Archivo mensual: noviembre 2011

Científicos encuentran evidencia de lagos en una luna de Júpiter

Un nuevo estudio que sugiere que la luna de Júpiter, Europa, tiene un cuerpo de agua del tamaño de los Grandes Lagos, sólamente dos millas por debajo de su superfice congelada, unos 3,2 kilómetros, ha llevado a los científicos un paso más cerca para determinar si, en realidad, o no, este satélite congelado es capaz de desarrollar vida extraterrestre.

De acuerdo con la NASA, los científicos han pensado desde hace mucho tiempo que un gran océano, -más voluminoso que todos los océanos de la Tierra combinados- existió sobre la superficie de Europa hace mucho tiempo.

Ahora, un grupo de expertos, analizando información obtenida de la sonda espacial Galileo, han podido hallar bloques de hielo sobre la superfice de Europa que sugiere una interacción importante entre la capa de hielo y un lago debajo de su superficie.

De acuerdo con Britney Schmidt, la directora de este estudio que aparece publicado en la revista Nature, esto podría significar que nutrientes y energía se están moviendo entre este océano y la capa de hielo de Europa.

Schmidt también ha comentado que “una opinión que prevalece en la comunidad científica es que si la capa de hielo es delgada, esto sería muy malo para la biología de esta luna. Esto podría significar que en realidad la superficie no se está comunicando con este probable océano”. Dijo, además, que “ahora, estamos viendo evidencias de que es una capa delgada de hielo que se puede mezclar vigorosamente y es una nueva evidencia de la presencia de gigantes oceános poco profundos. Esto podría hacer a Europa y sus oceános más habitables”.

Para llegar a esta conclusión, Schmidt y su equipo analizaron los llamados “terrenos caóticos”, que son áreas obscuras e irregulares en la superficie de Europa.

De acuerdo con la revista TIME, y con los resúmenes de la investigación que han aparecido publicados, este equipo de investigadores creó modelos basados en la formación de terrenos similares en la Tierra -volcanes subglaciales y témpanos de hielo- para determinar cómo el caos del terreno que se aprecia en el satélite Europa pudo haberse generado.

Mientras que estos científicos confían en sus descubrimientos, la NASA ha dicho que la única forma de estar completamente seguros de esto, será enviando una sonda a explorar estos témpanos de hielo. Pero, la revista Wire ha dicho que esto no sucederá en el futuro cercano porque enviar una nave para aterrizar en estos témpanos de hielo le costaría a la NASA unos 4 milones de dólares.

Traducción de Julio García.

Fuente: “Scientists find evidence of lakes on Jupiter´s moon”.

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El cerebro de las personas que juegan por computadora es diferente de los que no juegan

El cerebro de las personas que regularmente utilizan el ordenador para jugar, difiere de aquellos que juegan infrecuentemente, afirma un investigador.

Concretamente, un estudio en adolescentes mostró que “el centro de la recompensa” en el cerebro, que está ligado con las zona de respuestas que tiene el cerebro a las adicciones y se descubrió que este centro de respuestas es mayor en jugadores regulares.

El reporte, que aparece publicado en Translational Psychiatry, no aclara si los juegos cambian el cerebro de las personas o si, en cambio, las diferencias del cerebro entre los individuos hace que estos jueguen más.

Los expertos afirman que más estudios deben realizarse para encontrar más sentido y profundizar en este importante hallazgo.

Por otro lado, jugar juegos de computadora ha sido relacionado con un rango de efectos que van desde la adicción hasta la mejora en el razonamiento. Esto ha sido descubierto en este estudio donde se han estudiado a 154 personas de 14 años de edad por el número de horas que han jugado a la semana y donde la media de los adolescentes jugaban alrededor de nueve horas a la semana. Aquellos que jugaban más de nueve horas fueron clasificados como jugadores frecuentes y ninguno de ellos fue clasificado como jugador adicto.

En este sentido, el doctor Simone Kuhn, uno de los investigadores que trabaja en Universidad de Ghent en Béligca, ha señalado que el centro de la recompensa del cerebro se activa “usualmente cuando la gente anticipa ambientes positivos o experimenta placer como ganar dinero, cuando tiene sexo o cuando ingiere comida que disfruta”. Esta región está relacionada, también, con la adicción a las drogas.

Para el doctor Luke Clark del departamento de psicología experimental de la Universidad de Cambridge, estos descubrimientos son “realmente provocadores porque están relacionados con las regiones emocionales del cerebro”. Clark también ha comentado que “la pregunta más candente que este estudio no resuleve es si las diferencias estructurales del cerebro se producen por la frecuencia con la que los individuos juegan o si las diferencias en la estructura del cerebro de cada individuo predispone a algunas personas a jugar de forma excesiva”.

En la gente que consume drogas, díce Clark, “es probable que la combinación de los dos procesos suceda” de tal manera que en las personas que han consumido drogas por muchos años, el cerebro se vea afectado por dichas drogas y que también haya personas más sensibles a las mismas.

Traducción de Julio García.

Fuente: “Computer gamers brains differ”.

Buscando artefactos alienígenas en el Sistema Solar

Dos sondas Pioneer dejaron nuestro Sistema Solar cargando dos placas donde se explica lo que somos como especie, y dos sondas Voyaguer se unirán pronta a las Pioneer para seguir recabando información sobre lo que pudiera haber en el interior de nuestra galaxia y, por que no, más allá.

La tecnología actual permite enviar y seguir enviando pruebas de nuestra existencia a otras civilizaciones pero ¿por qué no hemos encontrado pruebas de la existencia de otras civilizaciones que pudieran estar haciendo lo mismo que nosotros?

Dos investigadores de la Universidad de Penn en Estados Unidos, han abordado la interrogante anterior desde el punto de vista matemático, y han concluído que nuestra civilización no ha buscado lo suficiente para asegurarse de que artefectos enviados por otras cvilizaciones existan o no.

“La vastedad del espacio, combinada con nuestros actuales y limitados sistemas de búsqueda, implica que cualquier artefacto robótico enviado por otra civilización probablemente pasaría inadvertido”, afirman estos dos investigadores de nombre Jacob Haqq-Misra y Ravi Kumar Kopparapu, en un documento publicado en la revista internacional Acta Austronautica y publicado en línea en el sitio arXiv.

Hasta el momento, no hemos encontrado ningún artefacto extraterrestre en nuestro Sistema Solar. La paradoja de Fermi, originalmente formulada por Enrico Fermi, se plantea de que si la vida inteligente es común ¿por qué hasta ahora no se ha observado o hecho contacto con una civilización tecnológicamente avanzada? A posibles respuestas a esta pregunta podríamos incluir que la vida es rara, que las civilizaciones inteligentes inevitablemente se autodestruyen o que los seres inteligentes no existen o que existen y por algún motivo no quieren que los descubramos.

Aún sin tener contacto actual, otras civilizaciones podrían tener artefactos no piloteados que estén observando la Tierra sin que nosotros nos percatemos de ello. En el cinturón de asteroides, por ejemplo, podrían pasar sin problemas desapercibidas, especialmente si estos objetos extraterrestres son solo 3 de 33 pies de tamaño y pesando menos de una tonelada.

“Artefactos extraterrestres deberían de existir en nuestro Sistema Solar sin nuestro conocimiento simplemente porque nosotros no hemos buscado lo suficiente”, han señalado Haqq-Misra y Kopparapu .

En el cinturón de asteroides de Kuiper, podrían alojarse los artefactos extraterrestres.

En el cinturón de asteroides de Kuiper, podrían alojarse los artefactos extraterrestres.

Este par de investigadores han utilizado un metodo probabilístico para determinar si en verdad hemos mirado lo suficientemente cerca en nuestro Sistema Solar para afirmar y concluir que no hay objetos extraterrestres aquí. Su análisis está basado en responder la siguiente pregunta: ¿que tan seguros podemos estar de que podemos encontrar cualquier objeto no terrestre que esté acechando en nuestro propio Sisteam Solar?

El problema para responder a esta interrogante es que, hasta la fecha los seres humanos no hemos creado algún artefacto que sea capaz de detectar aparatos pequeños y asumiendo, por supuesto, que estos aparatos enviados por extraterrestres no están camuflajeados adrede, de tal suerte que, para estos investigadores, la búsqueda que se realiza actualmente de vida extraterrestre resulta insuficiente para captar estos supuestos artefactos.

Después de tomar en cuenta una  gran variedad de posibles sesgos, como que “el universo está rebosante de vida” o que “la vida es rara”, el equipo de investigadores ha desarrollado una ecuación que puede ser aplicada a una porción del volumen del Sistema Soloar y poder determinar así hasta qué punto hemos logrado hacer una búsqueda suficientemente profunda para poder afirmar que realmente no hay objetos extraterrestres entre esa porción de volumen del Sistema Solar. Ellos, por lo pronto, han concluído que es difícil poder afirmar que no hay objetos extraterrestres en nuestro Sistema Solar.

Para justificar su hipótesis, también han afirmado que “La superficie de la Tierra es uno de los pocos sitios en el Sistema Solar que han sido casi completamente examinados a una resolución espacial menor a 3 pies”. Pero a pesar de que los seres humanos nos hemos propagado a través de la superficie sólida de la Tierra, siguie habiendo cavernas, junglas y desiertos, así como también fondos oceánicos que aún no han sido explorados. Aún con esto, la Tierra tiene un alto grado de confianza que artefactos no terrestres existen.

Traducción de Julio García.

Artículo original: “Seeking allien artifacts in the Solar System”.

La NASA está lista para enviar a un nuevo explorador a Marte

El más avanzado laboratorio robótico de la NASA, que examinará una de las más intrigantes areas de Marte, se encuentra en preparativos finales para su lanzamiento el próximo 25 de noviembre.

La misión llamada Laboratorio de Ciencia Marciano lleva consigo al explorador Curiosity que posee mucha más capacidad tecnológica que sus antecesores. En este momento, Curiosity se encuentra abordo ya de un  cohete Atlas V, esperando ser lanzado desde una base de la fuerza aérea estadounidense desde Cabo Cañaveral en Florida.

“Los preparativos van ahora por buen camino para la oportundidad de nuestro primer lanzamiento”, ha señalado Pete Theisinger, quien es el director del proyecto y quien lo administra desde el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena, California. También ha comentado que “si el clima y otros factores adversos lo impidieran, tendremos otra oportunidad el 18 de diciembre”.

Programado para aterrizar en el planeta rojo en agosto de 2012, si las cosas salen bien, el explorador, que pesa alrededor de una tonelada, examinará el Crater Gale, durante una misión que durará dos años. Curiosity descenderá así cerca de la base de una montaña escarpada que se encuentra 5 kilómetros por encima del fondo del cráter. El explorador tendrá la misión de investigar las condiciones ambientales que alguna vez pudieron haber sido favorables para el desarollo de vida microbiana y preservar evidencias de estas condiciones.

“El cráter Gale nos otorga una magnífica oportunidad para probar múltiples ambientes con el potencial de ser habitables y el contexto para comprender un largo registro de la evolución de ambientes del pasado del planeta”, ha comentado John Grotzinger, quien es científico de proyectos del Labotorio de Ciencia de Marciano en el Instituto de Tecnología de Pasadena, California. También ha dicho que “La porción del crácter donde el explorador Curiosity aterrizará tiene una especie de abanico aluvial formado por sedimentos acarreados por el agua”. Las capas en la base de la montaña contienen arcillas y sulfatos: ambos elementos químicos son formados por el agua”, ha agregado.

El explorador Curiosity es dos veces más largo, y cinco veces más pesado que sus exploradores antecesores como las naves Spirit y Opportunity, además de que la Curiosity será capaz de llevar abordo 10 instrumentos científicos diferentes que pesan 15 veces más que los instrumentos cargados por los exploradores anteriormente mencionados.

“El proyecto del Laboratorio de Ciencia Marciano ha sido factible gracias a la mejor comprensión obtenida sobre Marte ganada por las misiones recientes al planeta” ha dicho Doug McCuistion, director del Programa de Exploración de Marte en las oficinas centrales de la NASA en Washington, quién también ha agregado que“esta misión es el preámbulo para movernos hacia misiones que tengan la capacidad de traer material de Marte y eventualmente enviar humanos al planeta rojo”.

Ninguna misión a Marte, desde el aterrizaje de las sondas Vikingo en los años 70, ha encontrado respuesta directa a la pregunta de si alguna vez la vida existió en Marte. El explorador Curiosity, por sí mismo, no ha sido diseñado para responder a esta pregunta, pero sus investigaciones para hacerse de evidencias de los prerequisitos para que se formara la vida nos dirigirá a un futuro potencial donde existan otras misiones que puedan dar respuesta, de una vez por todas, a esta interrogante.

 

Traducción de Julio García.

Texto original: “Nasa ready for launch of New Mars Rover”.

La experiencia es fundamental para ganar un Premio Nobel

Albert Einstein comentó una vez que “una persona que no ha hecho sus grandes contribuciones a la ciencia antes de los treinta años nuncá lo hará”.

Esto puede ser un fiel reflejo de lo que sucedía en el mundo de la física, específicamente alrededor del mundo de la mecánica cuántica de los años veinte del siglo pasado, pero esto ya no está sucediendo actualmente en ningún campo de la ciencia. Esto lo demuestra un análisis que revela que la edad de los investigadores galardonados con un Premio Nobel ha ido aumentado y que los grandes descubrimientos de la actualidad son realizados por personas de mayor edad.

“Einstein, en este punto, no parece estar en lo correcto”, afirma Benjamin Jones, un experto en innovación de la Escuela Kellogg de Administración de la Universidad de Evanston, Illinois, quien además es co-autor del estudio.

“Los científicos se están conviertiendo en personas más viejas y la probabilidad de hacer un descubrimiento antes de los 30 años ha disminuído drásticamente”, señala.

Trabajando codo a codo con Bruce Weinberg de la Universidad Estatal de Ohio, Jones ha analizado a 525 investigadores galardonados con el Nobel de Física, Química y Medicina entre los años 1900 y 2008, y recabando información histórica y biográfica de cada uno de ellos, para identificar la edad en que fueron laureados y cuándo concibieron sus grandes trabajos.

Encontraron que, salvo pocas excepciones, como fueron los descubrimientos en mecánica cuántica entre los años 20 y 30, que fueron concebidos por científicos menores de 30 años, la tendencia en todos los campos del conocimiento es hacia el hecho de que los investigadores sean ahora mayores de 30 años.

Conferencia Solvay de físicos en 1927. Aparecen Albert Einstein, Neils Bohr, Planck, Marie Curie, entre otros

Famosa Conferencia  de Solvay  en 1927. Aparecen en la foto, muy jóvenes todos, Albert Einstein, Neils Bohr, Planck y Marie Curie, entre otros.

Comparando con los descubrimientos hechos antes de 1905, con los realizados después de 1985, la edad promedio en la cual los físicos hicieron sus descbrimientos rosa de los 37 a los 50. La edad de laureados con el Nobel de Química pasó de los 36 a los 46 y aquellos galardonados con el de Medicina va de los 38 a los 45. Antes de 1905, sin embargo, 20% de los galardonados presentaron su strabajos a la Academia antes de los 30 años. Pero, en el 2000, esta cifra cayó casi al 0%.

Por otro lado, la edad en la cual los ganadores de un premio Nobel hicieron su trabajo principal ya había sido estudiado anteriormente, pero el énfasis, en aquellos trabajos, se había puesto en la comparación de distintas disciplinas, encontrando que los físicos son generalmente más jóvenes. En este trabajo, que ha sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, el énfasis se ha puesto más bien en los cambios que ha habido en el tiempo, de tal suerte que Jones y su equipo también encontraron diferencias de edad entre investigadores de distintas disciplinas: por ejemplo, en Química, la frecuencia de descubrimientos hechos sobre los 30 y 40 años de edad se ha incrementado significativamente, mientras que Medicina ha visto un incremento en la frecuencia de descubrimientos hechos sobre los 30 años pero una disminución en descubrimientos realizados después de los 40.

En física, los descubrimientos a principios de los años 20, fueron realizados por gente muy jóven, luego, esta disciplina comenzó a tener una tendencia progresiva hacia descubrimientos hechos por personas cada vez más viejas (que es la actual tendencia).

Pero estas diferencias de edad entre los diferentes campos se ha visto inundada por una tendencia general en el incremento de la edad de los ganadores de un premio Nobel. La misma tendencia se ha visto entre científicos reconocidos pero que no han recibido uno de estos Premios.

Para explicar este “efecto de envejecimiento”, Jones y Weinberg sugieren que ha habido un cambio en la manera de hacer investigación, donde la gente más jóven es mejor realizando trabajos téoricos que trabajo experimental, que requiere experiencia y un mayor grado de conocimiento que en consecuencia favorece a investigadores más viejos.

También sugieren que, dado que el conocimiento se está expandiendo, toma más tiempo acumular el conocimiento necesario para hacer una contribución decisiva. Con la excepción de los físicos de los años 20, el análisis encontró que, con el tiempo, los laureados con el Premio Nobel recibieron su PhD después y esto ha significado un incremento de descubrimientos que dependen de trabajos previos. Esto sugiere, también, una tendencia moderna a recurrir más al conocimiento establecido, una habilidad en la que los científicos más viejos sobresalen.

Fuente: “Experience counts for Nobel laureates”.

Traducción de Julio García.