydrobiología.

A éstas cuevas submarinas se les ha denominado también agujeros azules porque, desde una perspectiva aérea, se aprecia su forma circular con diferentes tonalidades dentro y fuera de ellas. Además, se estima que hay más de 1,000 cuevas en las Bahamas: una de las mayores concentraciones de este tipo de agujeros en el mundo.

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El investigador Tom Lliffe con una muestra /Fuente: http://www.pbs.org

“Nosotros examinamos dos cuevas en la Isla Ábaco y otra más en la Isla Andros”, explica Lliffe, quien además menciona que “ una de las cuevas de Abaco, que tiene una profundidad de 30 metros, tenía láminas de bacterias que estaban pegadas a sus paredes. Otra cueva en la misma isla tenía bacterias viviendo entre nubes venenosas de hidrógeno de sulfuro, entre el límite del agua dulce y salada. Éstas cuevas, tenían, además, diferentes formas de bacterias que cambiaban en cuanto a tipo y densidad, dependiendo de la luminosidad que se va atenuando conforme se accede a mayores profundidades”.

“En la cueva de Andros, esperábamos encontrar algo similar, pero las capas de hidrógeno de sulfuro contenían diferentes tipos de bacterias”, agrega el investigador. “Parece que las cuevas tienden a tener formas de vida que se adaptan a ese hábitat en particular, y encontramos también que algunos tipos de bacterias podían vivir en ambientes en donde ninguna otra forma de vida podría sobrevivir. Ésta investigación muestra, además, cómo las bacterias analizadas han evolucionado a lo largo de millones de años y cómo han encontrado una manera de sobrevivir a estas condiciones extremas”.

Tom Lliffe díce también que los microorganismos cambian cuando el agua salda se encuentra con el agua dulce entre las cuevas y utilizan energía química para producir sus alimentos. Ellos pueden sobrevivir en ambientes con cantidades muy bajas de oxígeno y luz.

Alrededor del mundo existen miles de cuevas submarinas, pero únicamente el 5% de ellas han sido exploradas.

Por otro lado, hay que mencionar que alrededor del mundo existen cientos de miles de cuevas submarinas, pero menos del 5% de éstas han sido exploradas. A esto añade Lliffe: “Estas formas de vida bacteriana pueden ser similares a los microbios que existieron en la edad temprana de la Tierra, por lo que proporcionan una nueva visión de cómo la vida evolucionó en nuestro planeta”. Luego apunta: “Éstas cavernas son laboratorios naturales en donde nosotros podemos estudiar la existencia de la vida bajo condiciones análogas a las condiciones que existieron varios millones de años atrás.

“Paradójicamente sabemos más sobre la cara oculta de la Luna de lo que sabemos aquí en la Tierra sobre estas cuevas”. “No sabemos lo que queda por descubrirse en las miles de cuevas que aún permanecen sin conocerse y a las que por ahora nadie ha entrado. Si la vida puede existir en cualquier sitio de nuestro Sistema Solar, es probable que podría ser encontrada en lugares llenos de agua en ambientes subterráneos, quizá equivalentes a estos que estamos estudiando en las Bahamas”.

A lo largo de 30 años de trabajo, Lliffe ha descubierto varios cientos de nuevas especies de vida marina, y probablemente ha explorado más cavernas subterráneas -al menos 1,500- que cualquier otra persona en el mundo. Cavernas que, por cierto, se encuentran en Australia, el Caribe, el Mediterráneo y varias regiones del Atlántico Norte.

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN de Julio García.

FUENTE:  www.astrobio.net

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La sonda Kepler de la NASA descubre 11 nuevos sistemas planetarios

La misión Kepler de la NASA ha descubierto 11 nuevos sistemas planetarios que poseen un total de 26 planetas confirmados. Éste descubrimiento casi dobla el número de planetas verificados y triplica el número de estrellas conocidas que poseen más de un planeta que transita o pasa en frente de éstas. Dichos sistemas ayudarán a los astrónomos a entender mejor la formación planetaria.

Los planetas orbitan cerca de las estrellas que los hospedan y su rango de tamaño va de 1,5 veces el radio de la Tierra hasta el tamaño de Júpiter. El tamaño de 15 de ellos es similar al de planetas como la Tierra o Neptuno. Sin embargo, observaciones adicionales serán necesarias para determinar cuáles de ellos son rocosos como la Tierra y cuáles tienen una atmósfera densa como Neptuno. Por otro lado, éstos mundos orbitan la estrella que los hospeda en un periodo que va de 1 a 143 días y todos están tan cerca de su estrella como Venus lo está de nuestro Sol.

“Antes de la misión Kepler, nosotros conocíamos quizá 500 exoplanetas a través de todo el cielo”, ha dicho Doug Hudgins, quien es uno de los científicos de la misión en la NASA. “Ahora, en sólo dos años, en una franja de cielo no más grande que tu puño, Kepler ha descubierto más de 60 planetas y más de 2,300 candidatos. Ésto nos indica que nuestra galaxia está, posiblemente, cargada con planetas de todos los tamaños y órbitas”.

Kepler tiene la capacidad, además, de identificar planetas candidatos, midiendo repetidamente los cambios en la intensidad del brillo de más de 150,000 estrellas cuando uno de estos cyerpos pasa en frente de su astro. Ese paso arroja una pequeña sombra hacia la Tierra y hacia la sonda Kepler.

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Ésta concepción artísitica muestra en una perspectiva vista desde arriba, la posición orbital de los planetas en sistemas con varios planetas en tránsito, descubiertos por la Misión Kepler de la NASA. Todos los planetas coloreados han sido vertificados. Los colores más vivos indican planetas que han sido confirmados por su interacción gravitacional con ellos mismos y con la estrella que los aloja. Varios de estos sistemas contienen planetas adicionales que son candidatos (mostrados en gris) y que, sin embargo, no han sido verificados. /Fuente: JPL.

“Confirmar que el pequeño decrecimiento en el brillo de la estrella se debe al paso de un planeta, requiere observaciones adicionales y mucho tiempo de análisis”, ha dicho Eric Ford, quien es profesor asociado de astronomía en la Universidad de Florida y uno de los autores que confirmaron la existencia de los sistemas Kepler-23 y Kepler-24. “Nosotros verificamos la existencia de estos planetas utilizando nuevas técnicas que dramáticamente aceleraron el descubrimiento”.

Cada uno de los nuevos sistemas planetarios descubiertos contiene de dos a cinco planetas que se encuentran muy juntos el uno del otro. En este tipo de sistemas, la fuerza de gravedad tiende a separar un planeta del otro, causando que muchos de ellos desaceleren a lo largo de sus órbitas. La aceleración, a su vez, provoca cambios en los periodos orbitales. Kepler es capaz de detectar éste efecto midiendo los cambios, efecto que también es llamado Variaciones de Tiempo de Tránsito.

Sistemas planetarios con Variaciones de Tiempo de Tránsito pueden ser verificados sin la necesidad de recurrir a telescopios que se encuentren en tierra, lo que ayudó a acelerar la confirmación de su existencia. Ésta técnica de detección también incrementa la habilidad de la sonda Kepler para confirmar la existencia de sistemas planetarios alrededor de estrellas más débiles en lo que respecta a luminocidad y distancia.

“Precisando el tiempo cuando cada planeta transita su estrella, la sonda Kepler detectó el tirón gravitatorio que producen los planetas entre sí”, dijo Dan Fabrycky, quien trabaja como investigador en la Universidad de California en Santa Cruz, y quien es el autor principal de un estudio que confirma la existencia de los sistemas Kepler-29, 30, 31 y 32.

Por otro lado, cinco de los sistemas (Kepler-25, Kepler-27, Kepler-30, Kepler-31 y Kepler-33) contienen un par de planetas donde el planeta interno orbita la estrella dos veces durante cada periodo orbital con respecto al planeta exterior. Cuatro de los sistemas (Kepler-23, Kepler-24, Kepler-28 y Kepler-32) contienen una pareja donde el planeta exterior le da vueltas a la estrella que lo hospeda, por cada tres veces que el planeta interno orbita esa misma estrella.

“Ésta configuración ayuda a amplificar las interacciones gravitacionales entre los planetas, de manera similar a cuando mis hijos se impulsan con las piernas en un columpio en el momento adecuado para ir más alto”, dijo Jason Steffen, quien investiga en el Centro Fermilab de Astrofísica de Partículas en Batavia, Estados Unidos, y quien confirmó la existencia de los sistemas Kepler-25, 26, 27 y 28.

Kepler-33, una estrella que es más vieja y más masiva que el Sol, posee el mayor número de planetas descubiertos. En total son cinco, que van en tamaño de 1,5 a 5 veces la masa de la Tierra. Todos los planetas se encuentran ubicados tan cerca de su estrella, que ningún planeta de nuestro Sistema Solar se localiza a tan corta distancia.

Por otra parte, las propiedades de una estrella aporta pruebas para la detección de un planeta. De hecho, el decrecimiento en el brillo de una estrella y la duración del tránsito de un planeta, combinado con las propiedades de una estrella que hospeda presenta una firma inconfundible. Cuando los astrónomos detectan planetas candidatos que exhiben firmas similares alrededor de la misma estrella, la propabilidad de que cualquiera sea un falso positivo es muy baja.

“El enfoque utilizado para verificar la existencia de los planetas en Kepler-33 muestra que la fiabilidad general es bastante alta”, comentó Jack Lissauer, científico planetario en el Centro de Investigación Ames de la NASA, y uno de quienes encabezaron la investigación para descubrir a este sistema planetario.

Para terminar, sólo hay que mencionar que estos descubrimientos fueron publicados en cuatro diferentes documentos que aparecieron en el Astrophysical Journal y en las Noticias Mensuales de la Real Sociedad de Astronomía.

TRADUCCIÓN Y EDICIÓN de Julio García.

FUENTE: www.jpl.nasa.gov/